Conocer a Dios en mi interior

La meditación o sea, la relajación completa o separación de la mente de los inquietos sentidos, es la única forma de conocer a Dios”. Paramahansa Yogananda.

¿Por qué dice esto Paramahansaji de una forma tan categórica?

Mientras medito o intento meditar con el anhelo de conocer a Dios en mi interior, la mente se distrae con pensamientos que me vinculan a los sentidos, a las percepciones, a los anhelos, a revisar lo que ha sido y a diseñar lo que quiero que sea; y así ando distrayéndome de lo Único que es Real, el Alma.

Cuando percibo mi mente inquieta, entonces pongo mi voluntad en regresar al dulce y cálido hogar (el bulbo raquídeo conectado al Tercer Ojo o Ojo Único). A menudo no es tan fácil como decirlo; mientras retorno al punto de partida, en ese corto camino vuelvo a desviarme con sutilidades que parece que sean lo más importante de la vida porque tienen que ver con mis deseos, anhelos de felicidad y abundancia de cosas buenas, pero son pensamientos sujetos a la percepción del ser mortal, a la rueda de Samsara o Ley del Karma, que me sujeta a la ilusión, a Maya. Este juego divino del vivir, algunos lo llaman el conocimiento del Bien y el Mal, más insisto, es desde la percepción del ser mortal sujeto a la Ley del Karma.

Cuando nos percibimos como Alma, la vivencia cambia. Eso ocurre, como dice Paramahansaji, cuando me separo de la mente identificada en los sentidos y me concentro en lo que Soy más allá de la forma. Entonces encuentro el Alma, pacíficamente aquietada, observando y siendo la Observación misma. Y sí, puedo vivenciar la verdad que dice que Dios nos creó a imagen y semejanza suya para regentar la Tierra. No lo digo yo, lo dicen las sagradas escrituras de Occidente y Oriente.

Regentar, regir, dominar. Son palabras que desde el ser mortal atrapado por el engaño, están asociadas a la violencia, la imposición, la ira, el castigo, el sufrir, que es justamente lo que define al Engaño y es como en Occidente nos han mostrado a Dios Padre, como si Ello (Dios Padre) fuera dual. Mas allá de toda éste drama, justo en el centro de todo, se halla la Única Verdad, Brahma, Dios, Madre, Gran Espíritu, llámale como quieras, y aquí hago mención a la capacidad holográfica del cerebro de percibir mucho más de lo que lo que estamos acostumbras, porque no nos educan a dar crédito a lo que realmente percibimos cuando aún somos infantes. Enseñamos a nuestras hijas e hijos a separarse de la Unidad al inculcarles desde bien pequeñas el yo y el tú como algo separado, diferenciado. Es una de las cosas que más cuesta aprender cuando somos pequeñas, porque va en contra de nuestra percepción natural. A fuerza de insistir e insistir, terminamos creyendo en la separación y la instalamos como verdad de tal manera que llegamos a sentirnos separadas, diferenciadas, disociadas de la Fuente de la que provenimos. Creo sinceramente que hemos de cambiar este hábito y substituirlo por educar en la Conciencia Crística y la Consciencia Cósmica. Esto puede evitar mucho sufrimiento.

Nosotras, madres y padres, somos las principales agentes del Engaño. Fuimos adiestradas para repetir el patrón que sostiene la Matrix pero ahora ya no podemos sostenerla más pues el Velo se está desvaneciendo. Es el ciclo natural de la Vida. Los antiguos rishis de la India lo llaman yugas o ciclos cósmicos. Así que no es tanto un mérito nuestro el destapar la madriguera del Topo, que también; es la función colectiva de la Unidad que impulsada al cambio por la inercia de la Vida, sigue el camino trazado por el Orden Cósmico. Aún así, como individualidades o consciencia dinámica dotada de libre albedrío, podemos decidir qué camino tomar para vivir lo inevitable: el camino regio o el del sufrimiento. Llegaremos al mismo centro, pero de manera muy distinta.

En el camino regio disfrutaremos de la Abundancia Divina con satisfacción, alegría y confianza. En el camino del sufrimiento nos agotaremos en la búsqueda de la felicidad insatisfecha porque no podemos hallarla en lo que es perecedero. Moriremos una y otra vez hasta que decidamos poner fin al sufrir y regresaremos al camino regio que, como dice Yogananda, es el único para conocer a Dios en nuestro interior. O sea, tomate tiempo para meditar, para alimentarte correctamente, para descansar y cultivar compañías y relaciones que ennoblezcan tu alma. Si decides tomarte la meditación o el arte de conocer a Dios en tu interior como prioridad, todo lo demás se beneficiará en pos de la Alegría de Vivir.

Esto es lo que ha mi entender, dice Paramahansa Yogananda, mi amado maestro.

Amor y Servicio

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