Entre bosques de encina y luna Negra

Hace días que no comparto mi escritura. No es que haya dejado de escribir, aunque calor me aquieta ánimo; es que cuando lo hago, mis trazos a lápiz quedan en papel de diario que custodia mi sentir.

Hoy decido escribir este post en honor a mis hermanas lunáticas, mujeres de todos los círculos, para dar testimonio de luna nueva de agosto, la primera del sincronario 13 lunas 28 días, la del bosque y encuentro.

Durante todo el día percibí interferencias que empujaban la ansiedad a manifestar malestar de calor, sofoco y falta de ánimo. Oración y cantos aquietaron polución y se instaló confianza en Ser.

Es la primera luna que sirvo como facilitadora. Algunos días atrás, medité y encontré palabras que llenaron espacio con Amor y Servicio. Todo fluía. Verbo, movimiento y sonido danzaban al son de alegría por facilitar encuentro y llegado el día, mi alma informó que aquello que fue, ya no sería. «Todo cambia, querida. Nada está quieto», y así entregué intención de servir y ser en Verdad, confiada en lo que tenía que ser iba a suceder.

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Diez mujeres presentes en el círculo. Cada una con su equipaje. Nos miramos e iniciamos el camino al encuentro del bosque de encinas y robles que nos acogería. Andamos en silencio en pareja unidas por manos. Una fila andante iniciando encuentro con Luna Negra, Oscuridad y Tinieblas. ¿Hablo de miedo?. No, sólo encuentro de silencios. Grillos y chicharras, nubes de tormenta acompañaban pasos, aire nos respiraba, mano amiga que acompañaba. Noche se acercaba.

Calor había dejado paso a frescor de noche donde tiempo atrás, mujeres nos reuníamos en grandes fuegos para quemar miedos y tormentos entre danzas y cantos de fuego. Transformación de ensoñación en naciente verdad donde luz está dentro iluminando oscuridad.

Ella es abismo e inspiración, silencio y soledad. Solemnidad. Encendimos velas, altar se formó con nuestra esencia y empezó el sonido de lo que surgía. Sonó voz, susurro de tiempos que hablaba sintiendo que presente es el momento en que soy sin juicio ni lamento. Ruido de motor, mal aliento, calor de vela, compañía y a tientas. Presagio de unión entre opuestos.

Oscuridad, compañera de encuentros. Viajamos por algún lugar donde cada una pisaba su propio andar. Nos bañamos con agua bendecida por nosotras sacerdotisas y el Espíritu de Verdad nos abrazó en su regazo para mecernos entre noche, sombra y oscuridad, recordándonos que silencio es amigo de sendero, que aún perdiéndonos, allí dentro, cual semilla floreciendo, se encuentra luz de alegría. Brillo blanco, gozo eterno, faro de cercanía.

Soy canto y sinfonía, noche y dulce espera. Danzo en compañía, vinculo intención y acción y surgen cantos en espiral que ensalzan nombres de toda nuestra vida. Teresa Vázquez Tendero, … … … … una tras otra ocupamos el centro y cantamos tantas veces como deseamos, hasta que palabra y bendición nos dan la bienvenida. Risa, alegría.

Coincidimos en la importancia de celebrar en la naturaleza mientras el tiempo quiera. No hay algarabía. Siento calma dentro y afuera, como agua de mar y arena, ondas movidas por marea.

Soy, dice mi alma guerrera. Soy, siento a Tierra. Soy, canta la hiedra. Soy proclama encina, roble, bosque y alfombra de hoja seca. Soy, habla Madre porque cuando siento, todas Somos Una.

Dedicado a todas las mujeres que beben de la Fuente Eterna para nutrirnos todas y dejar caminos transitados para todas las mujeres y hombres que andan.

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