De humedades y manantiales. Relato de un sentir Libre

El relato que titulé como De humedades y manantiales, fue presentado en un concurso literario donde el tema era la Libertad. No llegó a ser finalista. Los ganadores fueron relatos «más conservadores», diría yo. Me pregunto si la libertad es Libre o la atan los matices.

Dedicado a todos los seres de buena voluntad, con el corazón paciente y placiente.

Si al terminar la lectura te ha hecho vibrar dentro, me siento feliz por ello. Si por el contrario te ha disgustado, molestado o incluso ofendido, disculpa. Mi intención es compartir el arte de poner palabras a sentires, vivencias, sueños, así que lo siento; sólo déjalo pasar y sigue tu camino. Agradecida por tu interés.

De humedades y manantiales

Después de tantos años divorciada y sin relaciones sexuales, a penas tres o cuatro veces practicando el autoamor o lo que mal llaman la masturbación, – y digo mal llamar porqué confunden la turbación con el gozar-, un buen día me topé con la humedad tibia entre mis piernas donde antes andaba la sequedad.

¿Qué me estaba pasando? Mi vulva humedecida sin reparos, sin etiquetas, libre de juicios, valores y creencias. Estaba claro: cada vez que la veía, toda yo sonreía.

Medité durante días, reflexioné, dudé, quise olvidar, me cuestioné y finalmente admití que mi cuerpo estaba vivo y mojado cuando estaba a su lado. ¿Acaso no era obvio el manantial que de mí fluía? Tanto hablar de libertad y ¿lo iba a negar, ocultar o tapar? No. Liberé mi mente de todo aquello que no era obvio y me entregué libre-mente (valga la redundancia) al goce del placer mujer a mujer. 

Nunca antes había experimentado un placer tan bello en lo que al sexo se refiere. No es que la sexualidad mujer-hombre no tenga interés, es que entre mujer y mujer la omnipresencia del falo se desvanece. El encuentro húmedo se ve saciado por danzas sinuosas de libre sentir que mueven el cuerpo al encuentro de dedos juguetones descubriendo grutas, cuevas y rincones donde emergen flores exuberantes, orgullosas de ser, de reverdecer y brotar como manantiales sagrados de Aguas en Libertad. 

Me pregunto cómo sería si en la niñez, la adolescencia o el momento que sea de descubrir la sexualidad propia y la ajena, el sentir erótico y sexual fuera con otras niñas, adolescentes y mujeres poseedoras a su vez de vaginas y vulvas diferentes, multicolores, con humedades diversas y múltiples posibilidades.  Cómo sería si el descubrirse en las otras, fuera aprendernos qué es lo que nos gusta y disgusta, lo que nos place y complace, qué danza y qué ritmo nos estimulan hasta el éxtasis que se repite una y otra vez casi sin fin. Qué sería si antes del encuentro con el falo erecto, penetrador y tantas veces inexperto en el placer femenino, nos instruyéramos en el arte del gozar y el juego del amar entre vaginas, historias, vulvas y recuerdos que nos pudieran contar con risas, cantos y rezos, la sacralidad* de la sexualidad. 

Creo que así evitaríamos mucho sufrimiento. 

  • del sacro: hueso en forma triangular, situado en la base de la columna vertebral. 

Teresa Tendero – Águila Blanca volando alto

Nota: las imágenes que ilustran el texto son de la artista Jacqueline Secor.

Con Amor y Servicio. Por las mujeres que nos precedieron, por los hombres que nos acompañan, por los que no han sabido hacerlo, por los que vendrán, por todas las mujeres y las generaciones futuras, por el Ser Humano. Amén.

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