integración

Los procesos de integración

Paramahansa Yogananda, maestro de las antiguas enseñanzas védicas, afirma que “se requiere de cinco a ocho años para substituir un mal hábito potente por uno bueno”. Cuando habla de mal hábito potente, hace referencia a los hábitos perniciosos que dominan la conciencia de sí mismo sometiéndola a placeres sensoriales pasajeros. Al leer esta frase, me sorprendió la cantidad de tiempo (de cinco a ocho años!!!??) que necesitamos para restablecer el orden de nuestra naturaleza intrínseca. Esto me lleva a pensar en la estructura de nuestro mundo en la que desde muy pequeños nos enseñan a percibir el tiempo sólo desde su perspectiva cronológica y lineal, obviando la percepción del instante presente (ahora) y del presente continuo (eternidad). ¿Será intencionada esta manera de educarnos? ¿Tiene una finalidad concreta? Obviaré entrar en este tema porque nos desviaría de lo que quiero expresar en realidad.

Al vivir regidos por un tiempo artificial, el del reloj, y obviar el tiempo de caos y el de la eternidad, nos sentimos huérfanos de sentido existencial, de pertenencia. Estamos a expensar de un factor temporal que exige pleitesía, subyugación y obediencia absoluta sin posibilidad de negociación ni juego de intercambio. En definitiva, estamos entregando nuestras vidas al antojo de unos pocos amos, en comparación con la cantidad de seres humanos que habitamos la Tierra, pero esos pocos tienen el poder de organizar nuestras vidas a través del factor tiempo. Ellos se creen amos de Cronos y actúan como tal; y en su fantasía de Señores del tiempo, lo han organizado todo de forma que generan esclavos sumisos a su servicio; esclavos que justamente por su naturaleza humana (adaptativa, pacífica y amable), terminan lamiendo la mano de su opresor a cambio de estar más o menos bien alimentados, con una hogar más o menos decente, el dinero justo para creerse libres y alguna comodidad material saciada a fuerza de sufrimiento y esfuerzo; y así nos van generando la ilusión de vivir en el bienestar. Pero queridos y queridas lectoras, eso es solo una ilusión. El bienestar no es eso para nada.

No te digo todo esto para que te molestes, te enojes o te violentes. Mi intención es que tomes conciencia de lo que en realidad está ocurriendo desde hace muchísimo tiempo atrás, para que regreses a tu interior, donde están las respuestas a todas las preguntas, si es que te surgen preguntas. Si no te surgen preguntas ante todo lo que estamos viviendo, es probable que este artículo no te interese porque todo lo que aquí expongo es fruto de un cuestionamiento constante que surge de mi interior en búsqueda del verdadero sentido de la vida; mejor dicho, al encuentro del verdadero sentido del vivir; porque yo quiero encontrar el sentido, no buscarlo. Quiero conocer a Dios en realidad, la Inteligencia Suprema y la Causa primera y Única de todas las cosas, pues es la que me va a dar las respuestas. Y ¿dónde la hallo a esta Inteligencia Superior? ¿En las sinagogas, las iglesias, la naturaleza? Puede que allí la encuentre, puede que no, pero en última instancia, siempre la encuentro en mi interior. Todas las enseñanzas antiguas, las originarias, desde los Vedas, la Torá, el Tao, la Biblia, la Kabala, … si las leemos en sus lenguas originarias, en sánscrito, hebreo, arameo, chino antiguo, encontramos un mensaje común: Dios habita en nuestro interior y es a través de la observancia, la comtemplación, la autoindagación, la meditación, que vamos a escuchar al alma, Su reflejo, que nos alienta en esta aventura que es el vivir. ¿Con qué objetivo? Disfrutar de la aventura terrena que nos impone el olvido de nuestra condición divina a través de la ilusión de un mundo holográfico que parece ser real, pero sólo es una pantalla donde todo lo que pensamos se refleja. Puede parecer ciencia ficción, Matrix, pero no lo es. Lo que hay fuera, es la gran pantalla donde reflejamos lo que creemos ser y, como si viéremos una película, nos identificamos con un u otro personaje, lloramos, sentimos sus dolores y alegrías, pero no somos ellos. Cuando terminamos de ver la película en la pantalla, volvemos a ser nosotros. La vida es así mismo. La pantalla es el reflejo. Tú eres la espectadora.

