Crónicas de mujer

Vivencias de mujer

El bienamar de las Mujeres

Nota de navegación del martes 27 de julio 2021. Dedicada al Círculo de Mujeres Jardín.

Allí estaba yo, congelada en el tiempo y el espacio, sentada en nuestra rueda de intimidad verbal de cada martes, sin poder articular palabra, quieta en la nada, en el vacío del silencio que anuncia el desbordar de las aguas profundas sin nombre ni letra alguna.

Allí estaba yo, contemplando la escena que se iba tejiendo ante mí sin poder intervenir en nada más que en la presencia, como una espectadora en el teatro de la vida. Las imágenes se sucedían, sus rostros me miraban, ellas esperaban lo que no podía llegar. La Otra hablaba sin parar, sin pensar, sólo hablaba y decía, y en su decir se enredaban comentarios inciertos, -voy, me quedo, ahora vengo-, cargados de ausencia. Mientras, las Mujeres, seguían mirándome y esperando algo que no alcanzaba a llegar.

De su mirar empezaron a surgir sus palabras sentidas, que como hilos de plata luminosa, se entrelazaban al compás de su sincero amor. Yo seguía muda, quieta, vacía, llorando en cascada interminable de tristeza.

Ellas, las Mujeres, tejían su amor expresado y en cada palabra y gesto que les surgía, el grupo se sostenía en perfecta armonía. Entre sus miradas y mi silencio, nos fuimos encontrando. Ellas, las Mujeres Jardín, lo sostenían todo con su buenhacer y su bienamar; cada una con su arte de ser y estar presente; y entre los cojines de su amoroso sostén, encontré las palabras para compartir mi dolor.

Si algo pudiera definir lo que allí ocurrió, diría Hermandad en mayúsculas y en femenino, porque la Hermandad de las mujeres, la Sororidad que la llaman, es sagrada, bendecida, amada, humilde, presente, útero y pecho de leche, abrazo, ternura, sostén, y sobre todas las cosas, amante como sólo las mujeres podemos amar.

¡Qué bendición pertenecer a este grupo de Mujeres, las Mujeres Jardín, las que entre silencios, palabras, danzas, risas y llantos, tejemos la inmensa y poderosa red de Amor que se extiende más allá de nuestros corazones, expandiéndose por todos los rincones, recordándonos a nosotras mismas y al mundo entero, que el Amor es lo único que sobrevive a todo, porque es eterno; no tiene fin.

Gracias, gracias, gracias, hermanas queridas de mi corazón. Nos une el vínculo del Amor para siempre y por siempre.

Amor y Servicio.

Firmado: Gardenia

Los procesos de integración

Paramahansa Yogananda, maestro de las antiguas enseñanzas védicas, afirma que “se requiere de cinco a ocho años para substituir un mal hábito potente por uno bueno”. Cuando habla de mal hábito potente, hace referencia a los hábitos perniciosos que dominan la conciencia de sí mismo sometiéndola a placeres sensoriales pasajeros. Al leer esta frase, me sorprendió la cantidad de tiempo (de cinco a ocho años!!!??) que necesitamos para restablecer el orden de nuestra naturaleza intrínseca. Esto me lleva a pensar en la estructura de nuestro mundo en la que desde muy pequeños nos enseñan a percibir el tiempo sólo desde su perspectiva cronológica y lineal, obviando la percepción del instante presente (ahora) y del presente continuo (eternidad). ¿Será intencionada esta manera de educarnos? ¿Tiene una finalidad concreta? Obviaré entrar en este tema porque nos desviaría de lo que quiero expresar en realidad.

Al vivir regidos por un tiempo artificial, el del reloj, y obviar el tiempo de caos y el de la eternidad, nos sentimos huérfanos de sentido existencial, de pertenencia. Estamos a expensar de un factor temporal que exige pleitesía, subyugación y obediencia absoluta sin posibilidad de negociación ni juego de intercambio. En definitiva, estamos entregando nuestras vidas al antojo de unos pocos amos, en comparación con la cantidad de seres humanos que habitamos la Tierra, pero esos pocos tienen el poder de organizar nuestras vidas a través del factor tiempo. Ellos se creen amos de Cronos y actúan como tal; y en su fantasía de Señores del tiempo, lo han organizado todo de forma que generan esclavos sumisos a su servicio; esclavos que justamente por su naturaleza humana (adaptativa, pacífica y amable), terminan lamiendo la mano de su opresor a cambio de estar más o menos bien alimentados, con una hogar más o menos decente, el dinero justo para creerse libres y alguna comodidad material saciada a fuerza de sufrimiento y esfuerzo; y así nos van generando la ilusión de vivir en el bienestar. Pero queridos y queridas lectoras, eso es solo una ilusión. El bienestar no es eso para nada.

