cueva

La Cueva olvidada

Hay un lugar que permanece oculto a los ojos humanos. Se encuentra en espacio de silencio donde la brisa juguetea con silbidos, cantando perfumes de fertilidad. Yo lo conozco como La Cueva de Sommia pero en otras lenguas, otros nombres le dan.

Aunque es espaciosa y se recorre a pie, mejor descalza si puede ser, en la Cueva de Sommia hay lugares donde debes sumergirte bajo aguas tan profundas que fin parecen no tener. Ellas guardan hermoso secreto luminoso brillando en las noches como estrellas de firmamento y titilando suaves acordes que ondean al viento.

Entre laberintos de hiedra y flores de hermosos colores, habita un baúl de tronco de árbol. En su corteza se dibujan formas que cuentan historias y, su tapa es gruesa pero no pesa. Se abre con el cantar del alma y si el canto engaña, permanece cerrado y muy, muy callado.

Se deja acariciar con suavidad. Tiene cosquillas en sus costados y si le susurras bajito a alguno de sus múltiples agujeritos, se estremece y suavemente se mece.

Aunque ausente en el recuerdo humano, nunca se siente olvidado pues habita en Tierra de Sommia donde nada ocurre por azar y todo se entrelaza.

Cuando lo encontré andando en mi aventura del vivir, posé mi rodilla en reverencia y ante él canté la canción de mi sonrisa que suena a fresa y huele a verde que humedece y también levita. No había escuchado todavía mi canto, aún anidando en mi corazón y, antes de terminar, la tapa se abrió. Miles y les de monedas de oro, brillantes relucientes y ssonrientes se mostraron dichosos ante mí.

En cada moneda hay impreso un rostro que pertenece a hadas del bosque, sabios y sabias de los tiempos, enanos, sacerdotisas, artesanos y otros seres de la inmensidad. Junto a sus rostros se encuentra una frase escrita en lengua de duendes. Cada una de las monedas colma un sueño a realizas; cuando ha ha servido, desaparece en luna llena y se junta a cantar con otros  monedas de otras cuevas hasta la próxima luna negra donde dormirá por tres días enteros hasta volver a despertar en la siguiente luna llena, entonando nuevas canciones que contarán historias sin terminar, porque los cuentos son los sueños, son eternos.

El gran cofre siempre se encuentra lleno. Por más que saques una moneda, dos o cien a la vez, siempre está preñado y sólo se vacía cuando ya no hay sueños a realizar. Dicen las sabias y los antiguos que eso ocurrió hace mucho, mucho, mucho tiempo atrás, cuando el tiempo no existía y vivían en la Edad de la Ensoñación confundiendo verdad con falsedad.

Tengo mi moneda en la mano y un sueño a realizar. Después vendré a por otra cuando desee más. Hasta entonces creo y recreo belleza con mi don y talento al servicio de la comunidad.

Catorce de enero del dos mil quince