sueño

Plasma-ndo la real-i-dad

12 de agosto de 2020

Escrito a mano con pluma de tinta de color lila. Para nos. 

Todo el camino recorrido parea llegar aquí, punto clave de inflexión de la Vida, donde encarno la Verdad Yo Soy.

Años de aprendizaje, aprendiendo a discernir lo que es Real de lo que es creencia, ilusión, holograma, proyección; acercándome cada vez más a la desnudez de la Verdad Yo Soy Aquí en la Tierra, creando la Realidad interna en la materia, organizando la Vida, generando la posibilidad de una nueva realidad donde nada de lo que creí es válido, porque Yo encarno la nueva realidad, el nuevo paradigma de Libertad que libera.

Mi Ser en el mundo genera posibilidades que construyen el Mundo en quinta dimensión.

Yo Soy la prueba fehaciente de que Es Real. 
Yo Soy el Ser creador que plasma lo que ya es en sí mismo.
No necesito crear nada nuevo, 
solo asentarme en la Verdad 
y dejar que Ella se manifieste
mediante la entrega de mi Conciencia dinámica.

Yo Soy el Verbo que ordena al Plasma
aquello que ha de manifestarse; 
no porque lo cree, 
sino porque ya existe,
y sólo requiere de Plena Conciencia
para que pueda manifestarse.

Yo Soy la Visión manifestándose 
en el Flujo universal de la Vida.

Nada de lo que he creído antes de ahora era consistente, sólo ilusorio; proyecciones holográficas limitantes que mantienen los seres subyugados como rebaños para alimento de otros. Pero este tiempo ha terminado. El ciclo vital de la Tierra como organismo vivo, ha llegado a su consciencia expandida a todo su Ser, o sea, a todos los habitantes de la Madre Tierra, incluso al hombre, el más débil de todos, el eslabón perdido.

El ciclo vital se ha cumplido y Ahora es el momento de la escisión: continuar con el viejo paradigma, o encarnar el nuevo paradigma. La decisión es nuestra; depende de ella nuestra permanencia en esta atmósfera o el traslado a otra adecuada a nuestro patrón vibratorio. Todo son experiencias de ser, aprendizajes de Vida en sus múltiples e infinitas variantes, tantas como sea posible, con la certeza que todas llevan al mismo punto originario: el Zero.

Claro que Somos reflejos divinos porque no hay nada más que Eso; lo que nos confunde es dónde ponemos la atención, en qué nos identificamos. Escogimos encarnar en este tiempo para colaborar a plasmar la nueva realidad. Todo lo aprendido anteriormente (sudor y lágrimas) es pasado, es ayer, es instable, perecedero, mutable. El humanoide se reedita aquí en la Tierra. Lo único imperecedero es Aquello que Es que sólo puede manifestarse cuando estamos vacías, vacías de todo lo que no tiene consistencia por sí misma. Sólo Ser.

EL mensaje se te ha repetido a lo largo del camino y tu has seguido fiel, experimentando lo que te parecía más cercano a la Verdad Única. Has experimentado muchas cosas que te confirmaban que aún había más. Cada vez más autoreferenciada, has encontrado la Verdad Única.

Crea lo que ya Eres,
manifiesta lo que está escrito.
Conoces la Voz Interior.
Ella sigue guiándote,
y nunca ha dejado de hacerlo.

Sigue esta Voz interior
que no conoce condición alguna
porque Es Aquello inmutable,
que al proyectarse,
muta sin dejar nunca de Ser:
Como el agua que puede cambiar de forma y siempre es Agua.

Mécete en la Verdad 
y Danza a su son.

Amor y Servicio.

La Cueva olvidada

Hay un lugar que permanece oculto a los ojos humanos. Se encuentra en espacio de silencio donde la brisa juguetea con silbidos, cantando perfumes de fertilidad. Yo lo conozco como La Cueva de Sommia pero en otras lenguas, otros nombres le dan.

Aunque es espaciosa y se recorre a pie, mejor descalza si puede ser, en la Cueva de Sommia hay lugares donde debes sumergirte bajo aguas tan profundas que fin parecen no tener. Ellas guardan hermoso secreto luminoso brillando en las noches como estrellas de firmamento y titilando suaves acordes que ondean al viento.

