biblioteca

amar la palabra escrita es recrear la atmósfera del arte de la escucha

la lectura tiene piel y contacto, voz, susurros, silencios suspendidos, gestos, miradas, encuentros. Leer es un acto de amor amando; sólo así los libros perduran.

Estaba buscando información por la red sobre algo que ya no recuerdo, cuando me crucé con las sugerencias de YouTube. Una imágen me captó la atención: el dibujo de un hombre que parecía danzar contento en medio de una hermosa librería repleta de libros. El título del cortometraje mencionaba fomentar la lectura.

Cuando hablamos de lectura según el público que nos escuche, observamos diferentes reacciones. En adolescentes y jóvenes, suele aparecer una cara de aburriendo o un comentario tipo «a mi no me gusta leer», «me cansa leer», «vaya rollo» o algo parecido. Siempre pienso que probablemente no han tenido tiempo (ni en calidad ni en cantidad) para encantarse con el universo del leer.

Mi primer recuerdo con la lectura me lleva a los cuentos ilustrados de gran formato, todo imágenes y con poca letra. Me entretenía con los detalles de los dibujos mientras me imaginaba la historia que había detrás de ellos. Después venía el interés en saber qué contaban aquellas palabras, si se asemejaba a lo que yo había imaginado o me sorprendería con tantísimas posibilidades. Las ilustraciones me invitaron a fundirme en el universo infinito de lo insospechado.

Los espacios donde los libros aguardan y guardan

Entrar en una librería y perderte entre libros es una distracción poco fomentada. En las librerías es común encontrar espacios donde entretenerse con algún ejemplar curioso encontrado en las múltiples estanterías. Por supuesto hay que ser cuidadosas con los libros; cada uno de ellos esconde tesoros que pueden acompañarnos a lo largo de tooooda la vida, incluso más allá de ella, pues los libros son casi inmortales. Y digo casi porque el tiempo es muy distinto para ellos, de hecho no lo conocen; sólo saben que las hojas van amarilleando y pierden su suave textura, se resecan y se vuelven ruidosas, con olor a añejo, pero su historia está intacta esperando pacientemente la mirada amiga que le recuerde una vez más el hermoso arte de escuchar.

Las bibliotecas son también un lugar extraordinario para disfrutar de los tesoros que ocultan los libros. Si te fijas en los estantes, hay multitud de tapas con colores, tamaños y formatos distintos, y si te entretienes a ojearlos, encontrarás infinidad de tipografías, ilustraciones,… una feria para los sentidos y la imaginación.

Para mí, el mejor lugar para mirar y entretenerme con los libros es la zona de la lectura infantil ya sea en librerías como en bibliotecas. En ese espacio reservado para las más pequeñas, el sonar y resonar de las criaturas preguntando a sus mayores eso y aquello, sus risas, su asombro, su intento de susurrear,… me transporta a la aventura de viajar mientras miro y ojeo libros, cuentos y historias que caen en mis manos por el arte del estar.

Entusiasmarnos por la lectura puede suceder a cualquier edad, aunque la mejor es cuando somos aún criaturitas. Amar los libros es fácil si de pequeñas nos enseñan a conocerlos, a descubrirlos, a encantarnos, a saborearlos como si fueran un rico helado o la tarta que hace la abuela, o el pan de mamá.

Quizás cuando leas esto pensarás que sí, que es verdad, pero no hay tiempo para tanto entre el trabajo, la casa, la comida, la ropa, los baños, … solo se piensa en descansar, pero déjame decirte que el tiempo es un estado de consciencia que debemos aprender a usar para amar las pequeñas cosas, las más insignificantes, los instantes, todo lo que parece demasiado diminuto pero es donde se halla el gran tesoro. No dejes que el reloj protagonice tu vida. Enseña a tus peques el arte de amar, no tanto por el amar que también, sino por el arte que es la expresión humana de la Vida. Con el arte todo puede ser expresado, absolutamente todo, incluso lo que no hemos aprendido a nombrar.

Yo tengo la gran suerte de trabajar también con personas ancianas. Son de la generación de cuando la escuela no era para todas y muchas de ellas se quedaron en la puerta sin poder entrar; tenían que trabajar ayudando a la família, o en casa o en la fábrica aún siendo niñas. «Mis ancianas» se sienten analfabetas porque no pudieron estudiar y aprender a leer y escribir bien, fluidamente– como dicen ellas, pero son mujeres sabias. Saben todo sobre el arte de escuchar.

La lectura es el arte de escuchar

Para fomentar la ilusión por la lectura, sea la edad que sea, precisamos educar en el arte de la escucha. El arte de escuchar se ha olvidado; se confunde con el quedarse embobada delante de una pantalla de televisión, ordenador, play station, telefonía móvil, o lo que sea. Es verdad que en el mundo actual regido por el reloj que controla el tiempo para cada cosa, el convivir se reduce a descansar. Esto hace que el recurso de la televisión y de las pantallas para entretener a los más pequeños que siguen sin parar hasta caer dormidos, sea cada vez más común, pero las consecuencias de ello es desatender al humano y así nos va.

Escuchar un cuento contado, una historia leída, en família, en el regazo de la mamá, del papá, en los brazos de la abuela, conlleva una magia que nunca debemos olvidar. No es sólo la voz y sus tonos actuando como ondas vibratorias capaces de generar estados de satisfacción, ternura, pertenencia, afecto,… es la piel que surge con el contacto, la mirada, los silencios entre frases, las preguntas que demandan atención, las explicaciones adicionales, la imaginación genuina que se despierta, la risa y la complicidad. No hay nada comparable a la calidez de un cuento contado por alguien presente y amante.

El arte de escuchar va más allá del oído, es cuerpo, sentidos y alma. Al escuchar, estamos invitando a leer lo que escuchamos y a interpretar lo que imaginamos. Leer no se reduce a los libros; abarca el mundo entero. Leer la Vida, cómo es el vivir, cómo oscilan sus colores y matices, cómo juegan los astros y las estrellas, cómo hablan las plantas y los animales,…

Con el sembrar ilusión por escuchar, contemplar, recrear el momento de estar juntas piel con piel, vendrán los primeros brotes vigorosos y excitados por aprender a leer las sílabas que componen palabras que hacen frases que hacen historias, y ….. si el campo se ha cuidado y cultivado con el suficiente esmero, tiempo, cariño y juego, llegará la cosecha que seguro sorprenderá, sea la que sea. En cualquier caso, siempre permanecerá el vínculo de amor del sentir, pensar y contar.

Para finalizar, te dejo este corto; me ha parecido apropiado para despertar situaciones de escucha, de diálogo, de compartires… Lo recomiendo a partir de 6-7 años en adelante, aunque la edad es solo una sugerencia. Mi deseo es que te inspire.

Con Amor y Servicio.