trance

Vivencia epistemológica

En el equipo de trabajo de la CECI (Cooperativa d’Educació i Coneixement Integral), habita el Cuidador de las palabras. Su nombre proviene de la dedicación al conocimiento conceptual y al cultivo de su aplicación. Cuando habla, las palabras danzan en su voz como bailarinas clásicas en el escenario del teatro de la vida. El tiempo parece ralentizarse en cada vocablo ayudando el entendimiento de lo que cuenta. Tiende a generalizar, olvidando comunicar que lo que expresa es su verdad, pero eso no le resta su condición de honrar las palabras.

En nuestra última reunión de trabajo, el Cuidador de las palabras expresó un vocablo concreto y preciso para describir su visión personal sobre el tema que nos ocupaba ese momento: contundente.

Sólo escuchar la imagen sonora de la palabra, mi mente se enfrentó por un instante a la encrucijada del pensamiento racional cuando no sabe por donde ir. ¿qué es contundente? ¿qué conozco yo como contundente? ¿qué conoce él de contundente?.  La mente se me detuvo y empecé a sentir una extraña calidez en el pecho que se expandía en mi.

Francisco Varela dice acerca de la definición del acto de conocimiento: “la cognición es la acción corporizada”.

Encontrar y compartir un mismo significado para la palabra contundente representó para mí el instante del llamado trance cognitivo que, siendo en sí un cambio de conciencia y ampliación de la misma, dejó de ser un proceso cognitivo lineal para entrar en el caos y en el inconsciente.

Podía haberse quedado allí, vagar por lo caótico y transitar por el inconsciente nada más, pero tras algunos minutos de integración, la palabra se fue acomodando en las entrañas, reconociendo escondites y jugueteando en las aguas profundas de las Cuevas del Tesoro Oculto, hasta que ocurrió el sin previsto: la vivencia epistemológica.

Raúl Terrén dice al respecto:

La vivencia epistémica es el momento donde se da el fenómeno de creatividad cognitiva, es decir el surgimiento de lo que luego llamaremos conocimiento (lo conocido), y que está surgiendo en ese momento. Cuando pasa a la conciencia lo llamamos conocimiento.

En realidad la conciencia solo actúa como un receptor de conocimientos. (…) El fenómeno del conocer, como acto de un ser vivo actuando en el mundo, se da como un proceso que se desarrolla entre el inconsciente vital, el inconsciente emocional y el inconsciente cognitivo en interacción. Cuando la persona está en receptividad máxima, hay una línea directa que se abre desde el inconsciente vital (como poseedor de toda la información onto-filo-cosmogénica), el inconsciente emocional (como gatillador de la acción), el inconsciente cognitivo (como procesador de la información que se intercambia en todo el organismo), y por último la vivencia epistémica como creadora del conocimiento (si sucede).

La vivencia epistémica seria el punto final de un proceso de elaboración de conocimiento, que funciona en el orden del “saber sin entender”, como yo creo que en realidad hacemos lo más importante de nuestra vida. El proceso decisorio no puede ser alcanzado por la conciencia”.

La vivencia epistémica que generó la palabra contundente me llevó a la imagen del hermano elefante, con su enorme cuerpo y sus pisadas contundentes. La naturaleza del elefante es contundente. Y vi mi mano derecha apoyándose en el suelo de la sala como una gran pata de la elefanta que soy, pisando firme en un suelo que vibra bajo mis pies. Y no es que quiera hacerme notar o ser más sonora que otros, es sólo una cuestión de dimensiones.

Me costó mucho tiempo entender porqué hay personas que se asustan en mi presencia, por qué otras se molestan por el espacio que ocupo, o se achican o quieren rivalizar en tamaño, o cuestionan mi condición… Sabía de cierto que no tengo el menor interés en resaltar. Fue un elaborado proceso  de reflexión que me calmaba pero no me saciaba. Ahora sé  que justo es por mi naturaleza elefante que no tengo necesidad de destacar. Sencillamente soy visible.

A veces, hay persones que trascienden mi apariencia y me encuentran en la mirada, el calor de las manos, la proximidad del abrazo y se hace la sonrisa. Entonces todo parece de nuevo cordial. Por eso me gusta tanto biodanzar, por eso me apasiona mi trabajo y mi dedicación.  Encontrarme con el otro sin el prejuicio de la palabra, sólo con el gesto y la presencia y comunicarnos des de la víscera y los instintos.

Ser una elefante me ha hecho sufrir mucho, sobre todo porque no estaba integrada en mí la presencia elefante hasta que el Cuidador de las palabras me regaló la vivencia epistemológica que me brinda la oportunidad de concretarme mejor, a la vez que me afina en el conocimiento de la vida, porque es a través de las vivencias integradoras que corroboro una y otra vez la grandeza de la creación. Ella ha elaborado un ecosistema tan diverso que todos los rincones de nuestra querida Gaia están habitados por seres de múltiples formas, colores, dimensiones, texturas, sabores, … que complementan el sagrado espectáculo de la vida.

Tortugas, hormigas, medusas, tiburones, ortigas, margaritas, halcones, buitres, lobos, gusanos, serpientes, búfalos, moscas, cocodrilos, monos, microbios, y así hasta donde el pensamiento requiere un descanso. Todos ellos conforman la vida que conocemos, la que nos nutre y nos sustenta, la que configura nuestra cuna y cobijo. Ninguna especie, raza, colonia, tribu, clan, existe porqué si. Todas y cada una de ellas, tienen su función en el mantenimiento de la homeostasis planetaria y cósmica. Nada existe por casualidad afirman la mística, la filosofía, la ecología, la antropología, la física, la matemática, la biología,… confirmando este acuerdo en sus múltiples visiones.

A pesar de todo el conocimiento adquirido y del tiempo transcurrido, seguimos pensando que nosotros somos superiores al otro. ¿qué nos hace diferentes de los demás habitantes planetarios en la vivencia de convivir? ¿por qué no mantenemos el equilibrio orgánico de la vida sin más complejidad? ¿qué distorsión ha ocasionado esta creencia absurda de superioridad respecto al hermano y hermana, sea cual se condición, raza y sexo? ¿qué nos ha hecho olvidar el origen de nuestra procedencia y el sentido de vivir? ¿cómo hemos sido capaces de seguir adelante sin pararnos a escuchar lo que cuenta la vida? ¿cuándo empezamos a familiarizarnos con la aberración hasta el punto de invitarla a comer en nuestras mesas y participar de nuestras fiestas? ¿cuándo dejamos de cantar y danzar celebrando el encuentro fraternal? ¿ cómo nos volvimos ciegos ante la presencia luminosa del prójimo? ¿ que nos ensordeció hasta dejarnos insensibles al dolor?

Ahora que me reconozco también como una mujer elefante que hace tiempo ha dejado el circo de la realidad en el que se exhiben las rarezas y se castigan las diferencias, honro mi naturaleza animal, la abrazo y la amo porque es lo que soy. Me cansé de parecer un ave, un ciervo, una tortuga. También ellas están en mi como arquetipos de vida, pero soy una mujer elefante. No es ostentación. Es mi naturaleza animal.

No requiero permiso para ser. Soy.