enfado

Enfermedad en latín es falta de firmeza

Mi hijo Eloi de dieciséis años de edad está con anginas y una extensa erupción en la piel. Nunca antes había tenido inflamación de amígdalas y por eso motivo no tenia registro en sí mismo del dolor que conlleva. Empezó hace unos días con irritación en la garganta y un tratamiento de fitoterapia que le fui administrando según mi criterio y experiencia, dado que siempre he utilizado la farmacia natural y remedios homeopáticos para tratar las dolencias cotidianas, pero esta vez, no ha sido suficiente. La noche pasada Eloi entró en crisis y por mucho que le explicaba que era un proceso natural de su cuerpo, él estaba centrado en la angustia que le provocaba el dolor, el miedo a lo desconocido y sus propias fantasías, por lo que finalmente fuimos al hospital.

La doctora que lo visitó le recetó antibióticos debido a las placas de pus en sus amígdalas y un antihistamínico para bajar la reacción alérgica de la misma infección. Tuvimos la suerte de tener en casa el antibiótico prescrito y enseguida empezó con el tratamiento. Todo tiene su propio proceso que cursa dentro de los parámetros del tiempo, pero el tiempo es una medida orientativa para designar el transcurso de los acontecimientos, y aunque es mesurable por el factor Kronos, la vivencia es personal y pertenece a Cairós, así que Eloi creyó que con la administración de los fármacos alopáticos el milagro se haría y desaparecerían inflamación, dolor y síntomas secundarios, pero no fue así.

Necesitamos varias horas más para que Eloi se rindiera a la lucha que había decidido establecer contra su cuerpo y cediera, por fin, el enfado que le producía vivir el dolor intenso como una agresión y una desgracia, tal y como la sociedad nos inculca al engañarnos con el significado verdadero de la palabra enfermedad (entre otras tantas). Finalmente aceptó que los síntomas que su cuerpo estaba manifestando eran los de la propia sanación y que era mejor ayudarlo con pensamientos de agradecimiento y reconocimiento para facilitarle el gran trabajo de mantener su ser biológico en el estado más saludable posible.

¿Cómo lo sonseguimos? Sólo cuando se rindió ante la evidencia de que lucha y enfado no ayudan a los procesos de cambio, más bien los dificultan, y le conté una historia improvisada donde un hombre luchaba con todos sus recursos posibles para que el agua de la presa no se derramara inundando todo el valle donde vivía su pueblo, y lo hacía con ahínco y gran constancia sin importarle recibir insultos, patadas y malos tratos de un tipo que estaba enfadado y asustado por la situación y se empeñaba en vivirla como un drama en lugar de colaborar con el que sabía el remedio. Y ¿cómo podía colaborar?, aportando su propio saber. En este caso, su saber era el pensar: dirigir su pensamiento para unir biología e intención y contribuir a la sanación.

Eloi escuchaba mi conversar desde el lugar donde el yo egóico cede paso al Yo, y entonces, sólo entonces, desde esa rendición que ilumina, asintió con la cabeza y el alma, y empezó a dormir a ratitos despertándose por el dolor del tragar hasta que finalmente consiguió descansar durante varias horas seguidas.

Y ahí está, cuerpo y mente unidas colaborando para sanar la crisis que no es otra cosa más que una oportunidad para revisar qué estoy haciendo, cómo estoy haciendo y qué he de cambiar para sacarle provecho. Tomará unos días, pero el tiempo es arte. 😉