Autor: tedeteresa

Soy noche cósmica, azul, intuitiva, valiente. Obrera de la Luz. Amante de la Libertad, el Amor y la Verdad.

El bienamar de las Mujeres

Nota de navegación del martes 27 de julio 2021. Dedicada al Círculo de Mujeres Jardín.

Allí estaba yo, congelada en el tiempo y el espacio, sentada en nuestra rueda de intimidad verbal de cada martes, sin poder articular palabra, quieta en la nada, en el vacío del silencio que anuncia el desbordar de las aguas profundas sin nombre ni letra alguna.

Allí estaba yo, contemplando la escena que se iba tejiendo ante mí sin poder intervenir en nada más que en la presencia, como una espectadora en el teatro de la vida. Las imágenes se sucedían, sus rostros me miraban, ellas esperaban lo que no podía llegar. La Otra hablaba sin parar, sin pensar, sólo hablaba y decía, y en su decir se enredaban comentarios inciertos, -voy, me quedo, ahora vengo-, cargados de ausencia. Mientras, las Mujeres, seguían mirándome y esperando algo que no alcanzaba a llegar.

De su mirar empezaron a surgir sus palabras sentidas, que como hilos de plata luminosa, se entrelazaban al compás de su sincero amor. Yo seguía muda, quieta, vacía, llorando en cascada interminable de tristeza.

Ellas, las Mujeres, tejían su amor expresado y en cada palabra y gesto que les surgía, el grupo se sostenía en perfecta armonía. Entre sus miradas y mi silencio, nos fuimos encontrando. Ellas, las Mujeres Jardín, lo sostenían todo con su buenhacer y su bienamar; cada una con su arte de ser y estar presente; y entre los cojines de su amoroso sostén, encontré las palabras para compartir mi dolor.

Si algo pudiera definir lo que allí ocurrió, diría Hermandad en mayúsculas y en femenino, porque la Hermandad de las mujeres, la Sororidad que la llaman, es sagrada, bendecida, amada, humilde, presente, útero y pecho de leche, abrazo, ternura, sostén, y sobre todas las cosas, amante como sólo las mujeres podemos amar.

¡Qué bendición pertenecer a este grupo de Mujeres, las Mujeres Jardín, las que entre silencios, palabras, danzas, risas y llantos, tejemos la inmensa y poderosa red de Amor que se extiende más allá de nuestros corazones, expandiéndose por todos los rincones, recordándonos a nosotras mismas y al mundo entero, que el Amor es lo único que sobrevive a todo, porque es eterno; no tiene fin.

Gracias, gracias, gracias, hermanas queridas de mi corazón. Nos une el vínculo del Amor para siempre y por siempre.

Amor y Servicio.

Firmado: Gardenia

El don de la paz cuando es rechazada

Transcribo el texto que me inspira escribir y compartir contigo mi reflexión. Dice así:

(…)En toda casa a la que entréis, saludad a sus ocupantes con humildad, considerándolos manifestaciones de Dios. Si esa casa es espiritualmente digna, bendecidla para que perciba la paz de vuestras almas. Pero si la encontráis desprovista de receptividad y de interés, orad por los que moran en ella, y permitid que regrese a vuestra alma el don de la paz que ellos han rechazado.

Paramahansa Yogananda, en La Segunda Venida de Cristo. La resurrección del Cristo que mora en tu interior. Volumen II.

Cuando he leído “permitid que regrese a vuestra alma el don de la paz que ellos han rechazado“, he comprendido con mayor profundidad la Ley del Dar y Recibir. Este dar está equilibrado con la acogida y la receptividad y esa parte de las enseñanzas cristianas, no la recuerdo, aunque yo no soy de iglesia pero sí la vida y las enseñanzas de Jesus-Cristo siempre me han acompañado, aún sin entenderlas en su mayoría. Yo me quedé con dar sin mirar a quién y sin esperar nada a cambio, y en ese dar aún sin ser bien acogido, me agoté.

Con el tiempo, el cansancio producido por el desamor como respuesta, se fue tornando en queja. ¿Qué estaba fallando? ¿Algo no estaba funcionando bien?. Y seguí intentándolo una y otra vez con escasos éxitos. En mis reflexiones íntimas me exigía más dedicación, más empeño pero el agotamiento creía, así que empecé a quejarme primero flojito, después de viva voz, luego a gritos. La respuesta siempre era la misma, “la vida es dura. Acostúmbrate”. – ¿De verdad es asi la Vida? pensaba estupefacta. – Ha de haber algo, un sentido. Estoy segura.- me repetía.

