hechos

In-corpore-ando inocencia

Me encuentro en viaje de retorno transitando por tierras conocidas por las que no había vuelto a pasear. Aparecen recuerdos olvidados de los que me escondo tras palabras erróneas que mi alma desaprueba. Empiezo a pensar en engaño y verdad, y sin discriminar, uno.

Impulso de comprensión me lleva entre libros, y el pequeño evangelio que me regaló Fernando antes de regresar a su isla, sale a mi encuentro.  Juan me llama y en el 15.7 leo:

«Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho«. Juan 15.7

Busco la palabra «pedir» en el diccionario de lengua de la RAE (Real Academia Española). Del latín petere, (tratar de conseguir, dirigirse hacia) se define como: rogar o demandar a alguien que dé o haga algo por gracia o justicia.

Regreso al texto y leo con detenimiento dejando que las palabras suenen, siguiendo su vibración hasta encontrar resonancia de pertenencia. Mi espacio parece abrirse en antiguo conocimiento que presente, me muestra la comprensión que anhelo, y pienso en el uso y abuso de las palabras, que en nuestras tierras sujetas a engaño y muerte, sesgan extractos de sabiduría ancestral para vender en mercado de nuevo paradigma existencial a precio de Secreto, gritando: «Despertad. Somos creadores. El poder está en tí. Pide y te será concedido».

Con sonrisas de éxito, los nuevos mercaderes del templo, cuentan sus deseos de abundancia saciados con grandezas,  clamando a los cuatro vientos ser poseedores de verdades, mientras su juego de lujuria y engaño continua desafiando sentidos dormidos. Espacios se llenan de peticiones y aullidos. Quiero….., te pido…., dame….., concédeme… ¿Qué está pasando? ¿Qué es tanto ruido? – Es la pesadilla del humano que, creyendo haber despertado, permanece aún adormecido entre almohadas de perfidia y olvido. Y así, las palabras se convierten en trozos de paraísos perdidos. Y seguimos sufriendo, gimiendo aturdidos.

Leo de nuevo: «Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, (…)«. Juan 15.7

Encuentro vínculo de consciencia con esencia, y comprendo que pedir es hallar en mi la permanencia de palabras que despiertan mi ser para consciente, ofrecerme a la vida y que ella se ocupe de expandirme.

Siento al rededor y dentro. Admito mi falta de honestidad en el presente olvido y me rindo. La vida me da tanto!!!!

Comprendo que pedir no es saciarme, sino permanecer en la impermanencia de Ser quien Soy y habitar, con mayor conciencia, la diversidad de Todo cuanto soy: una en mi, una en manifesto sentir, una en existir, en transitar, una en vivir y convivir, siendo fin y principio a la par.

Percibo que no tengo palabras para demandar, solicitar o requerir. Qué puedo pedir si en mí existe todo?.  Pedir a quién, si Todo habita en mí. Palabras savias que se repiten en tiempo, con eterno mensaje de memoria y regreso.

Recordad!– claman los vientos.  Recordad!– repite el eco, y mientras despertamos el recuerdo, seguimos buscando el santo Grial entre parajes externos de engaño, hastío y celo por oro que deslumbra y aturde el sentimiento. Emborrachados de néctar de olvido, sufriendo el paso de un tiempo, que sin existir, engulle aliento.  Tamaño engaño exige silencio.

Aquieta el viento y escucha el soplo. Insiste, por que poco a poco, con repetir de intento, niebla se abre y surge haz de entendimiento. No es de-mente. Es alma, espíritu y cuerpo.

Rescato inocencia del olvido olvidado y siento. Soy regreso. Niña y mujer queriendo, ausente de miedo, corazón abierto, acogida entre Padre/Madre que habita dentro, como cuando todo era bello y el espanto pasaba entre abrazos y palabras de aliento.

Y si tengo que pedir, pido no pedir para que este acto sea ofrenda de hechos.