abundancia

Del deseo y del amar

Sigo explorando el significado de deseo, esta palabra extraña que suena a engaño y ensoñación, a otra manera más de manipularnos con quimeras que nos dirigen hacia la plenitud de la felicidad que, según el patrón dominante, gira alrededor de tener éxito, o sea dinero, para que tus deseos se hagan realidad. Y no es que el dinero sea malo o bueno porque el mal y el bien son conceptos arbitrarios que se modifican según la conveniencia.

Basta que lo desees para que suceda, dicen. Tus deseos se harán realidad porque tu eres el creador de tu vida, pide al universo lo que de verdad deseas y serás complacida complacido,  focaliza tus deseos para que se cumplan, …… y así nos bombardean el cerebro, las intenciones y el sentir con mensajes adornados de parabienes que inciden en nuestro ser carente, ese estado emocional donde “echamos en falta” lo que otros tienen que dicen que es lo más y, desde la carencia, creemos desear eso que dicen que colma al ser  sin saber si esa es nuestra verdad, la que nos dará la felicidad que ansiamos.

Vivimos entretenidas y entretenidos en las verdades del mundo de ficción que hemos creado. Al ver su despliegue publicitario incidiendo en nuestras fantasías de príncipes y princesas de reinos opulentos, creemos que la abundancia de la vida es esa lujuria de los sentidos que distorsiona nuestros sentires con fórmulas mágicas y sortilegios que nos hará tan felices, tan maravillosos, hermosos, luminosos y exitosos, como nos dicen que hemos de ser por “decreto divino”. ¿Cuánta mentira más somos capaces de tragar? La inocencia de la humanidad nos pierde y caemos en la ansiedad de generar riqueza, de conseguir lo que otros desean que deseemos porque lo merecemos, porque somos creadores y creadoras de nuestras vidas, y bla, bla, bla, colándonos palabras que resuenan al alma como meditar, orar, amar y otras, que al mezclarlas con su palabrería nos confunden y seguimos siendo esclavos de sus obsesiones y juegos.

En las redes sociales aparecen miles de mensajes incidiendo en la carencia aunque su apariencia sea de abundancia. Surgen meditaciones, técnicas, cursos, talleres para conectar con nuestra plenitud, para saber decretar lo que deseamos, para sintonizar con los portales de la abundancia. Es importante diferenciar y ordenar en la mente lo que se nos ofrece para no caer una vez más en la locura del engaño. Y no hablo de desconfiar sino de estar despiertas y despiertos a nuestro sentir y escuchar el sabio silencio interior que sin enjuiciar, discierne verdad de falsedad.

Hay un dicho castellano que dice así “No es oro todo lo que reluce”.

El oro que buscamos fuera se encuentra en nuestro interior, estamos compuestos de oro entre otros muchos elementos. En nosotros existe el oro que tanto desearon los llamados conquistadores y por el que arrasaron y exterminaron pueblos enteros. El oro se encuentra en nuestro cuerpo-tierra, nuestras grutas y cavernas, en nuestros ríos de venas y arterias, en nuestro ser interior, y para acceder a él hay que aprender alquimia o el arte de transformarnos y desgranar toda tierra marchita y desincrustar los implantes de la desdicha y la sumisión que impiden que nuestro ser brille como el oro alumbrado por el astro Sol de donde proviene.

Seguimos tendiendo a buscar las soluciones fuera de nosotras y nosotros, a depositar en otros y otras nuestra salud, nuestro bienestar, nuestro amor. Nos hemos acostumbrado a que las respuestas a los interrogantes de nuestras vidas vengan de fuera y nos olvidamos que es dentro donde se halla la última verdad, la única verdad, la verdadera, porque estamos sembrados de semillas vivas con sus potenciales latentes en nuestro ADN, a la espera de activarse por nuestro hacer y ser en la vida. Acceder a la sabiduría interior  es un camino de constancia, dedicación, atención, respeto, libertad y un pacto de autoamor sellado desde la eternidad.

