En mi cuerpo

Y hoy he vuelto a llorar de ese cansancio del «no puedo más» y pensando de nuevo en porqué me siento tan cansada justo ahora, me he acordado que ahora es momento de atender a mi ser biológico por fin. Han sido nueve años de intenso trabajo personal de reconciliación conmigo misma que se iniciaron con la decisión de un cambio radical en mi vida en el ámbito laboral y en el marital. Rompí con las dos cosas que oprimían mi alma y cerré una etapa que ya había concluido. Fue una experiencia profunda, intensa y arriesgada pero me sentía llena de coraje y fe en mi.

Pasaron cuatro años colocando piezas del puzzle de mi vida que estaban sueltas, apartadas, olvidadas y cuando ya empezaba a ver la forma, la crisis económica me impulsó a una nueva aventura que me ha enseñado mucho, muchísimo de mi, del vivir y el convivir. He sido persistente con mi sueño y aunque a veces me sentido perdida, desolada, derrotada, ahora siento que el ciclo está terminando para seguir su ruta vital y, en ese impás de muerte-vida, rindo mi autoexigencia y acepto que la vida me cuide a través de corazones y manos amigas y amadas que por fin puedo acoger en mi ser sin queja, con goce y consciente tranquilidad.

Siempre me ha costado mucho recibir, me resultaba más cómodo dar y en el dar me olvidé de la ley de polaridad. En mi mente, asociaba recibir a carencia, a no tener y por eso haber de recibir. Me resistía a recibir, me culpaba por no tener y me sentía en deuda. Todo ello habitando mi mente sin formular palabra que lo significara y condicionando mis relaciones sin tomar cuenta de ello. ¡Que curiosa es la mente y que compleja!.  Ahora empiezo a recibir desde la recíproca abundancia y plenitud que soy y me rodea. No lo había visto antes así.

Resulta que en mi proceso personal olvidé mi corporeidad pensando que ésta me seguiría sin rechistar ni reclamar, pero no funciona así. La unidad es unidad en todo y aunque estaba ocupada liberándome de patrones limitantes y comprender la vida en todo su entramado complejo y peculiar, recordando lo olvidado y regresando a los orígenes, en ese regresar mi cuerpo ha dicho basta, es momento de descansar la psique y atender la corporeidad porque la salud  si no es integral, no es salud y se desvincula de la inmortalidad.

Es obvio que el camino que he seguido para realizar mi utopía personal es el mejor que he sabido hacer. Miro atrás, en ese presente pasado, y observo que estoy al término de un cliclo de nueve años en los que he comprendido que: todo lo que ocurre es sólo y exclusivamente a través de mí ya que mi consciencia es autoreferenciada y autoevolutiva, que el verbo reflexivo es el más importante de todas las acciones para encontrar el camino de regreso a la matriz del Ser, que la Fuente Universal de la Vida es un campo unificado sistémico, complejo y multidimensional en el que todo habita,  y que las cosas las aprendo en la medida que me dispongo a aceptarlas y amarlas, nunca antes. Por eso puedo decir que todo lo que he hecho hasta ahora no podía ser de otra forma, me guste o no me guste.

Ahora es momento de relajar mi psique e ingerir más complementos protéicos, más agua, y algún que otro detalle, y confiar en mi biología agradecida que reacciona al amor y cuidado que siento por ella. Esa es mi realidad hoy. Ya no hay porqué llorar. Las lágrimas de hoy sólo han sido el recuerdo de lo que está partiendo.

Sigo aprendiendo.

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