Del dinero y mi sentir

Dinero es una palabra generadora de emociones, sentimientos, recuerdos, vivencias muy complejas, dispares y profundamente contradictorias. Gracias a la tecnología que nos acerca a las realidades que viven otros seres humanos más allá de nuestros entorno inmediato, hoy podemos ver morir de hambre a personas sin nada que llevarse a la boca, a familias enteras perecer de desnutrición y desamparo fruto de conflictos bélicos justificados por la carencia. Pero hoy también, nuestra realidad próxima nos recuerda la plaga de la carencia que va más allá de los recursos económicos y se manifiesta en el desalojo de familias que ya no pueden pagar sus viviendas por no tener trabajo remunerado que mantenga un vivir digno y son dejadas en la calle sin importar qué será de su vivir.

Si bien la carencia es escasez, privación y de aquí podría seguir con acción del verbo privar que en sustantivo sería privado y podría continuar con los bienes privados que acumulan en beneficio propio y gotean a la población al antojo de sus divisas, y seguir y seguir describiendo un mar de incongruencias, falsedades, manipulaciones y tantas otras cosas que hoy, no quiero formular, porque este escrito habla de mi relación con el dinero.

¿Qué es el dinero para mí? me pregunté meditando profundamente sobre la abundancia. Durante mucho tiempo, el dinero ha sido para mí aquello imprescindible para vivir y tener una vida digna, proporcionándome alimento, vivienda, vestuario, transporte privado y algún que otro capricho asociado al recreo o momentos de «patio de escuela». Aunque el dinero me ha correspondido con todo esto, el sentimiento que tenía asociado sin ser yo consciente de ello, estaba lejos de ser el de gratitud, más bien podría describirlo con todo un séquito de adjetivos opuestos a la gracia de recibir una compensación por el trabajo realizado, puesto que trabajar tantas horas del existir para poder vivir siempre me ha parecido una aberración.

El vivir y ser colmados es un derecho nato del propio existir, más siendo consciente de ello y de la dependencia que nos genera, de la manipulación y todos los entramados que conviven con el dinero y los bienes materiales, ¿qué significa para mí el dinero? ¿a donde me lleva esa palabra?.

Apareció ante mí la imagen de la teta materna de donde emana la leche que nutre y sacia mi ser colmándome de placer, salud y bienestar, el líquido sagrado de la vida que fluye a demanda de la solicitud del nacido. Basta con estimular las glándulas mamarias para que derramen su generoso y abundante maná que saciará el deseo de ser nutrido. Eso es para mi derecho nato que no necesita ser escrito porque es por si mismo y se encuentra en nuestro código genético humano.

Y de ahí me llevó de la mano a la conexión con la Gran Madre Gaia y pude sentir sus pechos y su vientre más allá de su sonrisa viviente, sus brazos relajados abrazando la vida que brota de su fértil tierra y comprendí que la carencia está relacionada al vínculo con la tierra y sus ciclos, a su sabiduría, a la hermandad que nos une con toda manifestación de vida y entendí que me olvidé de cómo estimular la teta que me nutre con su blanco líquido abundante y generoso.

Y ahí ando, recordando, reaprendiendo, regresando al origen, entregándome poco a poco a mi naturaleza primigenia, genuina, que sabe qué hacer y cómo hacer para vivir en plenitud.

Por eso medito y escribo meditando, para vaciar mi mente del palabrear que me desconecta de lo esencial.

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