crear

Del bienamar y otras venturas

Existe un lugar donde el bienamor fluye como un manantial de agua transparente y cantarina. Es un lugar secreto, no porque se oculte a la vista de nadie; sólo los ojos que ven y los oídos que oyen lo hallan. A palpas me encontraba yo merodeando por sus lares, intuyendo el lugar, escuchando el tintineo de su canto armónico pero cegada mi visión y, así andaba, tropezando una y otra vez en el mismo lugar.

Sin yo saberlo, una hada cantarina por allí revoloteaba; me observa curiosa como andaba de aquí para allá con los ojos vendados, tropezando y volviendo a tropezar. Viendo mi tormento y el afán por encontrar la fuente del BienAmar, se acercó despacito sin yo percibirlo y con delicada destreza, me desató la venda que cubría mis ojos. Pensé que había sido un sueño, pero al estar libre mi visión, como en cámara lenta y volviendo atrás, vi con claridad que fueron sus manos las que guiado las mías, propiciaron el desvelo.

Entonces percibí con pasmosa claridad que nada ocurre fuera sino está dentro, que mi deseo de ser bienamada es ilusión del persistente engaño que juega sin compasión a hacer ver lo que solo es en la imaginación. Puede parecer una locura pero no lo es; entre parecer y parecer, dejamos de creer en el poder del bienamar y andamos sujetas entre vendas y cadenas de ilusión que nos atan y amordazan con feroz insistencia, pues de ello depende su subsistencia, más tengo el sentir cansado de tanto devenir. Decido crear lo que es la única verdad. Basta de escenas de humo y falsos actores secundarios. Sólo existe lo que yo decreto así que voy a practicar la Magia, para que el BienAmar se haga real y reine en mi reino corporal.

Así sea.