Cuando amar es sólo y nada menos que reflexivo

Hay un amar que se me olvida. Se esconde entre el quehacer del día, en el disfrute de la mañana y el goce de la tarde, entre las hojas de los árboles acariciantes, entre el paseo con mi perro y el dormir en mi cama, entre el ordenador y las palabras, entre escribir y escribir.

Ese amar que pasa de largo, mirando de reojo, esperando un guiño que no acaba de llegar, y a pesar de mi esquivar inconsciente, permanece, me dice que no conoce la prisa pero que anda cansado de tanto despistarme.

El otro día me dijo que en el amar, hay algo reflexivo y primordial que estoy olvidando. Me sorprendí ante la reseña: yo que soy vegetariana casi vegana, que hago ejercicio, meditación, yoga, paseo diario por la naturaleza, vida contemplativa, servicio a la comunidad, cuido de mi jardín y mis animales, de mi casa, de mi piel, de descansar, de mantener relaciones saludables con personas y ambientes nutricios, que me siento sonreir por dentro y el corazón contento… qué me estaba señalando?. A mí?.

Pues sí, a mí. Concretamente a la manera en cómo me alimento; no los alimentos que como, sino cómo los como, desde dónde, para qué, cuál es la intención. Y allí me reconocí. Bajé la cabeza y asentí.

Este conflicto es tan antiguo en mi que ni me acuerdo. Sí recuerdo que de pequeña siempre me sentaba a comer sin hambre, sin apetito, sin deseo de comer, y mi mamá sólo quería que comiera más de lo que comía. Recuerdo su cara de preocupación y sus comentarios angustiados sobre mi comer; tan obsesionada se puso la mujer, que me dio un brebaje de la época que abría el apetito. Se llamaba – Kina San Clemente- Da unas ganas de comerrrrrrrr- decía el anuncio, por si a alguna le resuena.

Efectivamente lo consiguió. A fuerza de tanto insistir y verla sufrir, conseguí comer lo que me ponía en el plato, y no sólo eso, sino rebañarlo hasta que estuviera limpio sin rastro de comida. Tanto fue así que el indicador de la saciedad quedó alterado y ya no sabía cuándo era suficiente.

De joven no tenía problemas de sobrepeso; empecé después del primer embarazo con dietas, ayunos, y un sinfín de métodos que nunca acababan de funcionar porque el vacío no estaba en el estómago, sino en el cuerpo más sutil que fue organizando el físico en la medida que descubría el amarme sobre todas las cosas. Con el tiempo dejé de pesarme y empecé a amar aquel cuerpo desconocido, ha aceptarlo tal y como era a pesar que no reconocerlo. Nunca he tenido más de 5-6kg de sobrepeso, no lo soportaba. Me compensaba con ayunos programados que me devolvían la imagen con la que sentía comodidad, así que nadie percibía ese desorden interno, esa desconexión con mi verdad.

Han pasado muchos años desde entonces. Amo mi cuerpo, mis arrugas, amo lo que hago, disfruto haciéndolo, amo mi vida tal como es, y… ha llegado el momento de alinearme con mi alma en este punto donde las creencias, la cultura, las costumbres sociales, tienen un peso muy pesante, del que quiero desprenderme ya, porque ya no quiere demorar más lo inevitable.

Mi naturaleza es esencialmente pranica (prana o fluido vital de todos los seres vivos). Me he resistido durante años, más de 20 y aunque he hecho incursiones en la nutrición pranica, el peso de la cultura y las costumbres sociales, los hábitos familiares, las relaciones, las mesas y las comidas como lugar de encuentro, … todo eso acababa condicionándome y regresaba a la costumbre de comer, sin ganas de hacerlo.

Me he debatido entre juegos mentales que me apartaban de mi natural Ser en el mundo, pero ahora ya no tiene sentido. Yo soy pranica. Lo digo en voz alta porque ya no quiero ocultarlo más, pues no es al mundo a quien se lo oculto, es a mí que me doy la espalda y dejo de honrarme, de gozar en la que soy de verdad.

Soy pranica y he tenido miedo de asumirlo, por el qué dirán, por la incomprensión, por la exclusión, por el estar en familia, por las cenas de amigos, por las comidas sociales, por el encuentro en la cafetería,… pero ahora ya eso no tiene suficiente peso. Mi cuerpo me exige compasión. Ama aquello que eres en todas sus consecuencias, sin dejar la más mínima partícula del Ser sin ser amada como se merece.

Sí. Entre otras cosas, me alimento del prana y ya no quiero maltratarme más con costumbres que no son de mi alma. Quiero honrar al Ser Yo Soy sin reservas ni condiciones.

Lo dejo escrito para que así Sea, así Es, así está dicho.

Gracias.

Amor y Servicio

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