De a poco, o quizás fue a golpes, según como se mire, fui descubriendo que el amar es un verbo reflexivo y cuando me amo, me recargo de la Fuente inagotable y puedo seguir amándome de tantas formas diferentes que no necesito ser reconocida por nada más que por mi interior. Aún así, la clave que hoy me ha brindado Paramahansaji es fundamental para entender que aquello que se da y no es bien recibido, me permito que regrese a la Fuente, pues de otra forma se desperdicia. Es una profunda ecología sagrada.

Para regresar , he de dar el permiso porque nada en la vida ocurre sin consentimiento previo. Eso también lo aprendí con el tiempo. Hay que pedir, decir, nombrar, con el corazón humilde y henchido de dicha, una y otra vez hasta que dentro y fuera se alinean y la Red Universal de Amor que todo Es, vibra con la misma frecuencia de Abundancia y Prosperidad que te habita; entonces se da el “milagro”. Parece como si fuera El Secreto pero sin el New Age. Todo es de corazón, con humildad y devolución, algo que he descubierto hace poco y es realmente hermoso, sin palabras.

Dar cuando es bien recibido, cuando el dar se vuelve fuente de nutrición de dos vías haya o no receptividad. Siempre hay el retorno al hogar donde el calor del fuego divino permanece encendido por la Gracia de Dios Padre-Madre que habita dentro de cada ser.

Quejarse a gritos era de locas. Ahora que tengo calma y sosiego ante las adversidades, ahora que ya no me dominan porque mi mente permanece silenciosa; ahora que medito y funciona, para algunos sigo siendo loca. La diferencia es que ahora esta locura me satisface como nunca nada me había satisfecho antes.

Gracias.

Amor y Servicio

Conocer a Dios en mi interior

La meditación o sea, la relajación completa o separación de la mente de los inquietos sentidos, es la única forma de conocer a Dios”. Paramahansa Yogananda.

¿Por qué dice esto Paramahansaji de una forma tan categórica?

Mientras medito o intento meditar con el anhelo de conocer a Dios en mi interior, la mente se distrae con pensamientos que me vinculan a los sentidos, a las percepciones, a los anhelos, a revisar lo que ha sido y a diseñar lo que quiero que sea; y así ando distrayéndome de lo Único que es Real, el Alma.

Cuando percibo mi mente inquieta, entonces pongo mi voluntad en regresar al dulce y cálido hogar (el bulbo raquídeo conectado al Tercer Ojo o Ojo Único). A menudo no es tan fácil como decirlo; mientras retorno al punto de partida, en ese corto camino vuelvo a desviarme con sutilidades que parece que sean lo más importante de la vida porque tienen que ver con mis deseos, anhelos de felicidad y abundancia de cosas buenas, pero son pensamientos sujetos a la percepción del ser mortal, a la rueda de Samsara o Ley del Karma, que me sujeta a la ilusión, a Maya. Este juego divino del vivir, algunos lo llaman el conocimiento del Bien y el Mal, más insisto, es desde la percepción del ser mortal sujeto a la Ley del Karma.

Cuando nos percibimos como Alma, la vivencia cambia. Eso ocurre, como dice Paramahansaji, cuando me separo de la mente identificada en los sentidos y me concentro en lo que Soy más allá de la forma. Entonces encuentro el Alma, pacíficamente aquietada, observando y siendo la Observación misma. Y sí, puedo vivenciar la verdad que dice que Dios nos creó a imagen y semejanza suya para regentar la Tierra. No lo digo yo, lo dicen las sagradas escrituras de Occidente y Oriente.

Regentar, regir, dominar. Son palabras que desde el ser mortal atrapado por el engaño, están asociadas a la violencia, la imposición, la ira, el castigo, el sufrir, que es justamente lo que define al Engaño y es como en Occidente nos han mostrado a Dios Padre, como si Ello (Dios Padre) fuera dual. Mas allá de toda éste drama, justo en el centro de todo, se halla la Única Verdad, Brahma, Dios, Madre, Gran Espíritu, llámale como quieras, y aquí hago mención a la capacidad holográfica del cerebro de percibir mucho más de lo que lo que estamos acostumbras, porque no nos educan a dar crédito a lo que realmente percibimos cuando aún somos infantes. Enseñamos a nuestras hijas e hijos a separarse de la Unidad al inculcarles desde bien pequeñas el yo y el tú como algo separado, diferenciado. Es una de las cosas que más cuesta aprender cuando somos pequeñas, porque va en contra de nuestra percepción natural. A fuerza de insistir e insistir, terminamos creyendo en la separación y la instalamos como verdad de tal manera que llegamos a sentirnos separadas, diferenciadas, disociadas de la Fuente de la que provenimos. Creo sinceramente que hemos de cambiar este hábito y substituirlo por educar en la Conciencia Crística y la Consciencia Cósmica. Esto puede evitar mucho sufrimiento.

