hemisferios

La vía de la reforma de vida

Lo femenino en lo masculino y lo masculino en lo femenino

Fragmento del libro La Vía. Para el futuro de la humanidad. Autor: Edgar Morín. Cuarta parte. Reformas de vida. pág. 252-253.

Debemos saber que cada sexo lleva en sí la presencia del otro sexo, aunque de forma atrofiada, recesiva o latente. Así, el hombre ha conservado pezones, y el clítoris femenino es un pene reducido. No se trata de superar lo masculino o lo femenino en una especie unisex, sino más bien de completar la tendencia a la igualdad hombre/mujer mediante el incremento de caracteres propios de la feminidad en el hombre (cuidado y ternura) y de caracteres propios de la masculinidad en la mujer (profesiones de responsabilidad y autoridad). La diferenciación (¿genética?, ¿cultural?) entre los hemisferios cerebrales ha desarrollado en el hemisferio dominante masculino la capacidad de análisis y abstracción, y en el hemisferio llamado “femenino” la intuición y aprehensión global, pero hombres y mujeres poseen los dos hemisferios, y lo ideal sería asociar el sentido de la abstracción y el análisis con el sentido de la intuición y lo global en un pleno empleo común de los “dos sexos del espíritu”, como ya propugnaba Michelet.

La civilización occidental moderna, esclava del poder y de la eficacia, ha llevado a los hombres a practicar actividades técnicas, materiales, competitivas, a veces despiadadas, mientras que las mujeres han quedado relegadas al universo maternal y afectuoso. Son las mujeres las que, en un mundo de machos dominantes, brutales y limitados, han salvaguardado la amabilidad y la ternura. De ahí lo acertado de la frase de Aragon: “La mujer es el futuro del hombre”, en el sentido de que toda civilización humana debe integrar las potencialidades de amor y afecto de lo femenino. Tal vez las mujeres estén mejor preparadas para unir complementariamente lo sensible y lo racional. ¡Que el hombre siga siendo hombre, pero que se feminice! ¡Que la mujer siga siendo mujer, pero que se masculinice! Que cada uno posea y asuma su propia fuerza y su propia fragilidad.

Además, en esta época nuestra en que los conocimientos están cada vez más dispersos y compartimentados, las mujeres quizás estén más preparadas que los hombres para captar la complejidad de los grandes problemas de la vida personal y colectiva. Vivimos, más que nunca, en un tiempo en que la forma de conocimiento propia de las empresas masculinas conduce a la ceguera (por incapacidad de concebir lo complejo y lo global) y a la barbarie. La civilización necesita una potente inyección de feminidad.