No te digo todo esto para que te molestes, te enojes o te violentes. Mi intención es que tomes conciencia de lo que en realidad está ocurriendo desde hace muchísimo tiempo atrás, para que regreses a tu interior, donde están las respuestas a todas las preguntas, si es que te surgen preguntas. Si no te surgen preguntas ante todo lo que estamos viviendo, es probable que este artículo no te interese porque todo lo que aquí expongo es fruto de un cuestionamiento constante que surge de mi interior en búsqueda del verdadero sentido de la vida; mejor dicho, al encuentro del verdadero sentido del vivir; porque yo quiero encontrar el sentido, no buscarlo. Quiero conocer a Dios en realidad, la Inteligencia Suprema y la Causa primera y Única de todas las cosas, pues es la que me va a dar las respuestas. Y ¿dónde la hallo a esta Inteligencia Superior? ¿En las sinagogas, las iglesias, la naturaleza? Puede que allí la encuentre, puede que no, pero en última instancia, siempre la encuentro en mi interior. Todas las enseñanzas antiguas, las originarias, desde los Vedas, la Torá, el Tao, la Biblia, la Kabala, … si las leemos en sus lenguas originarias, en sánscrito, hebreo, arameo, chino antiguo, encontramos un mensaje común: Dios habita en nuestro interior y es a través de la observancia, la comtemplación, la autoindagación, la meditación, que vamos a escuchar al alma, Su reflejo, que nos alienta en esta aventura que es el vivir. ¿Con qué objetivo? Disfrutar de la aventura terrena que nos impone el olvido de nuestra condición divina a través de la ilusión de un mundo holográfico que parece ser real, pero sólo es una pantalla donde todo lo que pensamos se refleja. Puede parecer ciencia ficción, Matrix, pero no lo es. Lo que hay fuera, es la gran pantalla donde reflejamos lo que creemos ser y, como si viéremos una película, nos identificamos con un u otro personaje, lloramos, sentimos sus dolores y alegrías, pero no somos ellos. Cuando terminamos de ver la película en la pantalla, volvemos a ser nosotros. La vida es así mismo. La pantalla es el reflejo. Tú eres la espectadora.

Cuando dejamos que el tiempo orgánico predomine en nuestro cotidiano, y para eso esta situación de aislamiento impuesto nos ha favorecido, el silencio empieza a tomar otro significado más profundo. Hay muchas personas que gracias a esta situación excepcional que estamos viviendo en todo el mundo, han podido conectar con un silencio nutritivo, acogedor, pacífico que lleva consigo presentes que empiezan a cuestionar qué es el vivir, qué sentido esconde, dónde estoy yo delante de todo lo que ocurre a mi alrededor. El tiempo de Cronos no deja espacio a penas solo para respirar, así que en el tiempo de Kairós y Aión, empezamos a descubrir que hay mucho más de lo que nos han contado y que ha estado escrito desde tiempos inmemorables, en las antiguas enseñanzas escritas en las lenguas originarias de oriente y occidente. Las traducciones que nos han llegado, que nos han enseñado, la mayoría son erróneas, interpretando palabras de forma que tergiversan el sentido real de la frase.

Ahora, gracias a las redes sociales, empezamos a saber de eso pues las estudiosas y eruditas de las lenguas en las que están escritas las enseñanzas sagradas antiguas, reclaman que se sepa la verdad de su mensaje. La Red de Amor y Verdad se extiende y convive con la mentira, y aunque ésta La combate a muerte haciéndola invisible con juegos de guerra básicos como cerrar canales, cuentas y perfiles en las redes sociales, otras redes de código libre emergen y así, la Verdad se va difundiendo cada vez más y más, hasta que esta masa crítica sea suficiente para desbancar el gran engaño, la Gran Estafa, y así se acomode el nuevo paradigma existencial regido por el Bien Común y el Biocentrismo. Claro está que en este ínterin estamos viviendo el tiempo y, acostumbradas a vivir en Cronos, nos queda la sensación que no llega, que no llegará, que estamos perdidas, pero eso no puede suceder, pero la Vida no cesa. Todo está conectado. Sólo existe la Unidad. Así que olvídate de todo lo que has aprendido en la escuela, en la familia, en la universidad, en la calle,… vacíate de toda tu historia y reconoce qué eres. Tomará tiempo, pero recuerda que el verdadero tiempo es trino: Cronos, Cairós y Aión. Olvídate de vivir en la segmentación. Entiende el tiempo como la trilogía que es y empieza a disfrutar. Eres más que un cuerpo. Eres alma, reflejo divino, con Sus mismos atributos.

Recordar pide coraje y paciencia, constancia y determinación para que el proceso de integración se dé completo, de forma que no sólo se instalen nuevas maneras de percibir la vida mucho más placenteras y gozosas, sino que estas maneras terminen substituyendo a las que ya no tienen cabida en este mundo de esclavitud que hemos alimentado con nuestra ignorancia y autocomplacencia. La utopía es la que mueve montañas, transforma realidades en certezas del alma, crea puentes de afectos y vínculos de amor, construye ciudades donde la Vida sea protagonista, genera políticas de felicidad, comunidades abundantes y prósperas en comunión con la Tierra. No te dejes llevar por los sueños antiguos de frustración y sumisión, de rebeldía y violencia, de apatía y desánimo. Todo cuento ocurre es perfecto. Estamos en proceso de integrar cantidades enormes de plasma que liberan la Luz de la Verdad, la única Luz que existe. Despierta. Ponte en pie y vive la realidad.