Nosotras, madres y padres, somos las principales agentes del Engaño. Fuimos adiestradas para repetir el patrón que sostiene la Matrix pero ahora ya no podemos sostenerla más pues el Velo se está desvaneciendo. Es el ciclo natural de la Vida. Los antiguos rishis de la India lo llaman yugas o ciclos cósmicos. Así que no es tanto un mérito nuestro el destapar la madriguera del Topo, que también; es la función colectiva de la Unidad que impulsada al cambio por la inercia de la Vida, sigue el camino trazado por el Orden Cósmico. Aún así, como individualidades o consciencia dinámica dotada de libre albedrío, podemos decidir qué camino tomar para vivir lo inevitable: el camino regio o el del sufrimiento. Llegaremos al mismo centro, pero de manera muy distinta.

En el camino regio disfrutaremos de la Abundancia Divina con satisfacción, alegría y confianza. En el camino del sufrimiento nos agotaremos en la búsqueda de la felicidad insatisfecha porque no podemos hallarla en lo que es perecedero. Moriremos una y otra vez hasta que decidamos poner fin al sufrir y regresaremos al camino regio que, como dice Yogananda, es el único para conocer a Dios en nuestro interior. O sea, tomate tiempo para meditar, para alimentarte correctamente, para descansar y cultivar compañías y relaciones que ennoblezcan tu alma. Si decides tomarte la meditación o el arte de conocer a Dios en tu interior como prioridad, todo lo demás se beneficiará en pos de la Alegría de Vivir.

Esto es lo que ha mi entender, dice Paramahansa Yogananda, mi amado maestro.

Amor y Servicio

Qué hacer con el engaño

Primero ubicarlo, reconocerlo, saber que forma parte de la película cósmica de la vida y que su función es la experiencia de vivir y aprender a regentar la Tierra como en el Cielo. Éste es el propósito de la existencia humana. El engaño permite que encarnemos en esta escuela de Magia donde hay que descubrir la Verdad; de ahí la importancia de reconocer el engaño.

Si hemos reconocido el engaño, es que sabemos que sólo existe Dios, la Única Substancia. Si Yo Soy Eso y todo me pertenece porque no hay nada aparte de Mí, la locura a la que el humano sucumbe es vista pero no Es; forma parte de la Ignorancia o Átomo (según los antiguos rishis de la India). Para transmutarla, lo único que se me ocurre es no darle crédito pues en si misma sólo existe en la rueda de Samsara, el ciclo de reencarnaciones basadas en el Karma que es la ley en la que se identifica el ser mortal, que no deja de ser una ilusión pues somos inmortales.

Si no le doy crédito no existe, aunque el pensamiento persista en presentártelo una y otra vez. Tu ya sabes que no lo quieres, por tanto dejas de fijarte en él y acreditas sólo lo que realmente te interesa en tu vida: buenas compañías que nutran tu ser, alimentación saludable, acciones correctas, voluntad para que todo lo bueno se de, meditación y ocuparse de no distraerse con lo que nos aparta de Dios, pues El es lo Único que existe. Esto quiere decir que si algo no entendemos de Dios, hay que investigar -dentro y fuera- porqué es así y encontrar la manera de conocerle íntimamente para reconocernos qué somos y asumir nuestro verdadero papel: hacer el Cielo en la Tierra.

Siento que aquí, llegado este momento en el que reconocemos el engaño, nos cabe acudir a la Gran Madre, la que con su Amor, permanece eternamente preñada de Hijas e Hijos del Amor. Sólo el Amor puede soportar y sostener todo esto; el verdadero Amor; de ahí que debamos pasar por la ilusión perversa del engaño, para reconocer que eso no es el Amor eterno, sino sólo el amor que exige la pleitesía del poder sobre tí para autosatisfacerse como si fuera Dios siendo Lucifer, el Ángel más avanzado de la corte angélica que con la misión de coordinar el engaño para que se diera la encarnación humana, empezó a olvidarse de Dios y en ese olvido, lo substituyó por Sí-mismo pues había que tener un Dios que todo lo Es. Así, el Sí-mismo, substituyó al eternamente amoroso y creó su propio imperio de oscuridad como reflejo de la distorsionada imagen y semejanza de Dios, con el libre albedrío.

Qué hace Dios ante tal panorama? Lo contempla y lo Ama en quietud y silencio, sabiendo que todo volverá a su lugar porque no hay nada más que Uno. Las aventuras que el humano quiera vivir, están en función de su voluntad de acción. Cuando se canse de sufrir, reconocerá el camino de regreso al hogar. Es inevitable.

