La feminidad que habita en mi

Con motivo de la recién llegada menstruación de mi querida Lidiya, en la comunidad de mujeres que habito, se iniciaron los preparativos de la celebración. Fue mi amiga Rosa quien puso en marcha el mecanismo del ritual de bienvenida; el deseo de ofrecer a su hija Lidiya la posibilidad de sacralizar este momento de paso y resignificar el sentido de la feminidad vivenciada, nos ofreció la oportunidad de celebrar lo que nuestra sociedad se ha empeñado en desvirtuar hasta el punto de hacernos esconder nuestra sangre, hacer ver que no existe, taparla y tirarla a la basura o por el desagüe del water hasta que esta desaparezca de nuestras vidas, y después de su desaparición, asumir la «desgracia» de la molesta menopausia y sus «consecuencias» .

Festejar la primera sangre menstrual es honrar la feminidad que habita en nosotras y en toda la Creación, reconocer nuestro papel en el mundo y mantener viva la sabiduría femenina.

Desde el momento en que decidimos celebrar en Círculo de Mujeres la bienvenida de Lidiya a nuestra comunidad, las energías creativas que habitan en nosotras se fueron despertando en hermosas danzas circulares que fueron diseñando el ritual, llenándolo de primavera y fertilidad. Cada una de nosotras tejía en sus ilusiones la noche del encuentro, y el día llegó.

Lidiya estaba hermosa como princesa de primavera. Había escogido su vestuario meticulosamente y se mostraba mujer. Entró a la sala engalanada de flores, vela e incienso donde todas esperábamos atentas su llegada. Su mirada se posaba en nosotras y el entorno con suavidad, casi en susurro de cascada.  Rosa, Lidiya y yo nos sentamos en los cojines engalanados para la ocasión. Rojo vibraba intenso. Placer de orgasmo sagrado.

GaiaLa presencia de Lidiya como mujer virgen fértil nos regalaba a todas una hermosa sensación que se expresaba en alegría y bienestar. Se hizo la introducción a la Luna Nueva e iniciamos el ritual de tejer nuestro propio cinturón menstrual.

El Círculo se llenó de hilos, madejas, abalorios, cuentas de colores y algarabía de mujer. Cada una fue tejiendo su cinturón mientras contábamos nuestras experiencias de cambio de niña a mujer.

¡Cuánto ruido resuena cuando las mujeres nos juntamos para hacer!!! El aire se vuelve festivo, se ríe contento mientras hablamos y nos decimos. Es un momento mágico, donde caos transita entre volantes de faldas y sonidos agudos de sentires. Parece que no escuchamos pero de pronto, sin avisar, se hacen silencios donde una habla de recuerdos y vivencias; todas atentas mientras seguimos haciendo. Otra dice, la otra después también, y…. vuelve la algarabía donde todo parece enloquecer, más es Gaia presente en nuestro fuego que transforma células y sistemas regalando hormonas de amor y plenitud. Silencios, escuchas, ….. todo en movimiento pulsante.

Lidiya anunció que ya había tejido su cinturón y esa fue la señal. Mostramos todas nuestras creaciones. Cada una de ellas viva y única, descansando en caderas de opulencia y placer.

Invitamos a Lidiya a ocupar el centro del Círculo repleto de pétalos de rosas rojas, y allí sentada, mi niña ya no era más niña sino mujer entre mujeres, brillando con su propia luz femenina. Por orden de vida vivida, fuimos de a una, entregándole nuestros presentes mientras Lidiya mostraba su transformación.

Engalanada con palabras-amor, deseos y anhelos de felicidad y buenos augurios, Lidiya incorporaba la belleza de ser mujer. Cada presente era acogido por su Ser con humildad y veneración natural. Su pecho, cintura, manos, cuello y frente se fueron cubriendo de presente, creación, vida e ilusión, y a cada «Gracias» que Lidiya formulaba, nuestras almas se expandían en gratitud a la Madre Tierra que nos acoge y nutre siempre.

Tengo en mi piel, fragancias de belleza fértil; mis ojos están llenos de aguas cristalinas transitadas por sirenas y cantos de Amor. En mi pecho emerge firme la belleza adolescente y la sabiduría del camino andado. Todas y cada una de nosotras hemos sido bendecidas por su virgen fertilidad y sin palabras, hemos asumido el cuidado de todo cuanto brota en Pachamama, cuidadoras de la Tierra e hijas de su Abundancia.

Siento que algo dentro de mí va recuperando voz y presencia. Quizás es la Inocencia que sigue habitando en mí. Tierna alegría de ser mujer, femenina, intuitiva, sacerdotisa y dadora de vida.

La magia de compartir en Circulo lo que soy, celebrar la sangre con la que sembramos la vida y encontrarme con mujeres que viven y sienten en círculo, me sana heridas que ya ni recuerdo, que no son mías sino de todas las mujeres y hombres que habitan, han habitado y habitaran nuestra Tierra.  Me siento digna de ser mujer y honrar la feminidad que habita en mi, reconocerla en todo ser viviente.

La Unidad de hace presente y celebra su aparición consciente regalándonos la sagrada sensación de pertenencia.

Terminamos con abundancia de manjares exquisitos. Fiesta, cantos, risas, abrazos, … plenitud y Lidiya ya, incorporada a la comunidad como mujer dadora de vida.

¡Gracias a todos los Círculos donde habitamos mujeres!. Madre Gaia esta presente en nuestras vidas, es nuestro interior. Hagamos que viva y florezca como se merece.

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