Amor y Servicio.

El silencio de la ausencia

Hay un silencio que nutre, aunque su canto sea inaudible a los oídos de la forma. Dormidas y somnolientas, ni lo sienten ni lo escuchan. Algunas despiertas, lo perciben con más o menos claridad. Es percibido con los sentidos del alma y eso, no se puede negar.

Ese silente sonido es una pulsación latente creadora y creativa a la vez, eterna, inmutable, imperturbable. Permanece oculto a lo vulgar, lo cotidiano, a la ignorancia y al ignorante, marcando infinitamente el paso de la Vida, como si fuera un director de orquesta que moviendo su batuta, hace surgir el único latido vital que todo impregna.

Hay otro silencio que aún no tenía nombre en mi mundo, aunque sabía bien de su existir. Ayer, en la voz de un desconocido, me fue nombrado por primera vez: “el silencio de la ausencia”. Cuando escuché ese arpegio musical, mi corazón sonrió súbitamente. Quedé atenta, a la espera. Reconocí la belleza de la composición y no fue hasta después, que descubrí el tesoro que alberga.

Fue la palabra ausencia la que resonó en mi interior como cuerda de violín en manos de un experto; ella, la ausencia, me presentó en la pantalla de la memoria, imágenes de ausencias vividas, sumidas en ese silencio que esperas sea nutriente, que aporte vida, pero no, sólo paraliza, imprimiendo en la piel y los sentidos, un desamor que aún amando, inmoviliza. ¿Sabes de lo que estoy hablando? Seguro que sí. Silencios que por no comprometerse, se hacen presentes tras el velo de una falsa prudencia a penas entendida. Silencios que sin decir palabra alguna ni gesto que los delate, van impregnados de juicio, creencias personales, apegos y egos educados por el miedo a -¿no ser amada y a amar, quizás?. Quizás a otros miedos, más miedo al fin. Silencios de desazón, de frustración, de exclusión, de irritación, que quedan velados a los ojos inexpertos de quien espera escuchar un compromiso, una acción alentadora, una decisión, una mano amiga, una opinión, una verdad que aunque fragmentada, sea verdad y tras la espera…, sólo queda silencio que acaba siendo ausencia y después, austera ausencia vestida de prudencia.

El silencio de la ausencia es cobarde, y te cuento la interesante etimología de la palabra cobarde. Se remonta al latín y significa “cola”, aludiendo a la cola del perro o del lobo, que la esconden entre las piernas para mostrar sumisión y miedo ante algo a alguien.

Aún siendo un silencio cobarde, sumiso y miedoso, con todo, puedo ver la belleza que se esconde tras el velo de lo aparente, porque la vida me ha enseñado que no hay nada inservible, nada inútil, nada que no pueda ser transformado, y es así como logro ver en este entramado sin tiempo, donde todo tiene sentido cuando cedo y me sumerjo en el compás armónico del Gran Director.

Diez años han pasado de esos silencios sin nombre que nunca fueron nombrados. Podían haber sido dos, cinco años, algunos meses tan sólo; hicieron falta diez años de ausencia para sembrar nuevas semillas de presencia en una tierra más fértil, mucho más fértil hallada en mi interior. Y fue desde esa abundancia de amor que brotaron las primeras palabras que, libres de pesticidas recriminatorios y resentidos, fueron nombrando una a una las ausencias sin pecado, y por arte de Magia, el círculo se fue cerrando. Se estaba preparando un nuevo encuentro.

Cinco meses después, el encuentro se ha dado. Algo ha cambiado. El tiempo sosteniendo el silencio disfrazado de prudencia, ha marcado el gesto humano con las arrugas del dolor y la rigidez en la tez. Por primera vez en años, por boca de un desconocido, se ha bautizado la ausencia de ese silencio y con ello ha empezado a escucharse las primeras notas que llevan aliento. ¿Dónde llegarán? ¿Sembraran verdades? .

Será lo que será y allí quedará en el universo, como todo queda en el Único Verso, a la espera de que alguien en su interior transforme el miedo en nutrición.

Y así queda escrito.

Amor y Servicio

De humedades y manantiales. Relato de un sentir Libre

El relato que titulé como De humedades y manantiales, fue presentado en un concurso literario donde el tema era la Libertad. No llegó a ser finalista. Los ganadores fueron relatos “más conservadores”, diría yo. Me pregunto si la libertad es Libre o la atan los matices.

Dedicado a todos los seres de buena voluntad, con el corazón paciente y placiente.

Si al terminar la lectura te ha hecho vibrar dentro, me siento feliz por ello. Si por el contrario te ha disgustado, molestado o incluso ofendido, disculpa. Mi intención es compartir el arte de poner palabras a sentires, vivencias, sueños, así que lo siento; sólo déjalo pasar y sigue tu camino. Agradecida por tu interés.

De humedades y manantiales

Después de tantos años divorciada y sin relaciones sexuales, a penas tres o cuatro veces practicando el autoamor o lo que mal llaman la masturbación, – y digo mal llamar porqué confunden la turbación con el gozar-, un buen día me topé con la humedad tibia entre mis piernas donde antes andaba la sequedad.