¿Cómo resistirlo desde la propia humanidad, cuando es observado todo este juego? Manteniendo la mirada fija en el alma, practicando los ejercicios adecuados para que así sea y conseguir la liberación con el propósito de servir a Dios. ¿Cómo?. Siendo el mensaje viviente del Consolador prometido por Jesús: el Cristo que nos habita.

¿Qué hizo Cristo? Cumplir las escrituras al pie de la letra sin desviarse ni un ápice de la Verdad. Cumplió todo lo escrito, todo, y lo consiguió siendo fiel a la Verdad. ¿Cuál es la Verdad?. La Única Verdad es Dios, la Unidad. Para que se dé, hay que percibirlo todo desde el único punto de visión verdadera: el Alma. La oscuridad querrá nublarte la visión, colocará pantallas de engaño, de memorias arquetípicas, de sueños; hará lo que sea para poseerte para sí, hará lo inimaginable para conseguirte. Mientras permanezcas firme en la batalla (Bhagavad Guita), las aguas del Mar Muerto se abrirán para dejarte paso y entrar en el Paraíso Interior. Allí te nutrirás de todo lo necesario para que se cumpla el mandato superior del Cielo en la Tierra.

La oscuridad te hará creer que te estás volviendo loca. Esa es su herramienta más mortal porque implica percibir el desamor que provoca en las mentes de los que se dejan atrapar por sus garras mortales; y digo mortales porque se nutre de la muerte repleta de pensamientos, sueños, deseos, apegos no resueltos que impulsan al ser a volver una y otra vez al ciclo de reencarnaciones, pero Tú Eres Inmortal, aquí en la Tierra como en el Cielo. No lo olvides.

Todo lo que escribes en el libro de la vida podrá ser utilizado en tu contra, como ocurrió con la quema de las Brujas, con los sabios que iban en contra del Oscurantismo de la Inquisición. No debes sucumbir ante las adversidades porque de ello depende la victoria.

Mantente firme como lo hizo JesuCristo y todos los Avatares de la humanidad. No desistieron, no renunciaron a la Verdad a pesar de ser vilipendiados, asesinados brutalmente, quemados, decapitados, torturados. Nada puede doblegar el alma, así que la salvación es identificarse en lo Único que Eres: Alma Inmortal. Todo lo demás se da por añadidura.

Ten el coraje de pasar el mensaje, de difundirlo con todos tus actos y con todos tus recursos. Tienes las bendiciones de todos nosotros. Sigue tu camino trazado desde las estrellas. No hay obstáculos que no se puedan vencer con el Amor Divino, Eterno e Inmutable.

Que así sea.

Amor y Servicio.

Morir antes de dejar el cuerpo

Me contaron que sentir lo que siento era ser egoísta, orgullosa y necia, y me lo creí. Aún era pequeña. Quien me lo decía me amaba, así que ¿cómo dudar?. Desde entonces andé por los paisajes que la vida me ofrecía a tientas, dudando de si era bueno o no lo que sentía, de si era adecuado, si era acertado. Delante de mi percibía la mentira y el engaño que no se ve, sólo se siente, pero eso no importaba a nadie; sólo la apariencia es verdadera. Me enseñaron a comportarme correctamente, como una niña bien educada, callada, quieta, pero eso era imposible para mí. Solía estar siempre enfadada con el mundo porque no lo entendía ni me entendían. Con el tiempo y la zapatilla de mi mamá, me corregí la mala tendencia de cuestionar, y aprendí a callarme. En mi interior, andaba entre la duda y el asco, el deber y el hacerlo el bien, y decidí que sentir era demasiado para mí. Me disocié, pero eso es tan común en nuestra sociedad, que por fin parecí ser normal, una más, otra más normalizada.

Pero la voz del alma no hay quien la calle, ni siquiera la propia muerte, así que salía y volvía a salir aunque la oprimía una y otra vez entre gritos de socorro y de ira. Y todo mi dolor se fue instalando en la forma que me sostenía, con tensiones lumbares, hombros encogidos, estreñimiento, dietas para estar en el peso perfecto, disciplina y crisis de identidad acumuladas una tras otra, enfocada en el hacer, la buena apariencia, la tendencia al perfeccionismo, resguardada en mi mundo imaginario donde las personas eran amables, mi amor era un caballero, mi hogar dulce y mi familia en perfecto orden, sin perturbaciones, todo quieto, congelado para que no se desmontara la magia.

Y la vida seguía pasando por mi lado, mientras yo me ahogaba en un mundo ficticio, de cristal, luchando para ser la más productiva, elegantemente aparente, perfectamente arrogante, y siempre en discreta alerta máxima para ocultar mi profundo miedo a vivir.

De todo esto hace ya una existencia. Afortunadamente la muerte existe para descansar y recuperarse de tanto quehacer. Sigo con el recuerdo de esa vida pasada y aún hoy me sorprende cuánto sufrir podemos aguantar las personas, cuánta locura, cuánta insensatez, cuánto desamor.

