instintos

Infinita dimensionalidad del Ser

Desde el lugar donde mi visión se expande, observo a vista de águila y reposo tribal, paisajes de colores fugaces donde emergen formas que redimensionan mi ser en vértigos de profundidad.

¿Qué es la infinitud y cómo puedo medirla sino es con mi vivencia? Se habla de los atributos divinos de cada organismo viviente y, referente al ser humano, de su capacidad excepcional de raciocinio que abriga conciencia. Así marcamos la diferencia con otros habitantes del planeta que, compartiendo espacio, transitan los instintos sin saber que nosotros, por ignorancia,  creemos ser mejores que ellos cuando somos (sólo) estilos vivientes de diversidad.

Mientras las formas se ocupan en distraer nuestras intuiciones y tergiversar visiones para recrear asociaciones fantasiosas que distorsionan nuestra real-deidad, todo sigue su curso imparable, impecable e inmutable. Y no es que no se nos tenga en cuenta en el engranaje de la Vida; más bien se trata de proseguir con la evolución de La Unidad en toda su complejidad y optimizar el flujo de Amor Eterno que crea y recrea los recursos necesarios para compensar el enorme vacío existencial en el que deambulamos ausentes de sí mismos, transitando por el no-Ser y la no-Vida, la no-Luz que nos organiza para morir, la finitud temida.

Pero aún así, el final, la muerte, sigue siendo invento humano de miedo y olvido, castigo divino por no obedecer los dos mandamientos que rigen el orden universal: El primero “Ama a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”, y el segundo “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:28-34). Pero ¿cómo amar a lo desconocido?, ¿cómo seguir un mandato sin comprender?.  Se nos trata cómo máquinas desde Descartes y el resultado ha sido sumergirnos en el intelecto produciendo tecnología capaz de mantenernos conectados en red, vivir en presente sin limitaciones espaciales, acceder a lugares del micro y macrocosmos que reconstruyen el conocimiento de la vida, y…. olvidarnos que todo lo conseguido sin el equilibrio del afecto que produce la vivencia del Amor, es camino de dolor y sufrimiento.

El ser humano está creado para la Plenitud, de ahí que la búsqueda de la satisfacción nos lleve por caminos que recorren senderos demasiado largos, estrechos, angostos, tenebrosos, porque nadie nos ha educado para ello. Confundimos satisfacción con plenitud, pasión por compulsión, vínculo por compromiso, deseo por esclavitud,… y así vamos dejando atrás el auténtico significado de símbolos de vida que nos comunican el eterno mensaje de retorno. “Hágase en la tierra como en el cielo”. Pero….. ¿qué es ese cielo? ¿qué es esa tierra?

¿Será la tierra el barro del que hablan los escritos con el que se unge nuestro cuerpo? ¿Serán valles y montañas que recorren bosques y praderas reflejando nuestro íntimo paisaje interior?

Y el cielo ¿está en el azul de lo alto o en las aguas profundas del Ser? Similitudes sospechosas de encuentros afortunados de placer y bienestar.

Paramahansa Yogananda dice “Cuando la inmanencia de Dios se hace patente en el entendimiento del ser humano, despierta en él la comprensión de que tiene el deber y el privilegio de adorar a Dios en el templo de su propio ser y en el templo de todos los seres y objetos del universo”. Spinoza y otros pensadores así lo afirman. Así pues, si Dios habita en mi y es inmanente, ¿qué soy yo?

Desde el lugar donde mi visión se expande nuevamente, me observo como parte de una totalidad que no logro abarcar, pero sí percibir. Cual neurona en sistema nervioso, siento que habito un espacio sin tiempo, donde recorro el viaje de la consciencia. No requiero trasladarme neuronade lugar ni mover nada que no tenga ya su movimiento constante; todo transcurre en el mismo instante presente, actual, ahora y siempre. Soy como un cristal de múltiples caras capaz de reflejar el infinito colorido de haz lumínica cuando encuentra cristalino. Y sí, reconozco mi naturaleza crística, redimensionando mi ser numinoso donde todo Es viviente.