¿Qué me estaba pasando? Mi vulva humedecida sin reparos, sin etiquetas, libre de juicios, valores y creencias. Estaba claro: cada vez que la veía, toda yo sonreía.

Medité durante días, reflexioné, dudé, quise olvidar, me cuestioné y finalmente admití que mi cuerpo estaba vivo y mojado cuando estaba a su lado. ¿Acaso no era obvio el manantial que de mí fluía? Tanto hablar de libertad y ¿lo iba a negar, ocultar o tapar? No. Liberé mi mente de todo aquello que no era obvio y me entregué libre-mente (valga la redundancia) al goce del placer mujer a mujer. 

Nunca antes había experimentado un placer tan bello en lo que al sexo se refiere. No es que la sexualidad mujer-hombre no tenga interés, es que entre mujer y mujer la omnipresencia del falo se desvanece. El encuentro húmedo se ve saciado por danzas sinuosas de libre sentir que mueven el cuerpo al encuentro de dedos juguetones descubriendo grutas, cuevas y rincones donde emergen flores exuberantes, orgullosas de ser, de reverdecer y brotar como manantiales sagrados de Aguas en Libertad. 

Me pregunto cómo sería si en la niñez, la adolescencia o el momento que sea de descubrir la sexualidad propia y la ajena, el sentir erótico y sexual fuera con otras niñas, adolescentes y mujeres poseedoras a su vez de vaginas y vulvas diferentes, multicolores, con humedades diversas y múltiples posibilidades.  Cómo sería si el descubrirse en las otras, fuera aprendernos qué es lo que nos gusta y disgusta, lo que nos place y complace, qué danza y qué ritmo nos estimulan hasta el éxtasis que se repite una y otra vez casi sin fin. Qué sería si antes del encuentro con el falo erecto, penetrador y tantas veces inexperto en el placer femenino, nos instruyéramos en el arte del gozar y el juego del amar entre vaginas, historias, vulvas y recuerdos que nos pudieran contar con risas, cantos y rezos, la sacralidad* de la sexualidad. 

Creo que así evitaríamos mucho sufrimiento. 

  • del sacro: hueso en forma triangular, situado en la base de la columna vertebral. 

Teresa Tendero – Águila Blanca volando alto

Nota: las imágenes que ilustran el texto son de la artista Jacqueline Secor.

Con Amor y Servicio. Por las mujeres que nos precedieron, por los hombres que nos acompañan, por los que no han sabido hacerlo, por los que vendrán, por todas las mujeres y las generaciones futuras, por el Ser Humano. Amén.

La amistad en la madurez

Hoy hace justo una semana que he vuelto de mis vacaciones estivales. Han sido quince días repletos de sensaciones de todos los colores, formas y hermosos sabores, incluso las lágrimas que derramé sanaron más allá de mí. He visitado lugares extraordinariamente lindos donde las aguas de Mama Gaia lucía sus azules ropajes en cascadas, olas, playas desiertas y superpobladas, barcos anclados iluminados por la luna cascabelera, arena, tierra y el dulce navegar del conversar y estar en silencio, pasear, descansar, divertirme y reírme a carcajadas. He andado sola y acompañada por arenas que limaban mis pies hasta volverlos suaves como de bebé. En la tormenta de una tarde, encontré la furia de un recuerdo que, en el mecer de la noche, sanó para siempre la impronta del desamor. He sentido la caricia en mi pelo, la suavidad de la voz que mece, la mirada amiga, el cuidado de madre y ser bienvenida. Me he alimentado de saludable comida y gozado de ricos helados de chocolate y dulce de leche. Mi piel se ha hidratado de sol, brisa, agua salada y aguda de río, de lluvia y de viento de mar. Mi cuerpo se ha coloreado de hermoso bronce. Las velas en la noche y el blanco de nuestros vestidos, la risa del humo danzando en lo sagrado, las cintas y los decretos, los silencios. … Hermosos días de verano.

El retorno, demasiado intenso.

Integrar de nuevo en mi cotidiano los espacios para Kronos, me genera ansiedad. El segundo día de regreso a la labor, los trabajos domésticos y demás cotidianidades, mi corazón empezó a latir con fuerza apurado por la falta de tiempo. Me descubrí ansiosa y sin demora, decidí encontrar la forma de renovar la ilusión en mi vida cotidiana, empezar de nuevo desde otro lugar. Si, ya se que no es del todo nuevo porque nos conocemos desde hace muchos años, pero esta vez quiero que mi encuentro con el reloj y las obligaciones, con lo que tengo que hacer y todavía me disgusta o me cansa, sea placentero, más placentero, más inocente, más dulce, menos exigente.

Y así, entre respirar, sentir y otras sensaciones, hoy sábado (tres días después del episodio de ansiedad), la nostalgia me ha invitado a pasear con ella por el bosque.