La felicidad no depende de nadie más que de una misma- me decían mientras agonizaba, pero eso era demasiado difícil de entender para mí, ¿cómo podía ser posible? ¿Acaso yo quiero todo este sufrir?. Eso es una sandez. – decía yo con profundo desprecio. Cuando por fin el cansancio de tanto luchar por ser lo que tenía que ser me venció, solté mi historia, entera, tooooodo lo vivido, todo lo sentido, cada detalle bueno y malo; y entendí que nada es bueno o malo, que todo es experienciar-se, si se puede decir así. Me quedé vacía y en el vacío sentí lo que nunca cambia ni se transforma, lo siempre es, lo que perdura más allá de todo, incluso del miedo: el Amor infinito.

Nadie habla de la muerte así, o a penas nadie. Lo que no saben la mayoría es que la viven muriendo.

Yo ahora si lo sé. He aprendido a saberlo. Eso espero.

Amor y Servicio

Del bienamar y otras venturas

Existe un lugar donde el bienamor fluye como un manantial de agua transparente y cantarina. Es un lugar secreto, no porque se oculte a la vista de nadie; sólo los ojos que ven y los oídos que oyen lo hallan. A palpas me encontraba yo merodeando por sus lares, intuyendo el lugar, escuchando el tintineo de su canto armónico pero cegada mi visión y, así andaba, tropezando una y otra vez en el mismo lugar.

Sin yo saberlo, una hada cantarina por allí revoloteaba; me observa curiosa como andaba de aquí para allá con los ojos vendados, tropezando y volviendo a tropezar. Viendo mi tormento y el afán por encontrar la fuente del BienAmar, se acercó despacito sin yo percibirlo y con delicada destreza, me desató la venda que cubría mis ojos. Pensé que había sido un sueño, pero al estar libre mi visión, como en cámara lenta y volviendo atrás, vi con claridad que fueron sus manos las que guiado las mías, propiciaron el desvelo.

Entonces percibí con pasmosa claridad que nada ocurre fuera sino está dentro, que mi deseo de ser bienamada es ilusión del persistente engaño que juega sin compasión a hacer ver lo que solo es en la imaginación. Puede parecer una locura pero no lo es; entre parecer y parecer, dejamos de creer en el poder del bienamar y andamos sujetas entre vendas y cadenas de ilusión que nos atan y amordazan con feroz insistencia, pues de ello depende su subsistencia, más tengo el sentir cansado de tanto devenir. Decido crear lo que es la única verdad. Basta de escenas de humo y falsos actores secundarios. Sólo existe lo que yo decreto así que voy a practicar la Magia, para que el BienAmar se haga real y reine en mi reino corporal.

Así sea.

Los procesos de integración

Paramahansa Yogananda, maestro de las antiguas enseñanzas védicas, afirma que “se requiere de cinco a ocho años para substituir un mal hábito potente por uno bueno”. Cuando habla de mal hábito potente, hace referencia a los hábitos perniciosos que dominan la conciencia de sí mismo sometiéndola a placeres sensoriales pasajeros. Al leer esta frase, me sorprendió la cantidad de tiempo (de cinco a ocho años!!!??) que necesitamos para restablecer el orden de nuestra naturaleza intrínseca. Esto me lleva a pensar en la estructura de nuestro mundo en la que desde muy pequeños nos enseñan a percibir el tiempo sólo desde su perspectiva cronológica y lineal, obviando la percepción del instante presente (ahora) y del presente continuo (eternidad). ¿Será intencionada esta manera de educarnos? ¿Tiene una finalidad concreta? Obviaré entrar en este tema porque nos desviaría de lo que quiero expresar en realidad.

Al vivir regidos por un tiempo artificial, el del reloj, y obviar el tiempo de caos y el de la eternidad, nos sentimos huérfanos de sentido existencial, de pertenencia. Estamos a expensar de un factor temporal que exige pleitesía, subyugación y obediencia absoluta sin posibilidad de negociación ni juego de intercambio. En definitiva, estamos entregando nuestras vidas al antojo de unos pocos amos, en comparación con la cantidad de seres humanos que habitamos la Tierra, pero esos pocos tienen el poder de organizar nuestras vidas a través del factor tiempo. Ellos se creen amos de Cronos y actúan como tal; y en su fantasía de Señores del tiempo, lo han organizado todo de forma que generan esclavos sumisos a su servicio; esclavos que justamente por su naturaleza humana (adaptativa, pacífica y amable), terminan lamiendo la mano de su opresor a cambio de estar más o menos bien alimentados, con una hogar más o menos decente, el dinero justo para creerse libres y alguna comodidad material saciada a fuerza de sufrimiento y esfuerzo; y así nos van generando la ilusión de vivir en el bienestar. Pero queridos y queridas lectoras, eso es solo una ilusión. El bienestar no es eso para nada.