Fuera hay maravillosos espejos donde mirarnos y descubrirnos vivas y vivos. Nos educaron para creer que en la otra y el otro se hallaba la verdad y que sólo a través de ellas y ellos conoceríamos el reino de los cielos, pero es en nuestro interior donde se halla el más fabuloso reino conocido y por conocer.  El viaje interior es el más sorprendente de todos los viajes porque dentro se encuentra todo lo que buscamos. A medida que nos adentramos en nuestros paisajes y misterios, nos reconocemos como seres vivientes, no deseantes, porque el deseo no es vivir, es soñar de ensoñación.

CG Jung dijo. “El que mira hacia fuera, sueña; el que mira hacia dentro, despierta”.

La carencia existe porque en nuestra memoria celular sigue impresa la vivencia del desamor de otros tiempos y la manifestamos en nuestras guerras, conflictos, luchas. Seguirá existiendo en la medida en que sigamos deseando un mundo mejor porque el deseo es quietud, es mirar como declinan los astros en el horizonte y echarlos de menos, es ver como el afán de vencer, de tener, de ganar, mata, esclaviza, pervierte, deshumaniza y nos quedamos quietos deseando que todo cambie y añorando un mundo mejor. Desear no es acción, es contemplación y la vida es acción, es presente constante, es movimiento evolutivo. ¿qué hago para cambiar mi realidad? ¿cómo puedo vivir con mayor paz? ¿qué me impide se feliz?. ¿qué aporto a la humanidad? ¿cómo sirvo a la vida?. La carencia es la manifestación extrema del otro polo de la abundancia. No es suficiente desear vivir en abundancia, hay que moverse en esa polaridad para encontrar el punto de bienestar donde nuestro ser es capaz de vivir sin morir, vivir su vida no la que otros pretenden que vivamos. Encontrar nuestro vivir en el mundo, nuestro ser en el vida no es fácil porque venimos de la noche donde hemos dormido en el olvido del vivir durante unos cuantos miles de años y hay que despertar la recuerdo del vivir, aunque el mensaje viral que nos llegue sea el de morir atrapados en el intento. La muerte no existe. Todo tiene su proceso, su camino, su evolución.

Tengo la certeza de que el mundo que vivimos es maravilloso a pesar de lo nuestras creencias insistan en lo contrario. Te invito a que sólo creas y hagas lo que nace de tí, aunque sea distinto a todo lo conocido, a pesar de las adversidades y las trampas del camino, cree en tí, en tu verdad que nace del Yo y ama con todo tu ser. Ama.

Te dejo este pensamiento de Thich Nhat Hanh, monje budista vietnamita activista por la paz. Es un conversar sabio sobre el amar y el tiempo.

Thay AMAR

Del dinero y mi sentir

Dinero es una palabra generadora de emociones, sentimientos, recuerdos, vivencias muy complejas, dispares y profundamente contradictorias. Gracias a la tecnología que nos acerca a las realidades que viven otros seres humanos más allá de nuestros entorno inmediato, hoy podemos ver morir de hambre a personas sin nada que llevarse a la boca, a familias enteras perecer de desnutrición y desamparo fruto de conflictos bélicos justificados por la carencia. Pero hoy también, nuestra realidad próxima nos recuerda la plaga de la carencia que va más allá de los recursos económicos y se manifiesta en el desalojo de familias que ya no pueden pagar sus viviendas por no tener trabajo remunerado que mantenga un vivir digno y son dejadas en la calle sin importar qué será de su vivir.

Si bien la carencia es escasez, privación y de aquí podría seguir con acción del verbo privar que en sustantivo sería privado y podría continuar con los bienes privados que acumulan en beneficio propio y gotean a la población al antojo de sus divisas, y seguir y seguir describiendo un mar de incongruencias, falsedades, manipulaciones y tantas otras cosas que hoy, no quiero formular, porque este escrito habla de mi relación con el dinero.

