encuentro

Y tú ¿qué es lo que más deseas?

El cielo está cubierto de nubes que de forma intermitente, entre azules y brisas, descargan agua sobre las calles de mi localidad. La tierra se nutre agradecida y exhala aromas de primavera aunque la temperatura es de finales de invierno. Sigo con mi reto de ciento veinte días escribiendo en el blog con la intención de transformar algo en mi interior que todavía no tiene nombre o palabra que lo defina y, en éstas, salgo al encuentro de lo que me inspire. Aparece: Y tú ¿qué es lo que más deseas?.

¿Yo? ¿lo que más deseo?, y después de breves instantes de vacío sin respuesta me pregunto ¿qué es deseo? ¿qué significa desear? Busco la etimología de la palabra para que me dé pistas a seguir, aunque me pregunto si lo hago para que mi mente distraiga al corazón, y encuentro: del latín clásico, la raíz del verbo desidere, permanecer sentado; posteriormente hay una influencia del lenguaje astrológico que dice desiderare o declinar un astro por el horizonte, dejar de verlo, lo que resignificó el verbo clásico desidere en el actual “hechar de menos”.

Esta claro que la palabra deseo está relacionada con la quietud que es, entre otras, la manera de observar el cielo y ver como desaparece una estrella con la que de alguna manera nos hemos vinculado desde que la percibimos hasta que desapareció de nuestro alcance. Algo lejano, inaccesible, o sencillamente que pertenece al recuerdo. ¿qué es para mi deseo? ¿dónde me lleva el deseo? ¿es un recuerdo? ¿un imposible?, más lo imposible no existe porque existimos en el mar de las posibilidades y lo imposible es polaridad de posibilidad. Insisto, ¿qué es deseo para mí? ¿a qué vacío me atrae? Y me sumerjo en las aguas profundas del fango para acudir a la sabiduría de la tierra que intuyo aunque todavía no siento, y allí me quedo esperando.

Presiento que el deseo es una abstracción del sentir eterno. Me habla de tiempos lejanos donde la vida era Una y todo estaba vinculado, mucho antes del reloj de tiempo. Entonces no habían deseos porque todas las preguntas y dudas, eran explicadas  por los grandes seres que habitan la tierra y nosotros escuchábamos su saber pues conocíamos el lenguaje de la vida, sus sonidos, sus silencios, sus voces. No había tantas palabras para designar cada cosa porque la vida es luz-sonido-forma en nuestra geometría, y las palabras describen sólo una parte de esa maravillosa trilogía.

El deseo surgió cuando empezó la noche del olvido, como una semilla que alguien depositó en nuestro existir para guiar nuestra particular y única forma de regresar al hogar, al Yo donde habitar sin tener que ir a ningún lugar.

Sabias y sabios de distintas tribus, razas y especies de toda la Tierra se reunieron en un gran círculo para meditar cómo dejar signos y señales que activaran el recuerdo del regresar. Sabían que la larga noche cósmica, como todas las aventuras vitales, tenía retos, peligros, caminos y encrucijadas que exigiría a todos y todas la temible vivencia del olvido. Surgieron muchas propuestas que una a una fueron escuchadas, conversadas, valoradas sin dejar ninguna excluída. Algunas se descartaron por intervenir en la libertad del ser. Las que permanecieron fieles a los principios de la hermandad se distribuyeron entre artistas, artesanas, gentes de oficio, pensadoras, y toda colectividad que representara la singularidad del ser viviendo en la Ley de dualidad o también conocida como género. Cada colectivo imprimió su rasgo distintivo en piedras, pergaminos, esculturas, arquitectura, para que en la larga noche y llegado el momento justo, los seres humanos recordaran el camino de regreso al hogar.

Entre todos los grupos, se encontraba la comunidad de duendes que tras días enteros de conversar, decidieron sembrar en el ser humano la quietud  como forma de recordar. La depositaron en su Espiral Vital, que después algunos llamaron ADN, la encantaron ( que en lengua de duendes es cantar) para que latiera más fuerte, con más presencia cuando la noche se hiciera intensa y que de su interior surgiera tanta luz que iluminara como faro, guiando hasta el puerto las almas de viajantes.

Algunos hablan del deseo como añoranza, otras suspiran sin saber por qué, otros miran el cielo, algunas se empeñan en permanecer hacia atrás… Mi verdad hoy es que deseo es camino de encuentro, es momento presente que configuro en el mismo instante en que vivo.

Nada más puedo decir. Quizás después, otro día, más adelante…. quizás.