Entre laberintos de hiedra y flores de hermosos colores, habita un baúl de tronco de árbol. En su corteza se dibujan formas que cuentan historias y, su tapa es gruesa pero no pesa. Se abre con el cantar del alma y si el canto engaña, permanece cerrado y muy, muy callado.

Se deja acariciar con suavidad. Tiene cosquillas en sus costados y si le susurras bajito a alguno de sus múltiples agujeritos, se estremece y suavemente se mece.

Aunque ausente en el recuerdo humano, nunca se siente olvidado pues habita en Tierra de Sommia donde nada ocurre por azar y todo se entrelaza.

Cuando lo encontré andando en mi aventura del vivir, posé mi rodilla en reverencia y ante él canté la canción de mi sonrisa que suena a fresa y huele a verde que humedece y también levita. No había escuchado todavía mi canto, aún anidando en mi corazón y, antes de terminar, la tapa se abrió. Miles y les de monedas de oro, brillantes relucientes y ssonrientes se mostraron dichosos ante mí.

En cada moneda hay impreso un rostro que pertenece a hadas del bosque, sabios y sabias de los tiempos, enanos, sacerdotisas, artesanos y otros seres de la inmensidad. Junto a sus rostros se encuentra una frase escrita en lengua de duendes. Cada una de las monedas colma un sueño a realizas; cuando ha ha servido, desaparece en luna llena y se junta a cantar con otros  monedas de otras cuevas hasta la próxima luna negra donde dormirá por tres días enteros hasta volver a despertar en la siguiente luna llena, entonando nuevas canciones que contarán historias sin terminar, porque los cuentos son los sueños, son eternos.

El gran cofre siempre se encuentra lleno. Por más que saques una moneda, dos o cien a la vez, siempre está preñado y sólo se vacía cuando ya no hay sueños a realizar. Dicen las sabias y los antiguos que eso ocurrió hace mucho, mucho, mucho tiempo atrás, cuando el tiempo no existía y vivían en la Edad de la Ensoñación confundiendo verdad con falsedad.

Tengo mi moneda en la mano y un sueño a realizar. Después vendré a por otra cuando desee más. Hasta entonces creo y recreo belleza con mi don y talento al servicio de la comunidad.

Catorce de enero del dos mil quince

Sueño de soñadora

Soñaba en mi sueño de soñadora alguna cosa hermosa y luminosa que me hacía sentir feliz, completa, resplandeciente…, pero no la recuerdo. He sido expulsada de mi placer tan bruscamente por la alarma del despertador, que sólo me queda una vaga memoria de suave y tierna dicha.

El repentino espanto me ha abierto los ojos de inmediato y lo primero que he visto ha sido la esquina de mi habitación donde está situada la puerta. En ese instante de segundo y medio, la visión del habitáculo me ha situado en la realidad que he creado sólo para acomodarme al mundo de las formas donde cohabito con el tiempo, que es el factor que moldea y crea la ilusión de lo tangible, lo palpable y lo degradable. Me ha extrañado ver la puerta cerrada de mi habitación porqué nunca la cierro y, activando el modo “ruido” me he dicho que sería por alguna corriente de aire o por el perro o gato que no tengo ni ventana abierta alguna. Sin dar crédito a lo dicho, he parado el despertador para que no volviera a molestarme y, con la intención de regresar a mi sueño de soñadora, me he recostado y cerrado nuevamente los ojos.

En lugar de dormir, he pensado en cómo el cerebro entrelaza lo necesario para que el mundo material sea tal y como deseamos que sea en nuestro inconsciente atrapado por el morir. He sentido mi vejiga llena y he pensado que no debía esperar más para orinar. Al volver a abrir los ojos para levantarme, la puerta estaba entreabierta como siempre la dejo; entonces he sonreído sabiendo que mi mente ha rectificado el error creativo anterior. ¡Buen trabajo! .

Todo lo que sigue forma parte del día que hoy más o menos había proyectado con el programario libre que me permite dejar espacios-tiempo abiertos a la improvisación in situ.

Al terminar la jornada, vuelvo a mi cama y me digo satisfecha que voy avanzando en poner conciencia a lo que creo, a darle la forma que deseo y cuando quiero. Más o menos. Sigo en el empeño.