Ha sido un caminar despacio, de melodía. La tierra está mojada después de tres días de lluvia, huele a hierba y romero. Los árboles están jugando con la brisa matutina, el camino está solitario, algún ciclista me saluda. Seguimos andando nostalgia y yo. Ella me invita a recordar el tiempo en que las amigas nos juntábamos a cualquier hora posible para contarnos cosas, anécdotas, pensamientos, deseos, anhelos y sueños. No había móviles entonces pero siempre estábamos allí, siempre había espacio para un paseo, sentarnos en un banco o en el portal, para fumarnos un pitillo a medias, mirar la luna, estar. Con el tiempo, las obligaciones ocupan tanto lugar que nos olvidamos de la cotidiana adolescencia y juventud, donde el tiempo todavía no había perdido su sentido de presente, de regalo.

Nos hacemos mayores, adultas y adultos, y con el tiempo, acumulamos cansancio. El cansancio se cura con descanso y hay descanso en las miradas sinceras de bienvenida, en los encuentros de complicidad, en los espacios de sosiego donde las amigas se encuentran de a dos, a tres o más, para sentirse vivas, escuchadas, acompañadas, divertidas, para jugar, reír y llorar, para estar y renovarnos con la química del afecto y el sin-tiempo. Vivir es Amar y en el arte del amar hay presencia.

Sí, siento nostalgia de esa espontaneidad compartida donde nos sentíamos pertenecer, éramos importantes para la otra, nos echábamos en falta  y nos regalábamos tiempo para estar. Regresar a ese espacio-tiempo donde juntas tejíamos el aprender del amor, con puntos nuevos, inventados, aprendidos, con errores y aciertos. Siento nostalgia de esa disponibilidad inocente, libre de horarios y previsiones de cansancio, porque el presente para mí, cuando es vivido como tal, es vital, vivo, viviente.

En el mundo occidental, el estar con las amigas se pierde con la presencia de la pareja. La pareja pasa a ser la que debe saciarlo todo y con exclusividad y, vivir sin amigas de verdad, es como morir un poquito. Las mujeres necesitamos encontrarnos a menudo para renovar nuestra creatividad y placer por la vida. Los hombres también deben encontrarse con hombres, pero nosotras, yo como mujer, nosotras como mujeres, debemos restaurar nuestros encuentros inocentes, renovar nuestra disponibilidad afectiva y encontrarnos. Nuestra sociedad, tal y como está montada, nos aísla y en ese aislamiento, perdemos el sentido del amor, la verdad del amor, y andamos deambulando entre patrones, roles, cultura y costumbres impuestos desde la inocencia de la cuna, diciéndonos cómo es el amar, con quien, cuando y de qué manera.

Yo deseo más. Deseo respuestas que surjan de dentro y autenticidad, no tu verdad o la mía, sino la verdad porque es la única que nos hace libres. Quiero más encuentros espontáneos, que con mis amigas regresemos a la inocencia del estar, y que juntas vivamos satisfechas los placeres del amor y el amar.

Que así sea. Así es.

La sonrisa del tiempo

¡Cuánto bien hace la amabilidad! Un gesto amable, una mirada desinteresada en sí misma, una sonrisa sin más, una risa.

Ayer me encontraba en un aparcamiento público al aire libre esperando que algún coche me cediera su lugar. Estaba de pie observando, al lado de mi coche en doble fila, si algún conductor aparecía. Ya lo he hecho otras veces y siempre funciona, por eso voy con tiempo para entretenerme.

Algunas personas interpretarían que eso es poder de atracción o la atracción de la convicción. Yo he aprendido que el pedir tiene un componente de esperar y con la espera percibí que en la vida no hace falta pedir, sino hacer (del verbo transitar la acción) que lo que espero que acontezca pase. Y pasa, siempre pasa. Sólo es cuestión de tiempo. La pregunta es ¿cómo vivo ese tiempo?.

La lectura me ha enseñado muchas cosas. Quizás la más importante de todas es que todo pasa por mi vivencia, por cómo vivo yo las cosas, como las percibo y qué efecto tienen en mí.  El autor o autora de la obra que leo (extendiendo obra hasta el gran libro de la vida), expresa con sus palabras la verdad que ha creado a partir de lo que ha percibido. Al escucharlas y sabiéndome aprendiz del vivir, he intentado adoptar su saber y ejercitar nuevas formas de hacer para que la vida me sea más fácil, y a menudo no siempre, el resultado después de insistir en el intento, ha sido de desilusión, desencanto, e incluso frustración. Al darles crédito y experimentar en mí su saber, he comprobado que de los muchos y muchas que hablan como maestros y maestras, pocos y pocas lo son.

La maestría es el arte del silencio y la escucha, de la obediencia al ser, conlleva altas dosis de humildad que proviene de la raíz latina humus o tierra, el que se postra en tierra. Para mí, ese postrarse es reconocer que la vida en nuestro planeta Tierra es un intenso aprendizaje siempre partiendo  de cero, el símbolo de la unidad, del círculo, del eterno existir. Aprendo cuando experimento, cuando intento una y otra vez hasta que integro el hacer con el ser y entonces, sólo entonces, puedo ejercitarme en el recrear y cocrear. Antes de integrar, sólo son intentos que podemos confundir con verdades particulares del hacer y entender.

