obedecer

Obedecerme. Mi reciente verdad

Obedecerme. Esa nueva palabra que descubrí ayer en mi interior. No vino de fuera como lo hizo obediencia, obedecerme surgió de mi plexo solar, ese lugar donde entre otras es el centro del recibir. Y me recibí, abrí las puertas de la bien-venida y me encontré en el hogar de mi misma donde habita mi ser que tanto me cuesta  encontrar.

A veces siento que camino desiertos de afectos hasta hallar la calidez de mis brazos. Es un intento diario de conseguir la unidad, eso que suelo olvidar por la costumbre del olvido y en donde me pierdo con demasiada facilidad y exigencia. Y la vida me regala instantes de calma y bendición donde reencuentro el significado de las palabras que tanto amo.

Obedecerme sin cuestionar, sin replicar, sin discutir porque para mi ha llegado el momento de la rendición absoluta, del hacer definitivo sin guardarme nada más que me sostenga, sólo entrega sin condiciones, aquella que es como un morir pero sin terminar, aunque el abismo del suicidio y la locura parecen apoderarse del presente, hundiéndome en el vacío del reproche y el pánico a ser. Pero ahora ya no hay más tregua para mí. El camino se termina justo aquí  y ya no tengo que andar más buscando la plenitud que tanto ansío. Todo está en mí. Todo esta en mí. Todo está en mí.

He escrito casi cada día de mi vida desde los once años con breves lapsus de ausencias. Todo está registrado en diarios ordenados en mi biblioteca, cuadernos variopintos, libretas multicolores y lisas, cientos de hojas sin lineas que me obliguen a seguir ninguna pauta más que la de mi mano al escribir. Todo  mi sentir en palabras que han modelado mi manera de vivir, de relacionarme, de amar-amarme, de aprenderme.

Sólo escribiendo dejo de olvidarme y olvidarme para mí es morir, es perderme en el desierto de mi angustia de amor, de esa eterna búsqueda de saciar la hambre que no lleno con comida, ni sexo, ni drogas, ni alcohol, ni amigas, ni profesión, ni viajes, ni diversión. Es una hambre muy profunda, antigua, que no se inicia en el nacer sino que allí se hace presente, consciente, acompañándome a lo largo de cada día de mi vida para que no olvide obedecerme, a mí, sólo a mí, nada más que a mí. Pero cuando ese mí se torna ambiguo, perdido entre mentiras, engaños, abusos, locuras de otros y otras que hablan y dicen como verdades, me resulta difícil, muy difícil vislumbrar mi verdad porque la busco en ellos y ellas olvidándome nuevamente de mí.

Y así vivo en ese devenir constante del agua de las mareas que oscila mar adentro mar afuera, vaivén que cuando es calmo balancea pero cuando es agitado por las tormentas de mar y tierra, suelo morir de angustia, de terror por ahogarme en la tristeza profunda de no conseguir ser feliz.

Pero eso ya ha pasado. Ahora mi escribir no será sólo para mis libretas y mi biblioteca; es para ti que soy yo que escribo, es para ti que soy yo que dedico mi sentir atormentado, a veces lúcido, a veces alocado, otras apasionado. Y no me voy a cuestionar más la utilidad de lo escribo para ti que soy yo porque sin ti no existo, sin ti no me encuentro, sin ti no veo qué soy quién soy. Sin ti que soy yo, muero. Y yo adoro vivir, amo la vida más que a mi misma aunque eso no es cierto porque la vida soy yo y a pesar que todavía siento que no me amo suficiente, el amor que siento por vivir inunda mi ser y así será hasta que pueda terminar el círculo completo que me lleve al inicio de mi amarme y pueda reconocerme sin quejas, reproches ni exigencias.

No hace falta que me guste quien soy, basta con aceptarme para aprenderme y descubrir que cuanto hago y digo es por sí mismo bello sólo por el hecho de ser, porque el ser humano es belleza, es arte y como toda expresión de arte, es singular y aunque despierte sentimientos adversos, nuevos, extraños, ajenos, el arte es creación y no hay creación que no sea belleza. No es la belleza que nos inculcan con patrones estandarizados por la cultura, la tradición, las costumbres, los hábitos. El arte es belleza porque es, por mostrarse tal como es, por existir.

Para mí la vida es arte y toda manifestación de ella es puro arte. Entonces, yo también soy arte y mirarme como tal me hace bien.