No te digo todo esto para que te molestes, te enojes o te violentes. Mi intención es que tomes conciencia de lo que en realidad está ocurriendo desde hace muchísimo tiempo atrás, para que regreses a tu interior, donde están las respuestas a todas las preguntas, si es que te surgen preguntas. Si no te surgen preguntas ante todo lo que estamos viviendo, es probable que este artículo no te interese porque todo lo que aquí expongo es fruto de un cuestionamiento constante que surge de mi interior en búsqueda del verdadero sentido de la vida; mejor dicho, al encuentro del verdadero sentido del vivir; porque yo quiero encontrar el sentido, no buscarlo. Quiero conocer a Dios en realidad, la Inteligencia Suprema y la Causa primera y Única de todas las cosas, pues es la que me va a dar las respuestas. Y ¿dónde la hallo a esta Inteligencia Superior? ¿En las sinagogas, las iglesias, la naturaleza? Puede que allí la encuentre, puede que no, pero en última instancia, siempre la encuentro en mi interior. Todas las enseñanzas antiguas, las originarias, desde los Vedas, la Torá, el Tao, la Biblia, la Kabala, … si las leemos en sus lenguas originarias, en sánscrito, hebreo, arameo, chino antiguo, encontramos un mensaje común: Dios habita en nuestro interior y es a través de la observancia, la comtemplación, la autoindagación, la meditación, que vamos a escuchar al alma, Su reflejo, que nos alienta en esta aventura que es el vivir. ¿Con qué objetivo? Disfrutar de la aventura terrena que nos impone el olvido de nuestra condición divina a través de la ilusión de un mundo holográfico que parece ser real, pero sólo es una pantalla donde todo lo que pensamos se refleja. Puede parecer ciencia ficción, Matrix, pero no lo es. Lo que hay fuera, es la gran pantalla donde reflejamos lo que creemos ser y, como si viéremos una película, nos identificamos con un u otro personaje, lloramos, sentimos sus dolores y alegrías, pero no somos ellos. Cuando terminamos de ver la película en la pantalla, volvemos a ser nosotros. La vida es así mismo. La pantalla es el reflejo. Tú eres la espectadora.

Cuando dejamos que el tiempo orgánico predomine en nuestro cotidiano, y para eso esta situación de aislamiento impuesto nos ha favorecido, el silencio empieza a tomar otro significado más profundo. Hay muchas personas que gracias a esta situación excepcional que estamos viviendo en todo el mundo, han podido conectar con un silencio nutritivo, acogedor, pacífico que lleva consigo presentes que empiezan a cuestionar qué es el vivir, qué sentido esconde, dónde estoy yo delante de todo lo que ocurre a mi alrededor. El tiempo de Cronos no deja espacio a penas solo para respirar, así que en el tiempo de Kairós y Aión, empezamos a descubrir que hay mucho más de lo que nos han contado y que ha estado escrito desde tiempos inmemorables, en las antiguas enseñanzas escritas en las lenguas originarias de oriente y occidente. Las traducciones que nos han llegado, que nos han enseñado, la mayoría son erróneas, interpretando palabras de forma que tergiversan el sentido real de la frase.

Ahora, gracias a las redes sociales, empezamos a saber de eso pues las estudiosas y eruditas de las lenguas en las que están escritas las enseñanzas sagradas antiguas, reclaman que se sepa la verdad de su mensaje. La Red de Amor y Verdad se extiende y convive con la mentira, y aunque ésta La combate a muerte haciéndola invisible con juegos de guerra básicos como cerrar canales, cuentas y perfiles en las redes sociales, otras redes de código libre emergen y así, la Verdad se va difundiendo cada vez más y más, hasta que esta masa crítica sea suficiente para desbancar el gran engaño, la Gran Estafa, y así se acomode el nuevo paradigma existencial regido por el Bien Común y el Biocentrismo. Claro está que en este ínterin estamos viviendo el tiempo y, acostumbradas a vivir en Cronos, nos queda la sensación que no llega, que no llegará, que estamos perdidas, pero eso no puede suceder, pero la Vida no cesa. Todo está conectado. Sólo existe la Unidad. Así que olvídate de todo lo que has aprendido en la escuela, en la familia, en la universidad, en la calle,… vacíate de toda tu historia y reconoce qué eres. Tomará tiempo, pero recuerda que el verdadero tiempo es trino: Cronos, Cairós y Aión. Olvídate de vivir en la segmentación. Entiende el tiempo como la trilogía que es y empieza a disfrutar. Eres más que un cuerpo. Eres alma, reflejo divino, con Sus mismos atributos.

