arrasando

En el espejo de mis aguas

En el devenir del tiempo reaparecen, de forma cíclica, recuerdos y vivencias que pertenecen al pasado. Se presentan sin previo aviso, de golpe, como tsunami arrasando todo a su paso, sin permiso ni consideración. Así es maya, no tiene compasión.

Maya juega a vencer. Su juego es punzante, astuto, desconcertante. Todo sirve en maya. Es la reina del engaño y la fascinación. Su poder hipnotiza, subyuga y esclaviza. Se presenta de mil formas para que no reconozcas su misterio y, aunque es astuta y perspicaz, sigue siendo parte de la Creación, una más entre todas, uno más entre todos. Su punto débil: el Amor. Y digo Amor en mayúscula para distinguir del enamoramiento que no deja de ser encantamiento y pérdida de visión.

Maya juega a vencer. Sí, a toda costa y a cualquier precio. Alimenta sus sentidos pervertidos con el dolor y disfruta desorientando la conciencia y haciéndote creer falacias fundadas en miedos y patrones de comportamiento. Pero hoy, Yo decido no jugar más al juego de dolor. Nunca más.

He pedido ayuda, porque cuando la bruma se me instala, sola no consigo salir, y ha venido inmediata, en forma femenina, humilde Guardiana del Espejo de Agua que con su cántaro da de beber al sediento e invita a mirarse en el Espejo de las propias aguas para contemplar qué eres, cómo eres, quien soy. Y así ha sido: he visto mi alma sonriente más allá de forma, luminosa como estrella diurna, aprendiza del Sendero que conduce a la realización del compromiso existencial.

«Soy como un espíritu que mora», poema de Percy Bysshe Shelley

Soy como un espíritu que mora
en lo más hondo del corazón.
Siento sus sentimientos,
pienso sus pensamientos
y escucho las conversaciones más íntimas del alma,
la voz que sólo se oye en el rumor de la sangre,
cuando el vaivén de los latidos
se asemeja al sosegado oleaje del océano estival.

He desatado la melodía dorada
de su alma profunda y me he zambullido en ella
y, como el águila en medio de la bruma y la tormenta,
he dejado que mis alas se adornasen
con el fulgor de los rayos.