dones

Raza azul. Tribu noche

Soy Noche Cósmica Azul. Nosotros la raza azul tenemos muchas similitudes con los habitantes de Pandora aunque no podemos ser fotografiados por que somos muy sensibles a la luz artificial.

Tengo una edad aproximada de 22 años, apunto de 23, aunque en relación a la medida del tiempo terrenal poseo la sabiduría de una mujer de 49 a punto de 50, pero resulta complicado de explicar. Donde yo habito, el tiempo no existe como medida lineal; es una sensación íntima, elástica, comunitaria, que nos mantiene en un retorno constante al presente, donde todo simplemente es. El pasado y el futuro son palabras carentes de sentido para nosotros. Tenemos recuerdos que conforman la huella de nuestros antepasados, pero están vivos en nosotros.

Mi piel es azul porque nuestra raza es azul transformador. Existen cinco tribus en cada raza. Yo soy de la tribu noche y mis dones son intuición, percepción, profundidad y mente. Los dones son herramientas de ayuda para desarrollar el poder, misión o servicio de vida.  La noche es el lugar oscuro, misterioso, íntimo donde equilibro mis dones y aprendo a utilizarlos para ser.

Mi palabra clave es presencia que se relaciona con la primera ley: la unidad del movimiento. Es el principio del movimiento universal. “Todo cuanto existe está en perpetuo movimiento, des de lo más sutil con las vibraciones hasta lo más denso y pesado como expresión de bajas frecuencias, a tal punto que estos extremos parecen en reposo.” 

Nuestra vida gira en torno a las siete leyes fundamentales. Yo me instruyo en el principio que otorga la trascendencia a todo lo que funciona con la Ley del Uno que manifiesta: “el movimiento es la energía que fluye desde la fuente y regresa a ella, transcendiendo y así perdurar más allá del tiempo y del espacio”.

Nuestro hábitat es apaciblemente silencioso y abundante en armónicos. Podríamos decir que sería como vivir en vuestras agua marinas, donde el medio transmite las vibraciones sonoras con gran velocidad manteniendo así el vínculo. Para nosotros las distancias no son medidas de espacio y tiempo; son deseos de realización. Así solemos entonar cánticos, sonidos de vida, danzar y tocar instrumentos que construimos nosotros y que os proporciona la naturaleza.

Tenemos por costumbre celebrar las múltiples manifestaciones de la vida como los cambios de estación, los nacimientos que para nosotros son encarnaciones, las desencarnaciones, los viajes, los vínculos de unión, los rituales de paso para acompañar el tránsito, …

Nuestro saludo es “Te veo” como agradecimiento a la presencia y reconocimiento del otro.

Vivimos en comunidad, esto quiere decir que no tenemos espacios privados.  Reconocemos la individualidad como parte viva y esencial del mantenimiento y evolución de la comunidad. Cada una aporta y recibe para el bienestar común.