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Conversaciones de taxi

Esta mañana, como es costumbre desde que Emili está haciendo recuperación, hemos cogido un taxi que nos lleve a Rehabilitación. Cada dia es distinto el Sr Taxista, alguna vez hemos coincidido con alguno, pero suele ser siempre un chofer diferente. Es un trayecto corto; de unos 4-5 minutos como mucho.

En esos breves minutos pueden acontecer conversaciones de «llenar espacios», cómodos silencios y conversaciones que hacen honor a con-versar porque tienen ese componente poético de prosa versada,  palabras con alma y sentido.  Hoy ha pasado esto último y ha empezado así:

Haciendo referencia a los aparatos electrónicos del taxi (donde se comunican con centralita y se ven las tarifas que aplican), Emili ha elogiado las nuevas tecnologias. A este comentario, el Sr. Taxista nos ha ido explicando a demanda de nuestras preguntas, las características del aparato central donde no sólo marca la tarifa, sino que a través de GPS, centralita localiza el taxi más cercano al servicio solicitado y envia un mensaje que aparece en pantalla, avisando simultáneamente por señal acústica que puede sintonizarse al móbil por si en ese momento el taxista se encuentra fuera del taxi. A partir de allí, tienen la opción de aceptar o rechazar el servicio.

taxi i taxista

Un breve paréntesis en la conversación y, casi llegando a nuestro destino, el Sr Taxista dice: «Hemos avanzado mucho tecnológicamente y en investigaciones científicas. Eso está muy bien, pero humanamente seguimos permitiendo la esclavitud, seguimos matándonos con guerras absurdas por motivos religiosos, por una tierra que nos parece de propiedad, por …. En humanidad estamos en la edad de Piedra. Sólo nos diferencia que no somos caníbales pero hay otras maneras de devorarnos unos a otros».  Su voz era calmada, de aquel que observa y ve, siente y piensa, y no se queda en pensamiento sino en sentir.

Entonces, en el espacio de dura un silencio, se han hecho presentes entre nosotros  y  asientos, imágenes atroces de hombres, mujeres y niños hambrientos, cuerpos destrozados por metralla enemiga, llantos de caras desconocidas sufriendo la pérdida de hogares y seres amados, hombres desconsolados por la impiedad del desalojo, niñas vendidas a ricos pederastas, esclavos en minas para la extracción de coltán, niños-soldado drogados para resistir la violencia …. ¿Cuanto horror podemos soportar los humanos? ¿Hasta cuando viviremos olvidando qué somos?,

Sometidos por la bárbarie que entra en nuestras vidas sin permiso, ametrallando mentes con dureza de desamor, sucumbiendo a normalizar situaciones que nos sitúan en la escala de la evolución como la especie capaz de destrozar su propio hábitat, devastando su único medio de subsistencia, arrasando pueblos, asolando bosques, prados y selvas, envenenando aguas fuente de vida, seguimos anestesiados por el poder decadente del llamado bienestar y mantenemos escuelas, estamentos y gobiernos que promueven el canibalismo civilizado.

¿Para qué esta decadencia atroz? ¿Necesitamos aprender así?

Llegamos a nuestro destino con el corazón conmovido. Un silencio emotivo se ha hecho manifiesto momentos antes de desocupar el taxi. Gratitud en el ser por compartir humanidad, esperanzados, porque el humano todavía vive y late entre ruidos y asfalto, conectado a Pachamama y clamando al viento el recuerdo del verdadero significado de Humana-unidad.

Gracias Sr Taxista por este reflexivo viaje.