ciclos

Honrando sangre y memoria

Tengo 50 años y sigo menstruando regularmente. Hasta hace poco, era de las que decía «qué palo» cuando me venía la regla. Ahora mi vinculación y compromiso con la vida me lleva a honrar mi naturaleza femenina, potenciarla y sumarla a otras mujeres y hombres afines para sanar la tierra y sus habitantes. Todo lo que hago repercute en todo ser viviente, así que no dejes de hacer cosas que beneficien al entorno por creer que una sola cosa no puede cambiar nada. Somos Una, no lo olvides.

Mi iniciación en la menstruación fue caótica, como la mayoría de mujeres de mi edad y mayores. Recuerdo que mi madre lo vivió con ilusión, aunque para mí no tenía ningún sentido celebrar mi sangre menstrual y la entrada al mundo de las mujeres, por que «la bendición de tener hijos» me quedaba lejos y todo lo que imponía la condición de mujer, me sobrepasaba en extremo.

En mi mente infantil, la dualidad contradictoria del mundo de los adultos, enmudecía mi ser: me observo atónita preguntándome con 12 años recién cumplidos, si se puede amar un útero porque te da la posibilidad de parir y tener hijos y, al mismo tiempo odiarlo porque sangras cada mes y eso incomoda? Cómo se convive en un cuerpo que acoge y nutre una vida ajena a ti y a la vez, debes de excluir el signo de tu fertilidad como mujer por ser …. indigno? feo? sucio?. Cuál sería la palabra que describiría mejor el ocultar o disimular el sangrado que me bendice como mujer hasta el extremo de medicarme, si es necesario, para evitar sentir los síntomas de un ciclo de 28 días que va acorde con las fases lunares, con los ciclos de la vida, con nuestra naturaleza biológica. ¿Qué cultura es esta que habla de dignificar la vida y actúa excluyéndola? ¿Qué enseñamos/aprendemos de una sociedad donde decir y hacer son opuestos y en pie de guerra?

La dualidad es una escuela muy dura. Olvidarnos de Grandes Maestros y Maestras de la humanidad y su mensaje, nos ha llevado a la locura de la ignorancia, convirtiéndonos en autómatas de una vida enfocada a muerte y finitud, posesión y ceguera espiritual, sin memoria de lo que somos y lo que significa nacer como humanos. Nos hemos olvidado del vínculo cuerpo/alma indivisible y enseñamos a nuestras hijas e hijos a mantener el engaño y normalizar la contradicción decir/hacer, volcándonos a la esclavitud de la forzada ignorancia, creyéndonos seres sin sabiduría, como envases vacíos a rellenar.

Meses antes que me viniera el primer sangrado, mi hermana mayor vivió la experiencia antes que yo.  En ella vi todo el proceso de transformación y como la contradicción se iba integrando en nuestra incipiente adolescencia hasta normalizarla y hacernos la mujer que debíamos ser.

Ser mujer era depilarse piernas, axilas e ingles (con cera mejor por qué así tarda más a salir el pelo. ¡Eso duele que ni te cuento!). También depilarse cejas y bigote porque queda más pulido; ponerse sujetador porque aunque los pechos son firmes y rebosantes de vida, con el tiempo se caen y quedan «feos»; procurar no manchar bragitas, pantalones, faldas,.. con la sangre del ciclo; los cambios de humor incontrolados es porque las mujeres somos débiles, vulnerables y un tanto histéricas; el aumento de pecho provoca que los hombres te coman con la mirada: te vuelves como un bocata de chorizo ibérico, por tanto «no provoques»;  hay que dejar los juegos «bruscos» «como «cavall bernat» porque son de chico; tener actitud femenina (?), usar faldas para que no se piensen que eres «mari-macho», disimular todo lo que puedas que estas en tus días de sangre, usar tampones para bañarte y esconder el cordoncito que cuelga entre los labios vaginales,…..  ¿ESTO ES SER MUJER? ¿Dónde estoy yo?. No me encuentro. 

No quería ser mujer. Me gustaba correr y revolcarme en la hierba como una croqueta, nadar en el agua y jugar con las olas bravas del mar sin preocuparme de «cordoncitos» ni manchas, tirar de la cuerda con fuerza para que mi equipo ganara, reír a carcajadas sin pensar que «no era apropiado para una chica», pasar desapercibida delante de los hombres, ir con pantalones y las que mi madre me compró con tanto esfuerzo, ser fuerte, llevar el pelo corto para no peinarme, no pensar en depilarme ni en lo poco femenina que eran mis cejas corridas,… no quería renunciar a ser libre; pero inevitablemente sangré recién cumplidos los 12 años.