¿Puedo sentir toda esta magnitud? Más allá de mi cuerpo y mi mente, dentro de ellas y envolviéndolas, sigo siendo yo, cómo átomo y partícula al unísono, como axión y chispa electróquimicomagnética que compone la Gran Complejidad a la que pertenezco.

¿Cuál es mi dimensión? ¿Qué frecuencia soy? Transito por la pugna de recuperar Conciencia y Ser en mi, en ti, en la creación, “con todo mi corazón, con toda mi alma, con toda mi mente y con todas mis fuerzas“. Y así habito el espacio vinculándome a otros entes pulsantes para pulsar conciencias latentes en cáscaras de olvido.

Y vivo presente, arte en mis venas, palabras que suenan en teclados de sinfonía de inmensa plenitud. Me ofrecen la custodia del recién nacido. Somos muchas las personas llamadas.

Tiempo de arte, espacio de vida. Sol de primavera, Luna de invierno.

Psicología de la gratitud

El significado de gratitud

Fragmento del libro “Psicología de la gratitud”. Autores: Divaldo Pereira Franco, Joanna de Angelis

Capítulo 1, pág. 26-29

El verbo gratitud viene del latín gratia que significa literalmente gracia  o  grato que se traduce como agradable. Por extensión, significa reconocimiento agradable por todo cuanto se recibe o es concedido.

La ciencia de la gratitud surge como la más elevada expresión de madurez psicológica del individuo, que lo impulsa a la vivencia del ennoblecimiento.

El hábito de recibir ayuda y protección se genera desde el momento de la fecundación, pasando por los diversos períodos del desarrollo fetal hasta la edad adulta, sin tener consciencia de lo que se le ha ofrecido, lo que empieza a construir el ego interesado exclusivamente en disfrutar sin mayores responsabilidades.

Acumulando favores que lo benefician, solamente adquiere noción del valor de lo que se le ofrece cuando el discernimiento aflora en la personalidad  y  lo conduce a su vez, a la contribución personal. Desacostumbrado en cierta parte a no retribuir, puede volverse soberbio y presuntuoso, atribuyéndose  méritos que realmente no conquistó.

A medida que los instintos abren espacios para las emociones, el amor ensaya sus primeros pasos en forma de bondad y gentileza con los otros, caracterizando el desarrollo ético-moral. En esta fase, el amor se manifiesta a través del deseo de servir, de contribuir, de ayudar…, en definitiva, de gratitud. Este significado existencial es relevante, ya que proporciona el cambio de comportamiento egoísta, ensayándose en las primeras manifestaciones de gentileza y altruismo.

Cuanto más se desarrolla el sentimiento afectivo, más expresivo se hace el sentido retributivo.

Al inicio se trata de una emoción-deber, que auxilia la liberación del ansia de acumular y retener. El discernimiento faculta la comprensión de que todo es movimiento en el universo en formato de dar y recibir, de conceder y retribuir, y cualquier conducta estanque propicia la instalación de enfermedades, desajustes y muerte.

La recompensa, manera simple de retribución, se presenta como el paso inicial para la futura gratitud.

En el adulto, rara vez se produce la emoción espontánea de agradecer, esto es, bendecir todo aquello que contribuye de forma automática y también afectiva, a alcanzar el nivel de existencia en el que se mueve. Cuando se conciencia de esa evocación, un himno de alegría canta en su mundo íntimo. No hay lugar para la exigencia delante de cualquier carencia o reclamación por no haber disfrutado determinadas situaciones que antes le parecían de real importancia. Reflexiona que, por la fuerza de los hábitos adquiridos en otras vidas, encuentra en su vida presente orden, progreso, bondad, o infelizmente, fenómenos perturbadores que asolan la sociedad… localizando en el contexto social un tanto amorfo, la ausencia del sentido existencial de felicidad, que empuja a dejarse conducir o arrastrar por el flujo de los acontecimientos…

El despertar para la gratitud se inicia en forma de alabanza a todo y a todos.

Francisco de Asís, al llegar al estado numinoso, de inmediato alabó la gratitud con el himno, a veces dulce, a veces suave, en favor de todas las criaturas: hermano Sol, hermana Luna, hermana lluvia, vegetales, animales y todo cuanto vibra y glorifica la creación. Cuanto más exaltaba lo que a muchos parece insignificante o destituido de valor, su agradecimiento enriquecido conseguía dignificar y enaltecer aún más las cualidades.

