bienamar

El bienamar de las Mujeres

Nota de navegación del martes 27 de julio 2021. Dedicada al Círculo de Mujeres Jardín.

Allí estaba yo, congelada en el tiempo y el espacio, sentada en nuestra rueda de intimidad verbal de cada martes, sin poder articular palabra, quieta en la nada, en el vacío del silencio que anuncia el desbordar de las aguas profundas sin nombre ni letra alguna.

Allí estaba yo, contemplando la escena que se iba tejiendo ante mí sin poder intervenir en nada más que en la presencia, como una espectadora en el teatro de la vida. Las imágenes se sucedían, sus rostros me miraban, ellas esperaban lo que no podía llegar. La Otra hablaba sin parar, sin pensar, sólo hablaba y decía, y en su decir se enredaban comentarios inciertos, -voy, me quedo, ahora vengo-, cargados de ausencia. Mientras, las Mujeres, seguían mirándome y esperando algo que no alcanzaba a llegar.

De su mirar empezaron a surgir sus palabras sentidas, que como hilos de plata luminosa, se entrelazaban al compás de su sincero amor. Yo seguía muda, quieta, vacía, llorando en cascada interminable de tristeza.

Ellas, las Mujeres, tejían su amor expresado y en cada palabra y gesto que les surgía, el grupo se sostenía en perfecta armonía. Entre sus miradas y mi silencio, nos fuimos encontrando. Ellas, las Mujeres Jardín, lo sostenían todo con su buenhacer y su bienamar; cada una con su arte de ser y estar presente; y entre los cojines de su amoroso sostén, encontré las palabras para compartir mi dolor.

Si algo pudiera definir lo que allí ocurrió, diría Hermandad en mayúsculas y en femenino, porque la Hermandad de las mujeres, la Sororidad que la llaman, es sagrada, bendecida, amada, humilde, presente, útero y pecho de leche, abrazo, ternura, sostén, y sobre todas las cosas, amante como sólo las mujeres podemos amar.

¡Qué bendición pertenecer a este grupo de Mujeres, las Mujeres Jardín, las que entre silencios, palabras, danzas, risas y llantos, tejemos la inmensa y poderosa red de Amor que se extiende más allá de nuestros corazones, expandiéndose por todos los rincones, recordándonos a nosotras mismas y al mundo entero, que el Amor es lo único que sobrevive a todo, porque es eterno; no tiene fin.

Gracias, gracias, gracias, hermanas queridas de mi corazón. Nos une el vínculo del Amor para siempre y por siempre.

Amor y Servicio.

Firmado: Gardenia

Del bienamar y otras venturas

Existe un lugar donde el bienamor fluye como un manantial de agua transparente y cantarina. Es un lugar secreto, no porque se oculte a la vista de nadie; sólo los ojos que ven y los oídos que oyen lo hallan. A palpas me encontraba yo merodeando por sus lares, intuyendo el lugar, escuchando el tintineo de su canto armónico pero cegada mi visión y, así andaba, tropezando una y otra vez en el mismo lugar.

Sin yo saberlo, una hada cantarina por allí revoloteaba; me observa curiosa como andaba de aquí para allá con los ojos vendados, tropezando y volviendo a tropezar. Viendo mi tormento y el afán por encontrar la fuente del BienAmar, se acercó despacito sin yo percibirlo y con delicada destreza, me desató la venda que cubría mis ojos. Pensé que había sido un sueño, pero al estar libre mi visión, como en cámara lenta y volviendo atrás, vi con claridad que fueron sus manos las que guiado las mías, propiciaron el desvelo.

Entonces percibí con pasmosa claridad que nada ocurre fuera sino está dentro, que mi deseo de ser bienamada es ilusión del persistente engaño que juega sin compasión a hacer ver lo que solo es en la imaginación. Puede parecer una locura pero no lo es; entre parecer y parecer, dejamos de creer en el poder del bienamar y andamos sujetas entre vendas y cadenas de ilusión que nos atan y amordazan con feroz insistencia, pues de ello depende su subsistencia, más tengo el sentir cansado de tanto devenir. Decido crear lo que es la única verdad. Basta de escenas de humo y falsos actores secundarios. Sólo existe lo que yo decreto así que voy a practicar la Magia, para que el BienAmar se haga real y reine en mi reino corporal.

Así sea.