Mezcla de espanto y asco al ver la mancha marrón en las bragitas un mediodía en casa después del colegio y antes de comer. Voy en busca de mi madre que me confirma la mancha de menstruación, y se pone contenta, extrañamente contenta. Tengo que decírselo a mi padre como si fuera algo importante. Para entonces, él estaba en cama, muriendo poco a poco de un cáncer en la vejiga.  Me sentía mal. No quería ser mujer, no quería asumir tanta responsabilidad, no quería abandonar mi inocencia y empezar a desconfiar del mundo. Ser mujer se me presentaba como aceptar sufrir sin ninguna otra opción. Hasta la Biblia dice: «Parirás con dolor», decía mi madre.

Muchas son las recién estrenadas mujeres que siguen sintiendo esa misma sensación de fastidio en cada sangrado cíclico. Sentirse sucia, inadecuada, incorrecta, excluida; torturada por mi condición feminidad.

http://rojomenstrual.blogspot.com.es/2013/01/los-misterios-de-la-sangre.html

«Dibujo extraído del blog Rojo menstrual»

En nuestros ciclos menstruales pasan muchas cosas, todo un mundo de sensaciones, encuentros, transformaciones que vivir y experimentar que, al no tener el acompañamiento adecuado, las vivimos con miedo y dolor de ignorancia, y así transmitimos «ser mujer» de generación a generación como un castigo, una amenaza a nuestra libertad, una esclavitud impuesta donde vivir «normalizadas» es vivir ocultando nuestra naturaleza cíclica, transformable, intuitiva, creativa y profundamente nudridora. Hemos perdido el vínculo con la sacralidad de la vida.

Feminidad y masculinidad son energías complementarias que convergen en un mismo ser. Cada una es distinta a la otra y potencia diferentes aspectos que complementan nuestro expresión en la vida.

Para mujeres y hombres es importante que volvamos a vincularnos a nuestras energías predominantes y observemos su naturaleza cíclica, escuchando la sabiduría que habita en cada fase lunar. Como habitantes de la Tierra, somos permeables a toda manifestación de vida y, Luna, Sol, astros existen también para ayudarnos a recordar que somos seres vivos inmersos en ciclos de evolución y transformación.  Estamos dotados de consciencia, intuición y libre albedrío para aprender a vivir en armonía con la diversidad y experimentar la Unidad como fuerza creativa.

Cada manifestación de vida tiene un significado sagrado que nos vincula a la Totalidad, así la sangre menstrual es una ofrenda de sabiduría ancestral que mantiene intacta la información genética de nuestros antepasados. Si la tiramos a la basura como un deshecho, estamos deshonrando nuestros ancestros, nuestro transitar por la Tierra desde hace tiempos inmemorables, y nos debilitamos como especie.

Reconecta con la sacralidad de la sangre menstrual. Celébrala en tu vida, hónrala y sitúala en el lugar que le corresponde, ofrécela a la tierra, a tus plantas, congélala para que tengas medicina bendita siempre a punto que puedes atomizar como remedio homeopático. Regresa a los círculos de mujeres para revitalizar tu ser y experimentar la fuerza de la naturaleza femenina.

Los círculos de mujeres son redes afectivas donde crecemos todas en Amor, para sanar, nutrir y defender la vida digna. Invita a hombres y trae a tus hijos en las celebraciones mixtas para que podamos crecer juntos, festejando la Luz de la Luna y del Sol que nos influencian a todas y todo. Acércate al ritual para liberarte del engaño y conquistar la verdadera libertad, recordando la importancia de celebrar los ritos de paso, las fiestas de la tierra, los solsticios. Únete a la Red de afectos que existe por muchos lugares, o crea un nuevo círculo cercano.

Te dejo un enlace a «Arboleda de Gaia» por si es de tu interés.  «Actualmente Arboleda de Gaia está formada por círculos de mujeres sin fines de lucro, que se reúnen en sincronía con la Luna en diversos lugares del estado español. Si deseas participar en ellos puedes escribirnos para pedir información. También realizamos algunos encuentros mixtos para celebrar las fiestas de la Tierra de la Europa pre cristiana, rescatando del olvido la tradición nativa de nuestros ancestros que sabían vivir en conexión con la naturaleza y, honrando sus ciclos, aprendían a relacionarse correctamente según las leyes universales.» Texto extraído de http://www.arboledadegaia.es/las_hijas_de_gaia.html