Ciertamente, conforme anunció un filósofo popular, la belleza del paisaje se encuentra en los ojos de aquellos que lo contemplan. No es exactamente así lo que ocurre más existe una dosis alta de razón en el concepto, ya que solamente quien posee belleza y armonía puede identificarla donde quiera que se encuentre. No teniendo esa sensibilidad desarrollada, el ser humano no puede distinguir lo banal de lo especial, lo grotesco de lo bello, y así por delante.

Claro está por tanto, que gratitud, para ser legítima, exige que haya un mínimo en la criatura de ese encanto por la vida, una delicia dulce que la torna preciosa en cualquier condición que se manifieste, que le hace comprender la magia del existir, percibiendo las dádivas que se multiplican en incontables expresiones de intercambio.

En el sentido opuesto, el ingrato es aquel que se mantiene en el proceso primario, lejos de la percepción del objetivo esencial de la existencia. Criatura maltratada que se detiene en la injuria y en las circunstancias iniciales del proceso de desarrollo ético y moral. Que se niega a crecer, albergando resentimientos de hechos de pequeña o gran monta, que encontraron aceptación emocional profunda, estableciendo como rebelión la experiencia del desarrollo emocional. Nadie puede fertilizarse emocionalmente si reacciona a los factores propiciatorios del mecanismo especial de maduración. Es indispensable dejarse moldear por las circunstancias y superarlas mediante la autoestima y el autoreconocimiento.

La gratitud es siempre en relación a otros, a los fenómenos existenciales, jamás al orgullo y la presunción. ¿Cómo reconocer agradecimiento por uno mismo sin caer en el abismo del ego sin discernimiento? ¿Cómo ser agradecido al ego, si este es incapaz de liberar las circunstancias del self , responsable por la magnitud de la mejora del ser?. Tomemos como imagen para reflexión la concha de la ostra que no permite que la perla acrisolada sea recogida. Para que tenga sentido real, la vigorosa corteza ha de romperse para que brille la gema pálida y notablemente construida.

Muchas veces o casi siempre es a través de la ruptura, de la fisura que se puede encontrar más allá del exterior la perla adormecida en la total intimidad: el diamante sumergido en el carbón grosero, la estrella escondida más allá de la nube y el polvo cósmico…

Agradecer por tanto, significa impregnarse de emoción lúcida y consciente de la realidad existencial, más no solamente por lo que se recibe, sino también por lo que nos gustaría conseguir así como por lo que aún no se es emocionalmente.

Despojándose de la esclavitud de la posesión, el ser se colma de bendiciones que esparcen la sinfonía de la gratitud.

Agradecer el bien que ha sido, así como el mal que no aconteció todavía, teniendo en vista que solamente ocurre lo que es necesario para el proceso del crecimiento espiritual, conforme la programación de la ley de causa y efecto.

Gratitud es como la velocidad de la luz recorriendo los espacios e iluminando todo la ruta sin darse cuenta, sin el propósito de diluirse en la antorcha incandescente que marca su conquista.

Una de las razones fundamentales para que la gratitud se exprese es el estímulo propiciado por la humildad que hace que todo cuanto se recibe, se comprenda, desde el aire que respiramos gratuitamente, a los nobles fenómenos automáticos del organismo que preservan la existencia.

En esa percepción de la humildad, brota el sentimiento de alegría por todo cuanto es hecho por otros, aunque no haya consciencia, en favor y en beneficio de los demás. Esa identificación proporciona la madurez psicológica, facultando comprender que nadie es autosuficiente hasta el punto de no servir a nada o nadie, en una soberbia que expresa fragilidad emocional.

Sin ese sentimiento de identificación de las manifestaciones gloriosas del existir, la gratitud no va más allá de la presunción de devolver para no estar debiendo al otro, para pasar incólume por los caminos existenciales sin cargar deudas,…

Cuando se es agradecido, se alcanza la individualidad que liberta. Para conseguir ese nivel, el camino es largo, atrayente, fascinante y desafiador.