De regreso al aparcamiento donde inicié mi relato del tiempo, percibí un señor dentro de una gran furgoneta buscando algo en su interior. Me acerqué para preguntarle si se marchaba y me dijo que estaba buscando el móvil para llamar y saber si se esperaba o no. Agradecí y regresé a mi coche. En seguida apareció otro hombre con maleta dirigiéndose hacia su coche aparcado a pocos metros del mío. Desde lejos le pregunté si se marchaba y sonriendo me dijo que todavía no, que tenía que revisar unos papeles antes. Le dije que estaba esperando para aparcar y cuando acabara me avisara. Sonrió asintiendo con el sonreír del que sabe lo que complicado que es aparcar, y ese sonreír cómplice, amplificó la satisfacción del saber esperar.

Antes que el señor terminara de revisar sus papeles, el conductor de la gran furgoneta hizo sonar su claxon para llamar mi atención e indicarme con un gesto amable que ya se marchaba y me esperaba para cederme su lugar. Entonces sonreí. No sólo sonreí al conductor de uno y otro vehículo, sonreí al tiempo y a la vida por regalarme su sonrisa cuando me doy tiempo para recibirla.

Enfermedad en latín es falta de firmeza

Mi hijo Eloi de dieciséis años de edad está con anginas y una extensa erupción en la piel. Nunca antes había tenido inflamación de amígdalas y por eso motivo no tenia registro en sí mismo del dolor que conlleva. Empezó hace unos días con irritación en la garganta y un tratamiento de fitoterapia que le fui administrando según mi criterio y experiencia, dado que siempre he utilizado la farmacia natural y remedios homeopáticos para tratar las dolencias cotidianas, pero esta vez, no ha sido suficiente. La noche pasada Eloi entró en crisis y por mucho que le explicaba que era un proceso natural de su cuerpo, él estaba centrado en la angustia que le provocaba el dolor, el miedo a lo desconocido y sus propias fantasías, por lo que finalmente fuimos al hospital.

La doctora que lo visitó le recetó antibióticos debido a las placas de pus en sus amígdalas y un antihistamínico para bajar la reacción alérgica de la misma infección. Tuvimos la suerte de tener en casa el antibiótico prescrito y enseguida empezó con el tratamiento. Todo tiene su propio proceso que cursa dentro de los parámetros del tiempo, pero el tiempo es una medida orientativa para designar el transcurso de los acontecimientos, y aunque es mesurable por el factor Kronos, la vivencia es personal y pertenece a Cairós, así que Eloi creyó que con la administración de los fármacos alopáticos el milagro se haría y desaparecerían inflamación, dolor y síntomas secundarios, pero no fue así.

Necesitamos varias horas más para que Eloi se rindiera a la lucha que había decidido establecer contra su cuerpo y cediera, por fin, el enfado que le producía vivir el dolor intenso como una agresión y una desgracia, tal y como la sociedad nos inculca al engañarnos con el significado verdadero de la palabra enfermedad (entre otras tantas). Finalmente aceptó que los síntomas que su cuerpo estaba manifestando eran los de la propia sanación y que era mejor ayudarlo con pensamientos de agradecimiento y reconocimiento para facilitarle el gran trabajo de mantener su ser biológico en el estado más saludable posible.

¿Cómo lo sonseguimos? Sólo cuando se rindió ante la evidencia de que lucha y enfado no ayudan a los procesos de cambio, más bien los dificultan, y le conté una historia improvisada donde un hombre luchaba con todos sus recursos posibles para que el agua de la presa no se derramara inundando todo el valle donde vivía su pueblo, y lo hacía con ahínco y gran constancia sin importarle recibir insultos, patadas y malos tratos de un tipo que estaba enfadado y asustado por la situación y se empeñaba en vivirla como un drama en lugar de colaborar con el que sabía el remedio. Y ¿cómo podía colaborar?, aportando su propio saber. En este caso, su saber era el pensar: dirigir su pensamiento para unir biología e intención y contribuir a la sanación.

Eloi escuchaba mi conversar desde el lugar donde el yo egóico cede paso al Yo, y entonces, sólo entonces, desde esa rendición que ilumina, asintió con la cabeza y el alma, y empezó a dormir a ratitos despertándose por el dolor del tragar hasta que finalmente consiguió descansar durante varias horas seguidas.

Y ahí está, cuerpo y mente unidas colaborando para sanar la crisis que no es otra cosa más que una oportunidad para revisar qué estoy haciendo, cómo estoy haciendo y qué he de cambiar para sacarle provecho. Tomará unos días, pero el tiempo es arte. 😉

Para mi amiga Eva y su mamá

Ayer asistí al concierto de Navina Soler y Xavi Tasies titulado “Viaje Sonoro Cantado & Mindfulness en Primavera” del proyecto “Cantar la Vida“. Sabía que iba a ser algo muy especial y antes de entrar en la sala donde se iba a desarrollar el canto meditativo, le envié un mensaje a mi querida amiga Eva para que supiera que la experiencia que me disponía a vivir se la dedicaba a ella y a su mamá.