Recordar pide coraje y paciencia, constancia y determinación para que el proceso de integración se dé completo, de forma que no sólo se instalen nuevas maneras de percibir la vida mucho más placenteras y gozosas, sino que estas maneras terminen substituyendo a las que ya no tienen cabida en este mundo de esclavitud que hemos alimentado con nuestra ignorancia y autocomplacencia. La utopía es la que mueve montañas, transforma realidades en certezas del alma, crea puentes de afectos y vínculos de amor, construye ciudades donde la Vida sea protagonista, genera políticas de felicidad, comunidades abundantes y prósperas en comunión con la Tierra. No te dejes llevar por los sueños antiguos de frustración y sumisión, de rebeldía y violencia, de apatía y desánimo. Todo cuento ocurre es perfecto. Estamos en proceso de integrar cantidades enormes de plasma que liberan la Luz de la Verdad, la única Luz que existe. Despierta. Ponte en pie y vive la realidad.

Amor y Servicio.

Vivir sin miedo

Quiero vivir sin miedo- dicen mis lágrimas en esta mañana de niebla intensa. A veces, muchas veces, consigo olvidarme de su fuego abrasador, que más que quemar, me separa la piel de la carne reseca de temer, y escribiendo percibo que eso, … tampoco es real.

Sube mi gata a la mesa donde escribo y se mete entre mi corazón y mis manos entretenidas en escribir; entonces ronronea y se restriega entre mis dedos: me pide caricias, mimos, dulces arrumacos. Sigo escribiendo porque el hilo del dolor sigue conectado, pero su pedido es tan dulce e insistente que voy cediendo a su amar. Con suma delicadeza mordisquea mis dedos mientras continua su acompasado ronroneo. Ya no puedo escribir y sonrío; me vuelco al amor amar.

Todo se ha transformado. Ya no hay dolor contenido, ni piel resquebrajada, ni fuego abrasador,… ha cedido a la ternura y a una carantoña dulce que me dice sin palabras: todo pasa. Entonces repito “todo pasa” como un mantra que me mece y viene el recuerdo del poema de Antonio Machado que dice: Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar. Pasar haciendo camino, camino sobre la mar. Respiro. ¡Qué sutil el amado poeta Machado! Camino sobre la mar. Vuelvo a sonreír y ahora ya se ha instalado en mi.

María, mi gata amada, sigue sobre la mesa pero ahora está quieta, observando aquí y allí: juega con la hormiga que recorre la mesa, husmea el brote de flor que emerge de la orquídea rosácea que descansa en mi escritorio. Observa y sigue observando. Todo lo ve. Aquí se queda por si hay alguna otra urgencia que atender.

Mientras tanto, yo sigo escribiendo, para ti que me escuchas, para mí que escucho, para el humano que emerge, para el mundo que va viniendo, que ya está aquí.

Amor y Servicio

El silencio de la ausencia

Hay un silencio que nutre, aunque su canto sea inaudible a los oídos de la forma. Dormidas y somnolientas, ni lo sienten ni lo escuchan. Algunas despiertas, lo perciben con más o menos claridad. Es percibido con los sentidos del alma y eso, no se puede negar.

Ese silente sonido es una pulsación latente creadora y creativa a la vez, eterna, inmutable, imperturbable. Permanece oculto a lo vulgar, lo cotidiano, a la ignorancia y al ignorante, marcando infinitamente el paso de la Vida, como si fuera un director de orquesta que moviendo su batuta, hace surgir el único latido vital que todo impregna.

Hay otro silencio que aún no tenía nombre en mi mundo, aunque sabía bien de su existir. Ayer, en la voz de un desconocido, me fue nombrado por primera vez: “el silencio de la ausencia”. Cuando escuché ese arpegio musical, mi corazón sonrió súbitamente. Quedé atenta, a la espera. Reconocí la belleza de la composición y no fue hasta después, que descubrí el tesoro que alberga.

Fue la palabra ausencia la que resonó en mi interior como cuerda de violín en manos de un experto; ella, la ausencia, me presentó en la pantalla de la memoria, imágenes de ausencias vividas, sumidas en ese silencio que esperas sea nutriente, que aporte vida, pero no, sólo paraliza, imprimiendo en la piel y los sentidos, un desamor que aún amando, inmoviliza. ¿Sabes de lo que estoy hablando? Seguro que sí. Silencios que por no comprometerse, se hacen presentes tras el velo de una falsa prudencia a penas entendida. Silencios que sin decir palabra alguna ni gesto que los delate, van impregnados de juicio, creencias personales, apegos y egos educados por el miedo a -¿no ser amada y a amar, quizás?. Quizás a otros miedos, más miedo al fin. Silencios de desazón, de frustración, de exclusión, de irritación, que quedan velados a los ojos inexpertos de quien espera escuchar un compromiso, una acción alentadora, una decisión, una mano amiga, una opinión, una verdad que aunque fragmentada, sea verdad y tras la espera…, sólo queda silencio que acaba siendo ausencia y después, austera ausencia vestida de prudencia.