¿Qué es el dinero para mí? me pregunté meditando profundamente sobre la abundancia. Durante mucho tiempo, el dinero ha sido para mí aquello imprescindible para vivir y tener una vida digna, proporcionándome alimento, vivienda, vestuario, transporte privado y algún que otro capricho asociado al recreo o momentos de “patio de escuela”. Aunque el dinero me ha correspondido con todo esto, el sentimiento que tenía asociado sin ser yo consciente de ello, estaba lejos de ser el de gratitud, más bien podría describirlo con todo un séquito de adjetivos opuestos a la gracia de recibir una compensación por el trabajo realizado, puesto que trabajar tantas horas del existir para poder vivir siempre me ha parecido una aberración.

El vivir y ser colmados es un derecho nato del propio existir, más siendo consciente de ello y de la dependencia que nos genera, de la manipulación y todos los entramados que conviven con el dinero y los bienes materiales, ¿qué significa para mí el dinero? ¿a donde me lleva esa palabra?.

Apareció ante mí la imagen de la teta materna de donde emana la leche que nutre y sacia mi ser colmándome de placer, salud y bienestar, el líquido sagrado de la vida que fluye a demanda de la solicitud del nacido. Basta con estimular las glándulas mamarias para que derramen su generoso y abundante maná que saciará el deseo de ser nutrido. Eso es para mi derecho nato que no necesita ser escrito porque es por si mismo y se encuentra en nuestro código genético humano.

Y de ahí me llevó de la mano a la conexión con la Gran Madre Gaia y pude sentir sus pechos y su vientre más allá de su sonrisa viviente, sus brazos relajados abrazando la vida que brota de su fértil tierra y comprendí que la carencia está relacionada al vínculo con la tierra y sus ciclos, a su sabiduría, a la hermandad que nos une con toda manifestación de vida y entendí que me olvidé de cómo estimular la teta que me nutre con su blanco líquido abundante y generoso.

Y ahí ando, recordando, reaprendiendo, regresando al origen, entregándome poco a poco a mi naturaleza primigenia, genuina, que sabe qué hacer y cómo hacer para vivir en plenitud.

Por eso medito y escribo meditando, para vaciar mi mente del palabrear que me desconecta de lo esencial.

Ciento veinte días de mi meditar en la abundancia económica

La sabiduría ancestral dice, entre muchos otros decires, que ciento veinte días de meditación continuada con un propósito concreto son los que necesita nuestro organismo para instalar un nuevo patrón, habiendo pasado por los cuarenta días de desvincular los enlaces neuronales del esquema antiguo, y los noventa días consecutivos de alojar una nueva pauta que se consolida en los ciento veinte días. Podemos escoger llegar a los mil días de meditación continuada con un propósito concreto para “ser aquello que haces y hacer aquello que eres”, pero yo me quedé en los ciento veinte.

El viaje ha sido de una gran intensidad, guiado por la constancia y la perseverancia, sin dejar espacios para el desencuentro que, cuando ha surgido, ha sido fugaz. Cada día de este reto de meditación ha sido registrado por mi lápiz y papel en blanco en un cuaderno exclusivamente para este uso. Aquí te lo muestro. 20150506_184915

Mi reto era crear abundancia económica fácilmente en mi vida. Desde hace un tiempo, que este tema centra mis intenciones con obstinación porque deseo vivir en abundancia económica y hasta ahora no lo he conseguido todavía.

Como soy amante de la lectura y disfruto aprendiendo de la vida, he leído mucho sobre la creatividad humana, con bases biológicas, neurocientíficas, fisiológicas, psicológicas, filosóficas, metafísicas y espirituales. Todas aportan sus pedacitos de palabras que conforman un campo extenso de verdad, que sólo puede ser complementado con la propia vivencia que es la que fórmula que opera la verdadera magia de la transformación.