La experiencia fue muy especial. La sala estaba llena de personas que habían escogido vivir el canto meditativo sentadas en una silla, estiradas en el suelo sobre mantas y estores o sencillamente permaneciendo en posición meditativa.  El silencio se hizo presente.  Surgieron las primeras palabras que nos invitaron a cerrar los ojos y escuchar la sencilla campana que nos prepararía los sentidos para iniciar el viaje.

Los paisajes sonoros se fueron sucediendo vivos. El espacio se transformó en ríos salvajes, lagos y cantos de aves que acompañaban la voz humana que resonaba entre los huecos de mi piel recorriendo el entramado de mi  cuerpo. Navegué por lagos y ríos de emociones, cascadas de sensaciones, juegos y recuerdos de naturaleza viva donde el sonido era el propio canto de la vida.  Fue un experiencia hermosa que regalé a mi amiga Eva y a su mamá en su tránsito del vida-muerte-vida.

Al salir, en mi teléfono móvil el mensaje de Eva decía: mamá ya ha alzado el vuelo.

¡Qué misterios esconde la muerte!  En un instante sin tiempo, la vida se desliza hacia otra realidad donde la densidad de la materia no tiene cabida y nos podemos figurar durmiendo, danzando, meditando, que la vida sigue su curso, transformando realidades a cada paso del sendero.

Hoy, en el tanatorio, Eva me contaba serena y satisfecha que cuando su mama partió, su hermana y ella se quedaron a solas con ella, con esa parte de ella que seguirá en la piel más allá de la ausencia y los recuerdos, y antes de avisar a nadie, la desnudaron despacito para asearla y honrar su vida embelleciéndola, mientras recordaban anécdotas de su existir compartido y le cantaban cantos del alma, canciones de gratitud de haber vivido la vida que vivieron. Eva tenía los ojos alegres mientras me contaba todo lo ocurrido y escuchándola, mis ojos han derramado aguas de emoción al sentir su amar limpio, sencillo, sincero. Ninguna palabra ha brotado de mi. Era momento de escuchar y sentir.

En el recordatorio de la partida de Mara Lluïsa, la mamá de mi amiga Eva y de Anna, Olga, Jordi y Raquel, hay un hermoso bosque iluminado por el astro Sol y un hermoso mantra resonando en el espacio atemporal donde todo es, que dice:

Que el sol eterno te ilumine,

que el amor te rodee,

que la inmensa luz que

vive dentro de tí guíe tu camino.

Así sea, así es. Namasté

Hija de la Tierra soy

Cuando el acupuntor dijo que mi páncreas me estaba pidiendo tierra para recuperar vitalidad, salud y bienestar, me quedé con la incógnita de qué era para mi tierra, qué significado tiene en mi vida la tierra, a qué lo asocio y cómo puedo incorporarla en mi ser. El médico acupuntor me indicó varias cosas que podrían ayudarme para colaborar con el tratamiento que estoy siguiendo: andar con los pies descalzos, comer más proteína vegetal dado que soy vegana, paseos y contacto con la naturaleza, masajes…. y todo lo que se me fuera ocurriendo.

Salí de la consulta pensando que me iba a tomarme espacio y tiempo para meditar en mi vinculación con la tierra porque andar descalza ya lo hago siempre que puedo, el contacto con la naturaleza es vital para mí y vivo en un entorno que me lo favorece, puedo ingerir más proteína y regalarme algún masaje quizás, pero hay algo que me falta encontrar. Y aquí estoy, escribiendo.

¿Qué palabras, imágenes, sensaciones me vienen cuando invoco la palabra tierra?. Lo primero e inmediato es marrón húmedo, casi fango y un entorno oscuro donde apenas distingo nada. En esa pedazo de tierra mojada que podría parecer una hez de vaca pero que no lo es, veo cositas blancas diminutas. Me acerco curiosa. Son pequeños gusanos vivos  que me recuerdan que la tierra es el hábitat de multitud de seres y especies diferentes que conviven aportando a la vida de la comunidad su singularidad, tomando sentido cuando se extienden entre las redes afectivas que componen la Pachamama.

Precioso nombre, Pachamama. Es nombre de tierra y juegos infantiles, como cuando con mi hermana, en el jardín de la casa de mis abuelos, nos inventábamos historias donde cocinábamos con la tierra y el agua, las piedras, las hierbas, las flores y los cacharros de nuestra cocinita de madera. Sonrío. La infancia…. eterna sencillez. Y me acuesto en la tierra de ese jardín de niña ahora como mujer y miro hacia el cielo azul. A penas una nube navegando por el espacio redondo de la atmósfera terrestre y recuerdo una noche sin luna, donde el tiempo descansaba a mi lado a mirar el cielo junto dos amigas, Elena y Blanca con sus respectivas hijas de nueve años.

Habíamos cogido algo para alimentarnos y varias mantas para tendernos en la tierra a mirar las estrellas de esa noche de Sant Llorenç donde las estrellas danzan sin parar durante toda la noche dejándose si las nubes y la luna juegan al escondite. Y esa noche yo veía multitud de estrellas danzar y correr. Las niñas se quejaban, las mamás recelaban de mi ver y yo casi dudo que fuera mi imaginación la que viera tantas hasta que una de las grandes estrellas danzó despacito para mí, como en cámara lenta y yo la ví y la señalé para que las demás la vieran y aunque la estrella siguió danzando,  sólo yo la ví. Me reí. ¡Claro que veo las estrellas! Pero… ¿dónde me quieres llevar tierra querida? Y aterrizó de las nubes en las que suelo estar y pongo los pies en tierra. ¿quién soy?