Cuando dejamos que el tiempo orgánico predomine en nuestro cotidiano, y para eso esta situación de aislamiento impuesto nos ha favorecido, el silencio empieza a tomar otro significado más profundo. Hay muchas personas que gracias a esta situación excepcional que estamos viviendo en todo el mundo, han podido conectar con un silencio nutritivo, acogedor, pacífico que lleva consigo presentes que empiezan a cuestionar qué es el vivir, qué sentido esconde, dónde estoy yo delante de todo lo que ocurre a mi alrededor. El tiempo de Cronos no deja espacio a penas solo para respirar, así que en el tiempo de Kairós y Aión, empezamos a descubrir que hay mucho más de lo que nos han contado y que ha estado escrito desde tiempos inmemorables, en las antiguas enseñanzas escritas en las lenguas originarias de oriente y occidente. Las traducciones que nos han llegado, que nos han enseñado, la mayoría son erróneas, interpretando palabras de forma que tergiversan el sentido real de la frase.

Ahora, gracias a las redes sociales, empezamos a saber de eso pues las estudiosas y eruditas de las lenguas en las que están escritas las enseñanzas sagradas antiguas, reclaman que se sepa la verdad de su mensaje. La Red de Amor y Verdad se extiende y convive con la mentira, y aunque ésta La combate a muerte haciéndola invisible con juegos de guerra básicos como cerrar canales, cuentas y perfiles en las redes sociales, otras redes de código libre emergen y así, la Verdad se va difundiendo cada vez más y más, hasta que esta masa crítica sea suficiente para desbancar el gran engaño, la Gran Estafa, y así se acomode el nuevo paradigma existencial regido por el Bien Común y el Biocentrismo. Claro está que en este ínterin estamos viviendo el tiempo y, acostumbradas a vivir en Cronos, nos queda la sensación que no llega, que no llegará, que estamos perdidas, pero eso no puede suceder, pero la Vida no cesa. Todo está conectado. Sólo existe la Unidad. Así que olvídate de todo lo que has aprendido en la escuela, en la familia, en la universidad, en la calle,… vacíate de toda tu historia y reconoce qué eres. Tomará tiempo, pero recuerda que el verdadero tiempo es trino: Cronos, Cairós y Aión. Olvídate de vivir en la segmentación. Entiende el tiempo como la trilogía que es y empieza a disfrutar. Eres más que un cuerpo. Eres alma, reflejo divino, con Sus mismos atributos.

Recordar pide coraje y paciencia, constancia y determinación para que el proceso de integración se dé completo, de forma que no sólo se instalen nuevas maneras de percibir la vida mucho más placenteras y gozosas, sino que estas maneras terminen substituyendo a las que ya no tienen cabida en este mundo de esclavitud que hemos alimentado con nuestra ignorancia y autocomplacencia. La utopía es la que mueve montañas, transforma realidades en certezas del alma, crea puentes de afectos y vínculos de amor, construye ciudades donde la Vida sea protagonista, genera políticas de felicidad, comunidades abundantes y prósperas en comunión con la Tierra. No te dejes llevar por los sueños antiguos de frustración y sumisión, de rebeldía y violencia, de apatía y desánimo. Todo cuento ocurre es perfecto. Estamos en proceso de integrar cantidades enormes de plasma que liberan la Luz de la Verdad, la única Luz que existe. Despierta. Ponte en pie y vive la realidad.

Amor y Servicio.