El silencio de la ausencia es cobarde, y te cuento la interesante etimología de la palabra cobarde. Se remonta al latín y significa “cola”, aludiendo a la cola del perro o del lobo, que la esconden entre las piernas para mostrar sumisión y miedo ante algo a alguien.

Aún siendo un silencio cobarde, sumiso y miedoso, con todo, puedo ver la belleza que se esconde tras el velo de lo aparente, porque la vida me ha enseñado que no hay nada inservible, nada inútil, nada que no pueda ser transformado, y es así como logro ver en este entramado sin tiempo, donde todo tiene sentido cuando cedo y me sumerjo en el compás armónico del Gran Director.

Diez años han pasado de esos silencios sin nombre que nunca fueron nombrados. Podían haber sido dos, cinco años, algunos meses tan sólo; hicieron falta diez años de ausencia para sembrar nuevas semillas de presencia en una tierra más fértil, mucho más fértil hallada en mi interior. Y fue desde esa abundancia de amor que brotaron las primeras palabras que, libres de pesticidas recriminatorios y resentidos, fueron nombrando una a una las ausencias sin pecado, y por arte de Magia, el círculo se fue cerrando. Se estaba preparando un nuevo encuentro.

Cinco meses después, el encuentro se ha dado. Algo ha cambiado. El tiempo sosteniendo el silencio disfrazado de prudencia, ha marcado el gesto humano con las arrugas del dolor y la rigidez en la tez. Por primera vez en años, por boca de un desconocido, se ha bautizado la ausencia de ese silencio y con ello ha empezado a escucharse las primeras notas que llevan aliento. ¿Dónde llegarán? ¿Sembraran verdades? .

Será lo que será y allí quedará en el universo, como todo queda en el Único Verso, a la espera de que alguien en su interior transforme el miedo en nutrición.

Y así queda escrito.

Amor y Servicio

Corazón a mano

escrito el 15 de octubre con pluma de tinta azul

Regentar en el cuerpo es trascender el apego a aquello que me esclaviza. No es el cuerpo en sí mismo, pues está diseñado para esta densidad; es la identificación con él, con la limitación que representa cuando no es regentado por el alma. De ahí que relacionarse con el cuerpo ha de ser desde otro lugar donde el cuerpo es una corporeidad vivida, vivenciada como proceso natural de ascensión planetaria.

La dificultad radica en la trascendencia: eso que nos han enseñado con deficiencia porque no nos han desvelado los verdaderos significados esotéricos sino exotéricos, los que se revelaban al pueblo de forma velada por considerar que no podían ser usados por cualquiera. Y si bien, en aquellos tiempos era así, ahora ya no, puesto que todo esta desvelado para que cada quien ejerza su maestría.

El velo del engaño, necesario para pasar todas las etapas de la verdadera y única comunión con el Alma, está desvaneciéndose; ya no tiene fortaleza para resistirse. La masa crítica está despertando masivamente y la ilusión está llegando a su fin; coletea desesperada en sus últimos estertores por sobrevivir a cualquier precio, pero ya está sentenciada y ejecutándose su disolución. Se requiere un estado de atención máxima en este proceso de Ascensión planetaria, que no es ni tuyo ni mío, ni de nadie en particular. Es de la Vida.

No pierdas el tiempo en conversaciones insignificantes, 
ni en relaciones poco inspiradoras. 
Ocupa tú ser y estar en la Verdad a todas horas, 
porque el tiempo que dedicas a la Verdad 
es tiempo de provecho. 

No cedas ni un ápice en la autoridad de tu reino. 
Ama sagradamente, 
poniendo la mente a disposición del Amor.
Tú cuerpo es el cuerpo de la Tierra.
Trátalo con el alma, que es
el único lenguaje divino posible
en nuestra condición humana.

Deja que el Alma regente todas las acciones
y no os preocupéis de nada más. 
Todo está Bendecido,
Bien dicho, 
Bien diseñado,
Bien ordenado.

No hay como desobedecer,
pues el tránsito sigo su evolución.

Quien se mantenga en la desobediencia de la Gran Llamada, será transportado a la franja vibratoria correspondiente a su frecuencia.

Los tiempos son llegados. 
Resistencia pasiva. 
Vibración de Alta Frecuencia.

El éxito es inminente. 
Estad preparados.

Amor y Servicio.