Aunque sonrío ante la pregunta, no encuentro respuesta. Soy hija, y aquí me paro porque también soy madre; pero ahora y aquí soy hija. ¿Hija de quién? ¿Qué es ser hija? Y en silencio noto como se deshacen las costuras del vestido de costumbres y linaje que me cubre y sobre mi cuerpo se deslizan la obediencia a la jerarquía, el sello que oculta el secreto familiar, la pesada losa del quinto mandamiento que dice “honra a tu  padre y a tu madre” sin saber qué es honrar, y me dejo desnudar despacio, sintiendo cómo la frescura de la noche acaricia mi piel descubierta. Y me siento rejuvenecer.  La Gran Mamita querida ha acogido el vestido de mi pesar y ella se encargara de que siga su curso vital. Todo se recicla en la vida. Todo.

Si, soy hija, más no la hija que impusieron las normas de un mundo ausente donde le vivir era una anécdota más sin importar su derramarse  en el aparentar, el conseguir, el luchar y tantas cosas más que han dejado de tener sentido para mí.

Si, soy hija. Hija de la Tierra que me nutre y sacia mi sed a ritmo del despertar que experimento, y descubro mi ser en el mundo y se activan mis instintos drogados por la locura de la ensoñación y comienzo a sentirme libre, eterna, viva en la tierra.

Y sigo siguiendo.

Namasté

En mi cuerpo

Y hoy he vuelto a llorar de ese cansancio del “no puedo más” y pensando de nuevo en porqué me siento tan cansada justo ahora, me he acordado que ahora es momento de atender a mi ser biológico por fin. Han sido nueve años de intenso trabajo personal de reconciliación conmigo misma que se iniciaron con la decisión de un cambio radical en mi vida en el ámbito laboral y en el marital. Rompí con las dos cosas que oprimían mi alma y cerré una etapa que ya había concluido. Fue una experiencia profunda, intensa y arriesgada pero me sentía llena de coraje y fe en mi.

Pasaron cuatro años colocando piezas del puzzle de mi vida que estaban sueltas, apartadas, olvidadas y cuando ya empezaba a ver la forma, la crisis económica me impulsó a una nueva aventura que me ha enseñado mucho, muchísimo de mi, del vivir y el convivir. He sido persistente con mi sueño y aunque a veces me sentido perdida, desolada, derrotada, ahora siento que el ciclo está terminando para seguir su ruta vital y, en ese impás de muerte-vida, rindo mi autoexigencia y acepto que la vida me cuide a través de corazones y manos amigas y amadas que por fin puedo acoger en mi ser sin queja, con goce y consciente tranquilidad.

Siempre me ha costado mucho recibir, me resultaba más cómodo dar y en el dar me olvidé de la ley de polaridad. En mi mente, asociaba recibir a carencia, a no tener y por eso haber de recibir. Me resistía a recibir, me culpaba por no tener y me sentía en deuda. Todo ello habitando mi mente sin formular palabra que lo significara y condicionando mis relaciones sin tomar cuenta de ello. ¡Que curiosa es la mente y que compleja!.  Ahora empiezo a recibir desde la recíproca abundancia y plenitud que soy y me rodea. No lo había visto antes así.

Resulta que en mi proceso personal olvidé mi corporeidad pensando que ésta me seguiría sin rechistar ni reclamar, pero no funciona así. La unidad es unidad en todo y aunque estaba ocupada liberándome de patrones limitantes y comprender la vida en todo su entramado complejo y peculiar, recordando lo olvidado y regresando a los orígenes, en ese regresar mi cuerpo ha dicho basta, es momento de descansar la psique y atender la corporeidad porque la salud  si no es integral, no es salud y se desvincula de la inmortalidad.

Es obvio que el camino que he seguido para realizar mi utopía personal es el mejor que he sabido hacer. Miro atrás, en ese presente pasado, y observo que estoy al término de un cliclo de nueve años en los que he comprendido que: todo lo que ocurre es sólo y exclusivamente a través de mí ya que mi consciencia es autoreferenciada y autoevolutiva, que el verbo reflexivo es el más importante de todas las acciones para encontrar el camino de regreso a la matriz del Ser, que la Fuente Universal de la Vida es un campo unificado sistémico, complejo y multidimensional en el que todo habita,  y que las cosas las aprendo en la medida que me dispongo a aceptarlas y amarlas, nunca antes. Por eso puedo decir que todo lo que he hecho hasta ahora no podía ser de otra forma, me guste o no me guste.

Ahora es momento de relajar mi psique e ingerir más complementos protéicos, más agua, y algún que otro detalle, y confiar en mi biología agradecida que reacciona al amor y cuidado que siento por ella. Esa es mi realidad hoy. Ya no hay porqué llorar. Las lágrimas de hoy sólo han sido el recuerdo de lo que está partiendo.

Sigo aprendiendo.