En este reto de ciento veinte días, que no es más que la guinda de muchas horas, días, meses y casi me atrevo a decir vidas vividas, he aprendido a reconocer que la prosperidad es un estado del ser que está vinculada a todos los aspectos de la vida y que por ley de causa y efecto o toma de decisiones conscientes, las personas mostramos fragmentos de nuestra abundancia manifestada en amistades sinceras y nutritivas, en las relaciones amorosas, en el sexo, en conseguir empleos satisfactorios, en posesiones materiales, en espiritualidad,…. más es común que la abundancia no se dé en todos los aspectos de nuestra vida y haya uno o varios en los que no conseguimos manifestar la prosperidad que imaginamos, creemos, deseamos o pensamos.

Yogi Bhajan dijo: “Hacerse rico y próspero, con riquezas y valores, significa tener fuerza para atravesar cualquier obstáculo en la vida. Significa que las transmisiones de tu cerebro y el poder de tu intuición pueden inmediatamente decirte que hacer”.  En mi experiencia, el gran conflicto surge en la mente que sutilmente o no, insiste en dominar la intuición que tan atrofiada tenemos la mayoría de las personas por haberla castigado durante demasiado tiempo con el miedo, el desmerecimiento, la carencia afectiva que se manifiesta en amor-sexo-dinero, la desvalorización y el sentimiento de abandono que solemos instalar en nuestra memoria celular desde el nacimiento.

Por supuesto, nada de lo que digo es ley ni verdad absoluta; es mi vivenciar que deseo compartir con quien le plazca. Y el deseo de compartir no surge del placer sino de la obediencia en mi caso concreto. Hoy,  conversando con una querida amiga, he recordado que la palabra obedecer, para mí está vinculada a la obligación en su concepto de esclavitud, de deudor cargado de cadenas con otro/otra, y eso, aunque ha sido un motor de desarrollo para mí, también ha sido un mar de incertidumbre y soledad, una “asignatura hueso”. Obedecer hoy, en mi día ciento veintiuno, tiene otro significado añadido mucho más compasivo y liberador, es obedecer-me tal y como escribían las escrituras ancestrales que utilizaban el reflexivo para describir el camino de regreso al hogar. Obedecerme, no a mí, sino al Yo Soy, a la consciencia pura o campo unificado.

Sé que todo este despertar paulatino y sin tregua de los tiempos que vivimos, ayudará a las nuevas generaciones a no sufrir tanto por ser quien somos, pues ellas y ellos ya estarán despiertos o su despertar será acompañado del amor que todas y todos merecemos en abundancia infinita y fácil, como teta que nutre al recién nacido acomodando su afluencia a las necesidades del ser que ha nacido.

Eso es para mí el dinero: el derecho nato de ser saciadas y saciados a demanda por la Madre, en intercambio natural de solicitar mediante la estimulación de succión de la mama hasta que de ésta mane el liquido cálido y nutridor que colme nuestro deseo.  Y en mi memoria surge el abandono al que somos sometidos y sometidas por cultura e incultura, por buenas intenciones e ignorancia, por cadenas pesadas que arrastramos desde milenios y que han dejado en nuestras células la impronta de la experiencia del desamor, del olvido de qué somos y hacia dónde volvemos.

Sí, me he derrumbado al reclamar mi parte de leche materna que no se me ha concedido y he llorado mares y océanos hasta olvidar lo aprendido. Y hoy, con una nueva perspectiva, con espacio para escribir las palabras que van definiendo mi sentir-ser, inicio una nueva etapa, otra más en el devenir del existir que no se acumula, sino que suma mi conocer del ser humana, de lo complejo y simple que resulta comprender el entramado de la vida, sus leyes eternas manifestándose en el micro y el macro uni-verso (único verso que estamos conociendo), entre otros uni-versos que componen inimaginables sinfonías de cantos y sonidos que suman la visión de la Vida unificada, sistémica, autoreferenciada, autoevolucionada, autopoyésica.

Obedecer-me a escribir.