Para mi amiga Eva y su mamá

Ayer asistí al concierto de Navina Soler y Xavi Tasies titulado «Viaje Sonoro Cantado & Mindfulness en Primavera» del proyecto «Cantar la Vida«. Sabía que iba a ser algo muy especial y antes de entrar en la sala donde se iba a desarrollar el canto meditativo, le envié un mensaje a mi querida amiga Eva para que supiera que la experiencia que me disponía a vivir se la dedicaba a ella y a su mamá.

La experiencia fue muy especial. La sala estaba llena de personas que habían escogido vivir el canto meditativo sentadas en una silla, estiradas en el suelo sobre mantas y estores o sencillamente permaneciendo en posición meditativa.  El silencio se hizo presente.  Surgieron las primeras palabras que nos invitaron a cerrar los ojos y escuchar la sencilla campana que nos prepararía los sentidos para iniciar el viaje.

Los paisajes sonoros se fueron sucediendo vivos. El espacio se transformó en ríos salvajes, lagos y cantos de aves que acompañaban la voz humana que resonaba entre los huecos de mi piel recorriendo el entramado de mi  cuerpo. Navegué por lagos y ríos de emociones, cascadas de sensaciones, juegos y recuerdos de naturaleza viva donde el sonido era el propio canto de la vida.  Fue un experiencia hermosa que regalé a mi amiga Eva y a su mamá en su tránsito del vida-muerte-vida.

Al salir, en mi teléfono móvil el mensaje de Eva decía: mamá ya ha alzado el vuelo.

¡Qué misterios esconde la muerte!  En un instante sin tiempo, la vida se desliza hacia otra realidad donde la densidad de la materia no tiene cabida y nos podemos figurar durmiendo, danzando, meditando, que la vida sigue su curso, transformando realidades a cada paso del sendero.

Hoy, en el tanatorio, Eva me contaba serena y satisfecha que cuando su mama partió, su hermana y ella se quedaron a solas con ella, con esa parte de ella que seguirá en la piel más allá de la ausencia y los recuerdos, y antes de avisar a nadie, la desnudaron despacito para asearla y honrar su vida embelleciéndola, mientras recordaban anécdotas de su existir compartido y le cantaban cantos del alma, canciones de gratitud de haber vivido la vida que vivieron. Eva tenía los ojos alegres mientras me contaba todo lo ocurrido y escuchándola, mis ojos han derramado aguas de emoción al sentir su amar limpio, sencillo, sincero. Ninguna palabra ha brotado de mi. Era momento de escuchar y sentir.

En el recordatorio de la partida de Mara Lluïsa, la mamá de mi amiga Eva y de Anna, Olga, Jordi y Raquel, hay un hermoso bosque iluminado por el astro Sol y un hermoso mantra resonando en el espacio atemporal donde todo es, que dice:

Que el sol eterno te ilumine,

que el amor te rodee,

que la inmensa luz que

vive dentro de tí guíe tu camino.

Así sea, así es. Namasté

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